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Los diez del Titanic

Día 19/10/2015 - 13.23h

Cuando embarcaron el 10 de abril de 1912 se sentían afortunados. ¿Cómo no serlo? Iban a viajar en el barco más grandioso jamás construido. Tres de aquellos españoles perecieron y siete lograron sobrevivir

Fermina Oliva (sobrevivió)

La fotografía se la hizo Fermina Oliva dos días antes de embarcar en el Titanic como sirvienta de Víctor Peñasco y María Josefa Pérez de Soto. En una entrevista a ABC en 1959, Fermina narra cómo estuvo a punto de quedarse fuera del bote 8: «Empecé a gritar, desesperada, y no tuvieron más remedio que llevarme. Me echaron como un saco de paja desde más de un metro de altura, cuando ya la barca bajaba. ¡Qué horrible fue!».

Emilio Pallás

Julián Padró, Emilio Pallás, Florentina Durán y Asunción Durán (sobrevivieron)

Julián y Emilio, dos pequeños hosteleros de Barcelona, deciden dejarlo todo y hacer las Américas para establecerse en Cuba con escala en Nueva York. Embarcan en el Titanic junto a Florentina, prometida de Julián, y la hermana de esta, Asunción. La noche del hundimiento, ellas logran montarse en el bote 12. A ellos no les dejan entrar, y saltan in extremis al bote 9. Emilio (en la imagen) se disloca una rodilla y pierde el conocimiento, pero sobrevive.

Víctor Peñasco y María Josefa Pérez

Víctor Peñasco (murió) y María Josefa Pérez (sobrevivió)

El viaje soñado dentro de una larguísima luna de miel se convirtió en tragedia. A Josefa sí le permitieron entrar junto a su sirvienta Fermina en el bote 8. No así a su marido, Víctor, cuyo cuerpo jamás fue encontrado. Ello le acarreó a Josefa un grave problema añadido. Según la legislación, sin la existencia de un cadáver no se puede confirmar el óbito y no es considerada legalmente como viuda, con lo cual no tiene derecho a heredar los bienes de su marido ni volver a casarse. Todo se solucionó gracias al vicecónsul en Canadá, quien le facilitó un certificado falso para que y pudiera rehacer su vida. Se volvió a casar años después.

Encarnación Reynaldo (sobrevivió)

La pasajera española de la que existe menos información es Encarnación Reynaldo. Sí se sabe que nació en 1881 en Marbella y que contrajo matrimonio en 1902. En un periodo inferior a una década tendrá tres hijos, uno de ellos fallecido a temprana edad, y se quedará viuda. Como consta en el censo de Inglaterra y Gales (imagen derecha), en 1911 es contratada como sirvienta por un matrimonio gibraltareño, con el que se trasladará a Londres. En abril de 1912 toma la decisión de desplazarse a Nueva York, no se conoce con certeza si con el objetivo de establecerse allí o para visitar a su hermana. Logra salvarse en el bote 9, en el que también viajan Julián Padró y Emilio Pallás.

Servando Oviés (murió)

Servando Oviés

Empresario textil de origen asturiano radicado en Cuba, Servando viaja constantemente a Europa en busca de contratos con proveedores. Siempre elige los mejores barcos, se aloja en primera clase y lleva consigo importantes cantidades de dinero. Su mujer no viajó con él en el Titanic porque estaba embarazada de su primer hijo. Servando falleció en la catástrofe. Oficialmente, su cuerpo reposa en el cementerio canadiense de «Mount Olivet», tras ser ser exhumado de una fosa común e identificado por un primo. Pero existen muchas dudas sobre si realmente se trata de él.

La última carta de Juan Monros

Hijo de unos emigrantes catalanes residentes en París, Juan Monros apenas puede creer la extraordinaria suerte que ha tenido. Ni siquiera es camarero y, gracias a la recomendación de un amigo, logra enrolarse con solo 20 años en la élite gastronómica de la época: nada menos que el restaurante a la carta del Titanic. El día antes de zarpar, el único tripulante español envía su última misiva. Es una postal dirigida a su madre: «Contéstame a Nueva York y yo también os daré noticias mías desde allí». Monros falleció en el Titanic.

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