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El artista que jugó con Di Stéfano

Una obra de arte en un pasillo de la estación de Canillejas guarda la vida de un artista que antes de dedicarse por completo al hormigón y las vidrieras jugó en la alineación de oro del Real Madrid

Día 02/04/2012 - 18.12h

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En la salida a la calle de Alcalá (pares) de la estación de metro de Canillejas hay una pared de casi cuatro metros de largo por dos de alto cubierta por un mural de cerámica. Son figuras salvajes, con fuerza, abstractas. Esa obra tiene muchos significados, pero sobre todo encierra la historia de su creador: Ángel Atienza Landeta, defensa de la alineación dorada del Real Madrid. Un viejo compañero de Di Stefano que prefirió colgar los tacos para hacer arte.

Una chica pregunta al empleado de Información de la estación de Canillejas si conoce algo sobre la obra al final del pasillo. «¿Qué obra?», pregunta al tiempo que se gira en la dirección que apunta ella. «Sinceramente, no tengo ni idea», dice el hombre, con pendiente en la oreja derecha. «Mira, allí sale una firma, por lo menos», se excusa. La chica apunta: A. Atienza y (en otra línea) Santibañez.

La obra (sin nombre conocido) pertenece a los 14 murales que le encargaron al madrileño Ángel Atienza a mediados de los años 70 para el Metro de Madrid. Eso recuerda su esposa, Mari Carmen Atienza, que lo conoció en Madrid el año 1971. «Para el Metro hizo entre 10 y 15 murales—siempre trabajaba obras grandes—. Hizo esto en un año, si mal no recuerdo, entre el 74 y 75. Eran para las estaciones que estaban haciendo nuevas para esa época», rememora la esposa de 59 años, su portavoz oficial desde que el artista enfermó.

La firma de Atienza en estos murales está acompañada por la de Eladio G. Santibañez, con quien colaboró para el proyecto. No se trató de su primer gran trabajo: desde 1958 había realizado obras como las vidrieras de España en la Feria Internacional de Nueva York de 1964, o las del Aeropuerto Internacional de Barajas. También murales, esculturas en hierro forjado y cuadros de cerámica en la Basílica María Auxiliadora de Madrid.

¿Fútbol o arte?

El artista que jugó con Di Stéfano
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La foto oficial de jugador en el Real Madrid

Atienza estudió en la Escuela de Artes y Oficio de Santiago de Compostela. Su esposa dice que él pintaba desde pequeño, pero pospuso su misión artística para defender… al Real Madrid. «¿Cómo un artista llega a jugar al fútbol? Porque los artistas dan para todo. Así son», dice su esposa entre risas y recuerda el caso del escultor Eduardo Chillida como portero de la Real Sociedad.

Pero Atienza no sólo jugó al fútbol, sino que lo hizo en la primera alineación de Oro del Real Madrid. Defendió la meta blanca entre 1954 y 1959 y compartió terreno con su hermano Adolfo, delantero, y con una de las figuras míticas del madridismo: Alfredo Di Stéfano.

El defensa —en su primera temporada estuvo de centrocampista— logró durante esos cinco años con el Real Madrid levantar cuatro Copas de Europa (1956 al 1959), una pequeña Copa del Mundo (1956), dos copas latinas (1955, 1957) y tres copas de liga (1955, 1957, 1958).

Un récord del que pocos pueden presumir. Pero Atienza empezó a querer presumir de otra cosa, del arte. «Ya en el año 1958 empezó con el arte aplicado en la arquitectura y digamos que en esa época no se les permitía a los jugadores dedicarse a otras cosas. El Club le dijo que escogiera y él se fue», apunta Mari Carmen. Renunció al club merengue con 28 años porque le apasionaba más crear. «Dejó el fútbol profesional, sólo el profesional, porque el deporte nunca lo dejó. Jugó fútbol amateur», recalca.

De Madrid a Caracas

El artista que jugó con Di Stéfano
Imagen de la página de Facebook del artista

«La obra de un artista siempre va cambiando», dice Mari Carmen. Atienza no sólo decidió cambiar su obra sino su lugar de creación. El taller en Boadilla del Monte en Madrid lo remplazó por uno a las afueras de Caracas, Venezuela, específicamente en Guarenas. Llegó al país caribeño por contactos previos en Madrid con arquitectos venezolanos. Fue a Caracas sólo por una obra. «Luego le dieron, otra… y otra. Al final nos quedamos por 25 años», recuerda entre risas Mari Carmen. Ella y su esposo tuvieron una hija, Dacha, bióloga marina: «Le guardo mucho cariño a Venezuela, mi hija es venezolana».

«Fue su etapa de más esplendor y más creativa. Él ya tenía muchísima experiencia y combinado con esa libertad que le ofrecieron allá pudo ser más experimental», considera la esposa de Atienza. Durante su estancia en Venezuela se encargó, entre otras cosas, de hacer las vidrieras del Aeropuerto Nacional de Maiquetía, esculturas descendentes de vidrio, vitrales y puertas en hierro forjado del Museo de Dios en Maracaibo, así como murales en el Hotel Meliá de Puerto La Cruz y Caraballeda. El artista, nacido en Cuatro Caminos en 1931, probó a mezclar materiales. Por esto sus obras varían entre el bronce, el aluminio, la madera, el hormigón, la cerámica y claro, el vidrio.

Para Mari Carmen, la obra de su esposo empezó a variar por influencia de su nuevo hogar. «Su obra cambió por la vegetación de Venezuela, le impactó y empezó a aparecer mucho el color verde en su obra», dice mientras recuerda que su piso estaba en la localidad de Altamira, «frente al Ávila, esa verde montaña».

Tiene predilección por las obras de grandes dimensiones y por ello la creación a la que le guarda más cariño es al proyecto del Santuario Nacional Nuestra Señora de Coromoto. Se encargó de crear toda la decoración de exteriores, interiores, vidrieras, balaustradas y estructuras en hierro forjado de este santuario localizado en el llano venezolano.

«Su obra lo refleja, indudablemente. Tenían un potencial muy grande y su trabajo siempre impresiona. ¿De carácter? Todos los genios tienen su genio. Tiene una personalidad muy fuerte, y su obra grande tiene fuerza», dice Mari Carmen.

Barcelona: el retiro

«Ángel no pensaba en volver a España, no lo hubiese hecho de no ser por la inseguridad», comenta Mari Carmen. Decidieron volver a la península después de ser víctimas de asaltos en Venezuela y de que una bala le destrozara el fémur al artista. El destino fue la ciudad de Barcelona, donde su hija decidió hacer un postgrado.

«Él nunca quiso regresar a Madrid ni a España, porque decía que no se puede regresar a vivir después de tanto tiempo fuera al sitio donde creciste, porque todo iba a estar cambiado. Sin la misma gente, ni los edificios y él tampoco iba a estar igual» apunta la esposa del artista.

Llegaron a Barcelona en el año 2001. Atienza empezó a sufrir de Alzheimer, dejó los grandes proyectos y los cambió por la pintura. «Para hacer vidrieras y murales aparte de artista hay que ser burro de carga, y él ya no podía», explica.

Restauró desde Barcelona las vidrieras del Círculo de Bellas Artes de Madrid con la colaboración de Talleres Cervi, y pintó hasta 2010. «Ya está en la etapa final de la enfermedad. Un final sin fecha, porque puede que muera hoy o en un año. No sabemos. Es el caso de muchos artistas, le pasó lo mismo a Chillida. ¿Qué se le puede hacer? Así es la vida», suspira Mari Carmen.

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