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Críticas de los estrenos del viernes 15

«Acto de valor», «Moonrise Kingdom», «5 días sin Nora» e «Hysteria» son algunos de los títulos destacados

Día 15/06/2012 - 12.19h
ABC

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«ACTO DE VALOR» **

OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE

No es un documental a pesar de que su impacto promocional asegure que se trata de héroes reales, tácticas reales y acción real. La película es algo así como una invitación al pasmo ante los Navy Seal, ese cuerpo de élite del ejército estadounidense tan preparados en lo uno como los del Circo del Sol en lo otro. Los Navy Seals son a la acción directa y a la guerra no convencional lo que los dientes de sierra a la navaja de Rambo, pero también son (y es lo que la película inmiscuye entre la pura acción) personas que tienen vida familiar, mujer embarazada, miedos y dudas, emocionantes puestas de sol, barbacoas y una cierta tendencia a vivir a cámara lenta muchos de sus actos, y una melosa voz en «off» que los persigue con una rara vocación poética. Y precisamente toda esa parte, la coreografiada, es lo que convierte en material peliculero todo eso que tiene tanto de acción real.

«Acto de valor» la han dirigido Mike McCoy y Scott Vaugh, que tal vez sean veteranos en otras lides pero no en las cinematográficas (su primer largo), y traman su narración en esa mezcla: lo humano y lo superhumano. La acción se traslada por el globo como usted por su salón y lo mismo ocurre en el Pacífico que en un río perdido de Suramérica, y hay excursiones, incursiones, operaciones de rescate y un despliegue táctico y militar que convierte a la película en un interesante y vistoso cine bélico, en el que no sobresalen las interpretaciones individuales (no hay actores, no hay matices) sino el plano general, el despliegue táctico, la impresión de letal eficacia. En fin, el cine siempre quiere «venderte» algo, y esta película vende unos valores, unos principios absolutamente claros, siempre que quieras comprarlos.

«MOONRISE KINGDOM» **

O. R. MARCHANTE

El universo de Wes Anderson es tan singular e identificable como la yema de un dedo, y sus películas huelen a Wes por dentro y por fuera: la familia, la infantilización o extravagancia de los adultos, el color, el tono, el toque «vintage», la música siempre, un humor sin chiste, el encuadre, el travelling, lo absurdo, el amor que no cuaja o, como en esta película, el primer amor... «Moonrise Kingdom» es una especie de elogio naïf al amor preadolescente, a la huida, al viaje hacia ese terreno por explorar de un joven explorador y de una chiquilla entre aventurera y desventurada. Su aventura blanca queda justo enfrente del mundo adulto, infinitamente más insensato que el de ellos. El reparto adulto es de nota (o sea, denota el potencial Anderson), con Bill Murray, Bruce Willis, Edward Norton, Harvey Keitel, Frances McDormand, Tilda Swinton..., apenas si tienen hueco en el ordenado plano de Wes Anderson. Que venga o no la emoción, y que venga o no la risa es también tan personal como la yema de un dedo.

«5 DÍAS SIN NORA» ***

O. R. MARCHANTE

La mexicana Mariana Chenillo se planta con una primera película rebosante de gracia, negrura, cinismo, emoción y revolucionaria idea del velatorio como enamoramiento. Nora se ha muerto, por fin y tras intentarlo docenas de veces, y su ex marido, José (gran Fernando Luján), gruñón y tocapelotas, tendrá que seguir el ritual que ella previamente ha dispuesto... Nora sería el revés del Mario de Delibes y las cinco horas se multiplican en días en el que el trabajadísimo guión de la propia Chenillo hurgará en la pareja, en el amor perdido, en las convenciones religiosas (el pulso entre el ritual judío, la sensatez, la tozudez y el humor negro forman una espuma que roza en ocasiones lo genial). La cámara sale poco de la situación, una casa, una mujer muerta, las diversas visitas y el velatorio, y cuando sale lo hace para dar unas pinceladas de pasado con uno suaves y engañoso «flashback» del gruñón José reconstruyendo su memoria de esa mujer a la que llegó a detestar. El fondo podría estar entre lo buñuelesco y lo berlanguiano, con unos personajes que entran y salen, la nuera, las nietas, el aprendiz de rabino, la chica de la casa que cocina con el alma y por supuesto el cuerpo presente de Nora con un capazo de hielo encima. Una de esas películas que llenan, pero también vacían un poco.

«HYSTERIA» **

J. CORTIJO

Simpático dilema al que se enfrenta esta película: tratar en tono distendido algo tan contraído como la popularización de la masturbación femenina en la Inglaterra decimonónica sin ahuyentar a un posible público señorón y respetable. Tanya Wexler, tras una década sin dirigir, opta por un modelo médico y extravagante versión light de «La locura del rey Jorge», con su componente social (la liberación de la mujer) y su reparto prestigioso (qué abuelita más encantadora será Maggie Gyllenhaal en 40 años), sin desdeñar gags previsibles como el orgasmo (o paroxismo) de vicetiple italiana. Lo mejor, un Rupert Everet, entre Pierre Nodoyuna, Tesla y George Michael, como insólito inventor del vibrador. Para más información, véase «Häxan», que este año cumple 90.

«ICEBERG» ***

ANTONIO WEINRICHTER

Si ya es un lugar común referirse a películas de adolescentes en problemas con alguna variación sobre rebelde-sin-causa (lo del guardián en el centeno da menos juego), ésta podría describirse como huérfanos sin contexto. Los cuatro protagonistas de «Iceberg» aparecen huérfanos de padres (los adultos en general salen aquí menos que en ciertas series animadas) y de vida social; al menos dos de ellos están escolarizados pero sólo vemos sus actividades extraescolares, que parecen indicar una profunda sensación de soledad existencial, sólo les falta leer «El lobo estepario».

Digo parece porque de lo que están huérfanos es de palabras: por un parti pris por otra parte legítimo del director Gabriel Velázquez, las escenas casi carecen de diálogos, mostrando sólo tiempos más bien muertos, el antes o después de ese momento pregnante en el que el verbo comenzaría a aclarar algo la cosa. Así se nos ahorra ese defecto estructural del cine español, los diálogos explicativos, pero a costa de pasarse al extremo opuesto: a cambio de hurtarnos el contexto en el que se desempeñan los personajes. Por emplear la metáfora que sugiere su propio título, la película sólo muestra la superficie externa del mundo representado. Sólo afloran las conductas cotidianas, minuciosamente observadas y registradas en imágenes prístinas y, como es habitual en este tipo de escritura, con un gran peso del diseño sonoro.

Sabemos, porque nos quedamos a ver los títulos finales no porque nadie lo verbalice, que la acción transcurre en Salamanca: estas acciones concretas entonces, ¿son un «case study» o un emblema de la anomia de la juventud salmantina? Sólo sabemos que cuando dos de estos huérfanos finalmente se encuentran el efecto tiene tanta fuerza, dentro de la (des)dramaturgia de la película, como el momento similar al final de «Moby Dick»; pero no, ay, cuál es la catástrofe -marina o, en este caso, fluvial- que los ha convertido en huérfanos.

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