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Las últimas 24 horas de Eufemio

El lunes compareció ante los periodistas para mostrar que su corazón mecánico le podía permitir una vida normal. Ayer de madrugada, solo un día después, falleció

Día 22/02/2012

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En apenas 24 horas pasó de la luz cegadora de los «flashes» a la más absoluta oscuridad. Eufemio García, el primer paciente de Cataluña al que le implantaron un corazón artificial de larga duración, falleció ayer, el mismo día en que su vida quedaba inmortalizada en los periódicos tras presentarse su caso públicamente como un gran avance en el campo de la medicina cardíaca.

Su mujer, que el lunes le acompañaba en su debut mediático, lo encontró a las ocho de la mañana de ayer martes recostado en el sofá, sin pulso. Ni su familia ni los médicos del hospital de Bellvitge de Barcelona, que le operaron y le han acompañado en estos cuatro meses de transición desde que le implantaron el dispositivo de asistencia ventricular, se han sobrepuesto todavía a la noticia. ¿Falló el aparato o su cansado corazón, simplemente, abandonó? La respuesta la dará la autopsia forense, cuyo resultado podría conocerse hoy. Hasta ese momento, los cirujanos que el lunes sacaban pecho con su caso prefieren no pronunciarse. Quienes le acompañaron en sus últimas horas aseguran que este expolicía local de 57 años, que vivía en Castellar del Vallès (Barcelona), estaba «pletórico» y un poco nervioso por comparecer ante los medios de comunicación, algo a lo que no estaba acostumbrado, pero que «en ningún momento percibió algún síntoma de alarma».

«Estuvo horas custodiado por el mejor equipo médico y nadie notó nada», indicaron a ABC fuentes próximas al centro sanitario. Su delicada salud hizo que descartaran el trasplante como primera opción —era hipertenso, padeció un cáncer y una dolencia sistémica— y podría tener alguna relación con su súbita muerte, aunque sigue siendo una hipótesis. Eufemio llegó el lunes al hospital de Bellvitge media hora antes de la rueda de prensa acompañado de su esposa y se reunió con el equipo de médicos que le intervinieron, con los que después de tanto tiempo había entablado ya una relación personal. «Estaba muy contento», precisaron las citadas fuentes. Después, asistió a la presentación ante los medios y cuando esta finalizó se marchó a Castellar como si fuera un día más de visita a su hospital de referencia. Fuentes de Bellvitge indicaron que, desde que le implantaron el dispositivo, Eufemio acudía al centro una vez por semana, aunque en esta no pudo llegar al chequeo.

«Venía solo y en tren»

«Se sentía muy bien porque podía ir a las revisiones solo y en transporte público, sin necesidad de que le acompañara su esposa o algún familiar», indicaron los citados portavoces hospitalarios. Su euforia podía intuirse el lunes cuando explicó ante los micrófonos lo satisfecho que estaba por «poder hacer vida normal». Algo tan básico como dormir en una cama era inaccesible para este infortunado paciente, que, según explicó, resistió hasta cinco meses durmiendo de pie o semirecostado en una butaca.

Pese a todo, Eufemio, que dejó de trabajar hace 14 años por su delicada salud, mantenía la esperanza del trasplante algún día, esperanza que ayer se desvaneció con un inesperado final. «No me gustaría estar siempre enganchado a una máquina, espero algún día recibir un corazón». Fueron sus últimas palabras, las que hoy inmortalizan los medios, las que golpean aún con fuerza a los suyos, que ayer tuvieron que sobreponerse a la tragedia de la muerte del ser querido mientras aparece su rostro esperanzado en periódicos y televisiones.

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