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Gregory Winter y Richard Lerner, premios Príncipe de Asturias de investigación

Sus aportaciones han sido claves en el desarrollo de anticuerpos monoclonales, fármacos que han revolucionado el tratamiento del cáncer y otras enfermedades

Día 31/05/2012 - 12.11h
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Sus aportaciones han sido claves en el desarrollo de anticuerpos monoclonales, fármacos que han revolucionado el tratamiento del cáncer y otras enfermedades

Día 31/05/2012 - 12.11h
Gregory Winter y Richard Lerner, premios Príncipe de Asturias de investigación
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Richard Lerner y Gregory Winter, premios Príncipe de Asturias de Investigación

La candidatura conjunta del biólogo británico Gregory Winter y del patólogo estadounidense Richard A. Lerner se ha alzado con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica. Los trabajos de estos dos investigadores han permitido el desarrollo de una nueva generación de fármacos, los anticuerpos monoclonales, que han revolucionado el tratamiento de enfermedades tan graves como el cáncer, la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple o el alzhéimer.

Los anticuerpos monoclonales son algo así como una «bala mágica», un tipo de proteína producida en el laboratorio que va directamente, como un misil teledirigido, hacia organismos patógenos como las células tumorales. Hay muchas clases de anticuerpos monoclonales y cada uno se elabora para localizar y dirigirse hacia un patógeno. Se pueden usar solos o para transportar medicamentos, toxinas o materiales radiactivos directamente a un tumor.

«Humanizar» anticuerpos animales

Al principio esta idea era casi ciencia ficción, pero Greg Winter y Richard Lerner fueron los científicos que hicieron posible su desarrollo. Winter inventó técnicas para «humanizar» anticuerpos de origen animal y después para fabricar anticuerpos humanos para uso terapéutico. La «humanización» de los anticuerpos monoclonales derribó la última barrera que impedía su utilización como medicamentos. Lerner, por su parte, consiguió convertir anticuerpos en enzimas y permitir reacciones químicas consideradas imposibles entonces.

Gracias a los trabajos de estos dos investigadores, hoy se tienen medicamentos tan utilizados en la lucha contra el cáncer como el Herceptin o el Avastin.

La estrategia es similar a las simples gammaglobulinas con las que se trata la hepatitis A. Estas gammaglobulinas se obtienen de la sangre de personas infectadas para provocar una reacción en el sistema inmune y generar anticuerpos que luchen contra la enfermedad. En el caso del cáncer no era posible porque habría que inmunizar a un paciente con células cancerosas de otro enfermo para aislar después los anticuerpos de su sangre. Entonces la única posibilidad que quedaba era hacerlo con animales. el problema es que el sistema inmune humano (las defensas de cada individuo) reconocería como ajenos los anticuerpos animales y los destuiría. Por otro lado, había un riesgo de que las defensas no fueran selectivas y mataran más rápido que el propio cáncer. Tampoco era fácil su producción.

Otros científicos que consiguieron un premio Nobel en los años 80 por su trabajo en este campo hallaron la fórmula para producirlos en cantidades industriales a partir de células tumorales de hámster. Bastaba con inyectar al roedor cualquier molécula para que se comportara como un antígeno y diera lugar a cantidades de anticuerpos monoclonales. Se consiguió la «bala mágica», capaz de reconocer y destruir de forma selectiva células dañinas para el organismo.

En 1988, Sir Gregory Winter y su equipo de Cambridge logró humanizar los anticuerpos de ratón. Halló la fórmula con la que hoy numerosos laboratorios farmacéuticos en el mundo trabajan. Eliminó los genes de los roedores y los sustituyó por genes humanos. Esos ratones producían anticuerpos idénticos a los humanos.

Otros favoritos

La candidatura de Winter y Lerner ha superado otras candidaturas muy potentes como la del científico japonés Shinya Yamanaka, «padre» de la reprogramación celular o al físico italo-estadounidense Federico Capasso. La decisión ha sido del jurado, presidido por el físico Pedro Miguel Echenique, al término de la primera jornada de deliberaciones en torno a las 45 candidaturas procedentes de 19 países presentadas al galardón.

Al galardón optaban también, entre otras, las candidaturas de la genetista estadounidense Helen Hobbs; el oncólogo Charles L. Sawyers; el neurólogo canadiense Vladimir Hachinski y los ingenieros técnicos rusos Kiril N. Shikhaev y Victor A. Anokhin.

En los últimos años han sido distinguidos con este premio los neurólogos Joseph Altman, Arturo Álvarez-Buylla y Giacomo Rizzolatti, el pasado año; los neurobiólogos David Julius, Linda Watkins y Baruch Minke, los pioneros en el desarrollo de Internet Lawrence Roberts, Robert Kahn, Vinton Cerf y Tim Berners-Lee; la etóloga Jane Goodall; y el neurólogo Antonio Damasio, entre otros.

El premio está dotado con 50.000 euros, la escultura diseñada expresamente por Joan Miró para estos galardones, así como de un diploma y una insignia acreditativos.

Este es el cuarto galardón en fallarse de la presente edición de los premios que anualmente concede la Fundación Príncipe de Asturias, una vez concedidos los de Ciencias Sociales (Martha Nussbaum), Artes (Rafael Moneo) y Comunicación y Humanidades (Shigeru Miyamoto).

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