Toledo

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El sambenito de la noche toledana

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Día 11/06/2012

Es verdad que existen instituciones que velan por el buen uso de la lengua y por la armonización de sus reglas (como la Real Academia Española de la Lengua con su Diccionario), pero lo más relevante es la práctica linguística, es decir, cómo la gente emplea el lenguaje. En Toledo hay una expresión que tiene que ver con un episodio histórico (que aparece mezclado con la leyenda) y que puede ser escuchada a lo largo y ancho de España. Nos referimos a la expresión de la noche toledana. La historia se remonta a una fiesta que organizó en los primeros años del siglo IX el por entonces gobernador de Tolaitola, Amrú, con el fin de agasajar a un invitado muy especial, el hijo de un califa y futuro Abderraman II, que iba de camino acompañado de un numeroso ejército.

El gobernador invitó a su residencia, ubicada en la zona de San Cristóbal, a los principales dirigentes y nobles de la ciudad. Según los confiados invitados iban llegando, a los nobles que tiempo atrás se habían caracterizado por encabezar la rebelión contra el antiguo gobernador —Yusuf, hijo del actual— se les iba separando del resto y se les conminaba a pasar a un lugar en el que, tras ser amordazados, se les cortaba la cabeza. Mientras la fiesta se desarrollaba con aparente normalidad, a los pies del resto de invitados se producía la masacre, un auténtico baño de sangre (unos hablan de 500 y otros de forma exagerada de 5.000) en la más absoluta clandestinidad.

Según cuenta la leyenda, las cabezas de los caballeros ajusticiados aparecieron expuestas al alba en las almenas del palacio. Parece ser que este «robespierre» alegó que eran conspiradores y enemigos del Islam, y que, además, habían tenido que ver con la muerte de su hijo, anterior gobernador de la ciudad. Este macabro episodio también es conocido como la leyenda de «la Jornada del foso» y según se cuenta, el horror de la tragedia se transmitió de padres a hijos provocando que los habitantes de Toledo se caracterizaran desde entonces por ser seres apáticos y temerosos de la venganza de los poderosos.

Historia y leyenda aparte, esta expresión es empleada con un significado negativo o peyorativo cuando alguien vive una noche difícil, como por ejemplo cuando no ha podido pegar ojo, por los ruidos de un vecino, por una digestión pesada, por el llanto de un bebé, por el trajín mental de las preocupaciones… pero sobre todo, porque es la más habitual, por el agobiante calor, algo que conocemos muy bien los toledanos. No es extraño que a lo largo del verano los informativos nacionales hablen de «noche toledana» cuando España sufre alguna de sus habituales olas de calor.

Recientemente el Ayuntamiento de Toledo ha celebrado dos noches toledanas los días 25 y 26 de mayo en el XXV aniversario de la declaración de Toledo como ciudad patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco (una declaración que fue aprobada el 26 de noviembre de 1986). La fecha señalada tiene que ver con el día en el que el rey Alfonso VI entra en la ciudad. Durante esas dos noches toledanas se organizaron muchísimos actos lúdico-culturales en la ciudad: teatros, recitales, performances, conciertos, etc. En ellos participaron muchos toledanos y visitantes (aunque el sábado televisaban una final futbolera) y la ciudad tuvo una de esas atmosferas especiales que se perciben, por ejemplo, en la víspera del Corpus.

Es obvio que la gallina de los huevos de oro de Toledo es el turismo. Hay que explotar con intensidad y con imaginación (acudiendo a nuevos medios) este sector, incentivando la creación de nuevos negocios. Resulta prácticamente innegable que el turismo de Castilla-La Mancha tiene su epicentro en Toledo. Creemos que sería muy positivo que se aprovechase esto en un contexto de crisis económica como es el actual. No sólo de damasquino y mazapán viven los turistas, pero también no sólo de turistas vive el toledano, de modo que la ciudad debería presentarse en su lado atractivo (para los de fuera) y amable (para los de dentro) los 365 días del año Por lo pronto, el histórico handicap es conseguir que los que nos visitan no se queden sólo en ver monumentos y museos y hagan noche en nuestra ciudad.

Y este es el problema. Toledo no ofrece demasiadas cosas atractivas que hagan pensar al turista que merece la pena dormir en Toledo. Pensemos una cosa: a causa de la crisis muchos toledanos, ay, no podrán irse de vacaciones, de modo que se verán obligados a tener no ya una noche, sino un verano toledano. Por otro lado, muchos visitantes, mirando el bolsillo, se lanzarán a realizar otro turismo alternativo, como ese al que se alude con el callejueleo o las visitas a localidades cercanas. ¿Qué quiere decir esto? Que sin tapujos debemos explotar más la noche toledana y quitarle ese sambenito negativo, no de su calor (que es imposible), pero sí de otro más grave: el del aburrimiento, el de una ciudad fantasma, el de no ofrecer nada atractivo a la gente.

Frente a esto hay que reivindicar la vida de las terrazas, las actividades culturales, el teatro, las tertulias, fiestas en los barrios, concursos, los mercadillos de segunda mano, cursos de verano, talleres literarios (como los que organiza Verbalina), la apertura de museos por las noches (con actuaciones), los conciertos callejeros, y sí, el ficticiamente denostado salir de copas. Se trata de conseguir unas noches toledanas que nos hagan perder la cabeza…por disfrutar en esta ciudad que no puede ser ni un museo, ni un centro histórico muerto, ni nada eso. También se trata de que los que vengan sepan que esta ciudad está viva y coleando. Que la paz es para los cementerios, como decía José Hierro, y aquí somos muchos los que estamos dispuestos a dar guerra y a afrontar la crisis y las noches toledanas con la brisa fresca del arte y la cultura.

El sambenito de la noche toledana
Santiago Sastre
El sambenito de la noche toledana
Rafael González Casero
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