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Internacional / ANÁLISIS

La «nueva Europa» de Hollande asusta a Cameron y al gobierno irlandés

Preocupación en Londres y Dublín por los planes del nuevo presidente socialista de regular los mercados financieros, renegociar el «cheque británico» y modificar el pacto fiscal

Día 07/05/2012 - 14.57h

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François Hollande y David Cameron no se conocen. El primer ministro británico no quiso recibir al entonces candidato socialista durante su visita a Londres -la «sexta» ciudad de Francia, con casi 400.000 residentes franceses- en febrero. El laborista Tony Blair, en cambio, si recibió a Nicolas Sarkozy antes de su elección en 2007. Un desplante que no augura buena sintonía de dos políticos que representan los dos polos ideológicos en liza para sacar a Europa de la crisis. De todas formas, que no hayan estrechado las manos es lo de menos. «Hace falta más regulación en todas partes», aseguró el nuevo presidente galo durante aquella visita. Y los muros de la City temblaron, pensando que, con un socialista en el Elíseo, se haría realidad su escenario de pesadilla: un tsunami de legislación sobre el mercado financiero desde Bruselas.

El programa con el que Hollande ganó el domingo la segunda vuelta de las elecciones incluye propuestas que provocan sarpullidos en los conservadores británicos: subir el tipo máximo al 75% para rentas más altas, cuando Cameron acaba de bajarlo del 50 al 45%; llevar a término una directiva «que proteja a los servicios públicos», una expresión donde en Londres leen exención de los monopolios estatales franceses de las normas del mercado interior; revisar el pacto fiscal, vetado por Cameron pero santo grial de las políticas de austeridad que defiende con ahínco; instaurar una tasa sobre las transacciones financieras o «impuesto Robin Hood», una medida que tiene en el canciller George Osborne uno de sus más militantes detractores; y, finalmente, revisión del llamado cheque británico.

Revisión del cheque británico de Thatcher

Esto último podría suponer un grave problema para el primer ministro conservador, que se enfrenta a una fuerte presión de su partido de acentuar los rasgos tradicionales y antieuropeos tras el fuerte varapalo electoral que sufrieron en las elecciones municipales del pasado jueves. El cheque británico es una fórmula, arrancada por Margaret Thatcher a sus socios, que permite limitar la aportación presupuestaria del Reino Unido a las arcas comunitarias. Y su revisión alentaría aún más el genio euroescéptico en las filas conservadoras, un terreno minado para la supervivencia del matrimonio entre conservadores y sus muy europeístas socios liberales en el gobierno.

En febrero, la responsable de política europea de la campaña de Hollande, la eurodiputada Catherine Trautmann, confirmó que el cheque británico "formará parte del debate presupuestario en la UE".

El propio Cameron llamó el domingo por la noche a Hollande para felicitarle y transmitir su «impaciencia» por «trabajar estrechamente juntos y de construir una relación muy cercana, como la que ya existe entre Francia y el Reino Unido». Antes, el ministro de Finanzas George Osborne, intentó quitar hierro, durante una entrevista en la BBC, a esta amenaza ideológica que emerge al otro lado del canal de la Mancha. Pero las discrepancias de fondo parecen claras, a la espera de conocer cuánto del «candidato Hollande» tendrá el «Président Hollande».

Referéndum irlandés

El equipo del nuevo presidente galo ha mantenido también encuentros en Bruselas, Frankfurt y Dublín sobre una posible renegociación del pacto fiscal, el acuerdo de los miembros de la zona euro para marcar con hierro la reducción del déficit y las políticas de austeridad. Y el referéndum previsto en Irlanda el próximo 31 de mayo acelerará previsiblemente esta batalla. «En esta renegociación vamos a tener que mostrar una gran agilidad política», aseguraba recientemente Trautmann. «Los irlandeses tienen mucha experiencia, así que creo que podrán ayudarnos», añadía.

El gobierno irlandés, asustado por el avance del «no» que indican los últimos sondeos, asegura que los resultados en Francia no deberían alterar el rumbo de la consulta irlandesa. Pero los gobiernos de la zona euro, Bruselas y Francfort tiemblan ante la posibilidad de un nuevo escollo irlandés. Un miedo agravado por la inestabilidad parlamentaria en Grecia, mientras acechan los mercados.

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