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Clesa, el principio del fin de Nueva Rumasa

La compra de Clesa a Parmalat fue una auténtica «obsesión» de José María Ruiz-Mateos, pero su enorme endeudamiento fue crítico para el grupo empresarial

Día 17/04/2012 - 03.55h
Clesa, el principio del fin de Nueva Rumasa
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Clesa, el principio del fin de Nueva Rumasa

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Clesa es, además del último disgusto de los Ruiz-Mateos, una pieza fundamental en el hundimiento de Nueva Rumasa. Tal y como adelantó ABC, el juzgado mercantil número 6 de Madrid ha ordenado el embargo de 681 millones de euros contra el patriarca y sus hijos José María, Álvaro y Francisco Javier para cubrir el agujero patrimonial de la compañía. Esta empresa, que era propiedad de la italiana Parmalat fue una auténtica «obsesión» para José María Ruiz-Mateos, aseguran varios exdirectivos del grupo de la abeja. «Era una empresa estupenda, pero tenía un enorme pasivo y eso acabó arrastrando al grupo», sostiene un ex alto cargo del área de auditoría.

Corría el año 2004 y Nueva Rumasa estaba en plena expansión. Parmalat había sido intervenida por la justicia italiana y José María Ruiz-Mateos vio la oportunidad de hacerse con su división española. Enrico Bondi, el comisario extraordinario colocado por el juzgado para dirigir la multinacional, el equivalente a un administrador concursal en España, no respondía a las muchos mensajes de los Ruiz-Mateos. Tenía problemas mucho más acuciantes que su división española.

El clan de empresarios jerezanos recurrió hasta al entonces primer ministro Silvio Berlusconi, al que Álvaro Ruiz-Mateos, responsable del área internacional, le envió una carta, a la que ha tenido acceso ABC, para que les ayudara a “llegar a un acuerdo” para la compra de Clesa. También recibió una misiva similar Luiguia Ponti, la titular del juzgado en el que había recaído la quiebra de Parmalat.

Tras muchas insistencias a lo largo de varios años, José María Ruiz-Mateos vio cumplido su sueño de hacerse con Clesa, por la que pagó 188 millones de euros en mayo de 2007. Pero el auge de las marcas blancas comía terreno a pasos agigantados. La familia, que ya había hipotecado la fábrica de Clesa en Madrid, entró en ese mercado -también afectaba a Dhul-, “pero no funcionó, porque para ganar dinero haciendo marca blanca tienes que tener una fábrica enorme y muy eficiente, no varias más pequeñas y antiguas”, asegura a ABC una antigua colaboradora del área de cuentas de Nueva Rumasa. Además, la compra se realizó con cargo a la propia Clesa, que se endeudó hasta cotas extremas.

El pasivo de Clesa se descontroló y la empresa entró en concurso de acreedores -la antigua suspensión de pagos- en febrero de 2011, junto con la mayor parte de las firmas más relevantes del grupo empresarial. La administración judicial ha contabilizado deudas en Clesa por valor de 981,74 millones de euros, mientras que los activos sólo alcanzan 250,71 millones, de ahí que se haya decretado un embargo multimillonario contra los Ruiz-Mateos, quienes aseguran que no tienen tales cantidades.

La especialidad del crecimiento de Nueva Rumasa fue adquirir empresas sin contar con el capital suficiente, hipotecando inmediatamente los bienes de las compañías recién adquiridas. Construyeron un gigante con pies de barro. Clesa fue el máximo exponente.

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