Córdoba

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Desempleados al límite

La falta de ofertas laborales está llevando a muchos parados a aferrarse a cualquier empleo para subsistir

Día 03/03/2012

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La puerta de la oficina del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) de Colón no para en su vaivén frenético de entradas y salidas. En el interior del local, los asientos se desocupan al compás de los indicadores electrónicos que marcan los turnos. Y de pie, algunos buscan su oportunidad en los tablones de cursos y talleres. La esperanza es lo último que se pierde, pero, para muchos, hasta ella está en paro.

Así opina Rafael Moreno, un joven de 34 años que desde hace cuatro engrosa las listas del SAE, aunque lo hace «de cuando en cuando, porque en este tiempo he logrado subsistir con algún que otro trabajillo», dice.

Este licenciado en Publicidad vive de alquiler con otros dos compañeros «y muchos meses me las veo y me las deseo para poder pagar. La cosa está fatal y la verdad es que uno se desespera. Creo que todas las empresas de Córdoba tienen ya mi currículum y estoy apuntado a decenas de portales de empleo», se lamenta.

En una situación algo más desahogada se encuentra Mari Ángeles Bueno, una chica de 28 años con discapacidad que lleva un año desempleada. «Soy auxiliar administrativo y también he hecho cursos de peluquería. Mi último trabajo fue de reponedora en Carrefour», relata.

Esta joven vive con su madre y sus hermanos «que, gracias a Dios, tienen un empleo», y vaticina que «seguiré con ellos bastante tiempo porque no hay nada de nada, sólo prácticas que cuestan dinero».

Lo que salga

Adriana, una venezolana de 39 años que lleva 13 en Córdoba, también se muestra pesimista. Es educadora y lleva sin trabajo desde el año pasado. «Lo único que he podido hacer en este tiempo ha sido apuntarme a cursos y coger empleos por horas de todo tipo. He cuidado ancianos, limpiado casas... Lo que me ha ido saliendo», afirma.

Tiene tres hijas a las que puede mantener «con lo que voy sacando y el sueldo de mi marido que, de momento, está trabajando».

Sobre la situación actual ironiza Antonio Cerezo, obrero damnificado por la explosión de la burbuja inmobiliaria, que lleva dos años esperando volver a la construcción. Su mujer trabaja en una guardería, «pero gana muy poco dinero y nos cuesta mucho llegar a fin de mes. Yo hago algunas chapuzas e intento darme a conocer a través de clientes por el boca a boca, pero no hay trabajo», afirma, y añade que «me conformo con poder pagar la hipoteca y tener para comer. Ojalá que la crisis no dure mucho más».

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