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España / UNA HUELGA POCO GENERAL

El Gobierno gana el primer pulso a los sindicatos

El seguimiento de la huelga se apreció en la industria pero no en las calles y, de media, solo uno de cada cinco trabajadores secundó el paro

Día 03/04/2012

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El Gobierno de Mariano Rajoy se enfrentó ayer a su primer gran desafío, una huelga general antes de cumplir cien días de legislatura. Un paro que, más allá de alcanzar a la industria, tuvo escaso eco en el resto de sectores. La actividad más afectada, el motor. Las plantas de coches no llegaron a arrancar. Y después, la metalurgia, en la que el Gobierno tuvo que reconocer un «seguimiento medio-alto» de la movilización. En la administración, la sanidad y la enseñanza pública, el seguimiento del paro fue escaso y no alcanzó el 20%, según el Gobierno.

El pulso de un paro general también se toma en la calle. En los transportes, corazón de toda huelga, el cumplimiento de los servicios mínimos fue escrupuloso. En Madrid y Barcelona incluso se superaron los servicios pactados. El seguimiento en los comercios fue prácticamente nulo, con la excepción de la comunidad china, que ampliamente se unió a la reivindicación. Otra excepción fueron las universidades. En Madrid, los alumnos sumaron la huelga al inicio de las vacaciones de Semana Santa y las aulas se vaciaron. En suma, poco afán de huelga.

Incidentes en Cataluña

Por territorios, las comunidades con mayor seguimiento fueron País Vasco y Navarra, aunque los incidentes graves se registraron en Barcelona, donde grupos antisistema llegaron a quemar al menos un establecimiento, contenedores, y rompieron escaparates. De saldo, fueron detenidos 176 personas y 104 resultaron heridas, si bien fuera de Cataluña, sólo se produjo algún otro incidente destacable en Madrid, Bilbao, Pamplona, Cantabria, Vitoria, Albacete o Santiago. La tónica general fue la tranquilidad. De media, según los cálculos de este periódico, sólo el 20,7% de los trabajadores secundó la protesta.

Cada uno en su papel, y como ya es tradición, sindicatos, patronal y Gobierno proclamaron datos de éxito. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, definió la jornada como de «normalidad total» mientras la CEOE aseguró que «la inmensa mayoría de los trabajadores estaban en sus puestos». Los representantes de los trabajadores, por su parte, aseguraron que la huelga fue secundada por un 77%, 10 millones de empleados, un «éxito indiscutible». Y fijaron un nuevo plazo antes de acrecentar movilizaciones, el 1 de mayo, para recibir un «gesto» del Ejecutivo, esto es, una modificación de la reforma laboral, que no llegará. El Gobierno se encargó de dejar claro ayer que no habrá cambios.

«No habrá cambios»

Y es que si una huelga se mide por objetivos conseguidos, en ésta hay margen de error. El Gobierno de Mariano Rajoy tenía muy ensayada la respuesta. Esperaba la huelga desde que empezó a desarrollar el texto de la reforma. Contaba con ella desde antes de ganar las elecciones. Y si tenía previamente decidido que no movería ni una coma, el resultado de las elecciones andaluzas y el traspié en Bruselas a cuenta del déficit le forzaban a ello.

Un ministro lo reconocía así: «Podría haber sido una reforma más suave, pero una vez que se ha aprobado el Gobierno no tiene margen para tocarla. Si el Ejecutivo lo hace, perdería todo el crédito que ha ganado con los mercados y en Europa estas semanas». La ministra de Empleo, Fátima Báñez, que fue recibida en la Cámara entre los aplausos de sus compañeros, compareció ante la prensa con la lección bien aprendida desde Moncloa: «La agenda reformista del Gobierno es imparable, el Ejecutivo estará abierto al diálogo hasta la extenuación pero sólo para realizar mejoras, la parte troncal de la reforma no se cambiará».

Un miembro de Comisiones Obreras reconocía que los sindicatos convocaron la huelga «obligados por la agresividad con que el Gobierno había redactado la reforma laboral pero preocupados por el nivel de convocatoria».

Los sindicatos sabían que se arriesgaban a este resultado. Por eso, los líderes de ambas formaciones buscaron reflejarse una y otra vez en las manifestaciones, con otro balance sobre todo las de la tarde, nutridas con los convocados por un elevado número de asociaciones. Decenas de miles de personas salieron a la calle en las principales capitales de provincias españolas, en un seguimiento muy superior al de la huelga.

Más consumo eléctrico

Por algo, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría no dejaba de consultar ayer su móvil en el Congreso. Minuto a minuto, la «número 2» del Ejecutivo seguía la evolución del dato más fiable para calibrar el éxito o el fracaso de una huelga general: la caída del consumo eléctrico. La sonrisa le delataba. El dato era mejor que el registrado en paros anteriores. Prácticamente igual que en la última huelga contra Rodríguez Zapatero en septiembre de 2010 y muy inferior al de reivindicaciones pasadas. La huelga de ayer registraba de media un 5% más de consumo que el paro general de junio de 2002 —por el «decretazo» de José María Aznar—, y un 15% más que las huelgas de los noventa, en la era de las reformas de Felipe González.

Si una huelga se mide por seguimiento, el dato no deja margen para la confusión. Los datos atestiguan lo que los líderes de las centrales sindicales temían: fuera de sus fieles, sus convocatorias no obtienen mayor respaldo.

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