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Una familia sacrifica a tres parientes en ofrendas a la Santa Muerte

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Cuatro menores participaron en el asesinato de dos niños de 10 años y una mujer

Día 06/04/2012 - 19.27h

Una familia del municipio de Nacozari, en el estado mexicano de Sonora, asesinó a tres de sus propios parientes en una ofrenda de sangre a la Santa Muerte. En los sacrificios habrían participado cuatro menores de edad.

La Fiscalía sonorense detuvo a ocho miembros de la familia Meraz, quienes entre diciembre de 2009 y marzo de 2012 habrían matado a dos niños de 10 años y a una mujer de 55 en el transcurso de rituales para pedir protección, salud y dinero a la conocida como "Niña Blanca".

Ernesto Munro, secretario de Seguridad Pública estatal, informó de que las autoridades tienen en custodia a tres niños, de 1, 2 y 5 años, quienes se presume habrían participado en el último crimen, donde fue degollado un chiquillo de 10 años. Bajo la tutela del Instituto de Tratamiento y Aplicación de Medidas para Adolescentes ha quedado una muchacha de 15 años, quien desde niña participaba en el culto a la Santa Muerte. Según Munro Palacio, la adolescente ve como algo normal la práctica religiosa de su familia.

La desaparición del menor Jesús Octavio Martínez Yáñez, el pasado 6 de marzo, puso a las autoridades tras la pista de esta macabra familia, que poco tendría que envidiar a los Sawyers de "La matanza de Texas". Al frente del clan figura Silvia Meraz Moreno, de 44 años, quien eligió como su primera víctima a su amiga Cleotilde Pacheco.

"Silvia Meraz declaró que ella estaba convencida de que al ofrecer sacrificios humanos a la Santa Muerte le traería beneficios tanto en lo económico como en la salud y le daría protección a la familia, por eso es que persuadió a los demás miembros para llevar a cabo estos ritos", declaró el portavoz estatal José Larrinaga Talamantes.

Los detenidos son los hijos de Silvia: Francisca Magdalena, Georgina Guadalupe y Silvia Yahaira, de 21, 20 y 15 años, y Ramón Omar Palacios Meraz, de 28. Además de Cipriano Meraz Aguayo, el abuelo, de 83 años, y de Eduardo Sánchez Urieta y su mujer, Zoyla Hada Santacruz Iriqui, quienes ofrecieron a un hijastro como sacrificio. Jesús Octavio, la última víctima, era hijastro de Martín Barrón Meraz, otro hijo de Silvia Meraz.

El culto a la Santa Muerte está muy difundido entre la delincuencia y la marginalidad mexicana. De origen sincrético, funde elementos prehispánicos con elementos cristianos, aunque la mayoría de las iglesias la rechazan y la condenan como satánica. La Iglesia Santa Católica Apostólica Tradicional Mex-USA, "guardiana" de este culto, no está reconocida oficialmente, pero sus actividades son toleradas y públicas.

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