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Cuando el tiempo salva vidas

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En 2011, 291 personas fueron transplantadas en los hospitales gallegos. Desde que aparece un donante hasta que su órgano es implantado transcurren menos de 5 horas, aunque donador y receptor estén a más de mil kilómetros

Día 06/03/2012

Hace treinta años que se realizó el primer transplante de órganos en Galicia. Desde entonces, cerca de 5.500 personas han salvado la vida gracias a una técnica quirúrgica en la que el tiempo es un factor determinante. La clave, según explicó a este medio el coordinador del Transplantes del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS), Alfonso Mariño, está en evitar que el órgano sufra una isquemia, es decir, una carencia de oxígeno que conllevaría la pérdida del miembro. El protocolo de actuación desarrollado permite que entre la extracción del órgano y su implantación en un nuevo cuerpo transcurran, como máximo, cinco horas.

En el caso de los conocidos como códigos cero —pacientes que encabezan las listas de espera y cuya posibilidad de supervivencia no va más allá de los cuatro días desde que ingresan en ellas— la entrada a quirófano se convierte en una carrera contrarreloj. «Desde que la Agencia Nacional de Trasplantes localiza un donante en un hospital del territorio nacional —pongamos como ejemplo Sevilla— hasta que comienza la intervención para realizar el implante, no pasan más de cinco ó seis horas», explica Mariño. Los órganos viajan en aviones no comerciales y en unas neveras donde se mantienen a cuatro grados bajo cero. A menudo, están custodiados por un equipo de profesionales compuesto por dos doctores y dos enfermeros.

Entre tanto, en el centro de destino el equipo médico prepara al futuro receptor. «El paciente tiene que estar localizable y trasladarse de inmediato al hospital para que le hagamos un estudio preoperatorio. Eso nos lleva un par de horas, que es el tiempo que se tarda en realizar la extracción», detalla Mariño. La compatibilidad dependerá de que donador y receptor compartan grupo sanguíneo y otros parámetros elementales como el peso, la talla y los perímetros abdominales.

Negativas familiares

En 2011 se llevaron a cabo en Galicia 291 transplantes; más de la mitad (146) fueron de riñón. En el caso del CHUS, la media anual de implantes ronda los 60 anuales, entre hígado, riñón y páncreas. «Los datos son buenos —valora el coordinador del Clínico— aunque siempre hay que verlos de forma relativa porque nos gustaría que fuesen más, siempre a costa de reducir las negativas familiares». La estadística anual revela que dos de cada diez familias deciden no donar los órganos de seres queridos.

En el otro lado de la moneda se encuentran los conocidos como donantes en vivo, que deciden compartir un riñón o un segmento de su hígado con otra persona. El porcentaje de este tipo de intervenciones en el caso gallego ronda el 15 por ciento, un dato que iguala la media nacional pero que sigue siendo bajo con respecto a los alcanzados en otros lugares, como Reino Unido o los países Nórdicos. Acerca de este tipo de cirugías, el doctor Mariño deja claro que cuando hay una donación en vivo siempre se realizan unos controles muy exhaustivos, aunque el riesgo posterior a la operación, como los sangrados o las infecciones, siempre existen.

[Donaciones en vivo

En este sentido, algunos expertos apuntan que aquellos que donan un órgano en vivo tienen una mayor esperanza de vida porque son sometidos a exámenes periódicos que permiten atajar con celeridad cualquier problema médico. Además, y según determina la normativa vigente, es necesario que la donación en vivo se produzca de una manera libre y desinteresada, sin ánimo de lucro, y que la extracción «sea compatible con la vida, de tal forma que el donante pueda seguir disfrutando de una existencia normal».

El número de personas inscritas en las listas de espera de la Comunidad ronda las 80 personas por órgano. En concreto, y a comienzos de este año, eran 417 los pacientes que permanecían a espera de una llamada en Galicia. La edad media de los donantes cadáveres está en torno a los 60 años, siendo los accidentes cerebro vasculares la principal causa de muerte en un 71,2 por ciento de los casos.

Una vez realizada la operación, el índice de supervivencia delos pacientes alcanza el 70 por ciento en los cinco años posteriores a la recepción del órgano. Los problemas de compatibilidad con el nuevo organismo, una de las principales dificultades de este tipo de cirugías, se combaten, cada día, con más garantías. «Con los fármacos inmunosupresores que cada poco salen al mercado, la calidad de vida de los transplantados mejora sustancialmente», apunta el doctor Mariño. Y es que en materia de donación de órganos, las cifras son contundentes y los titulares, esperanzadores: «Los transplantes cardíacos salvan en España cuatro de cada cinco muertes seguras», daba a conocer la ANT hace tan solo unos días.

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