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Madrid / CHAMARTÍN

Un Beethoven nazi y un Muro de Berlín de los 60

Día 03/04/2012 - 09.01h
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El Parque de Berlín acoge tres fragmentos del Muro de Berlín, entre otros iconos de la cultura alemana. Sin embargo, muchos viandantes desconocen los datos que rodean su historia

La película «Goodbye Lenin!», de Wolfgang Becker, cuenta la historia de una mujer de ideas comunistas que entra en coma pocos días antes de que caiga el Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989. Meses más tarde, despierta, sin saber que su amada Alemania Oriental ha sido reemplazada por una Alemania unificada y capitalista. Su hijo Álex se dedica entonces a convertir la casa familiar en una burbuja anclada en el pasado –como si de un museo soviético se tratase– para hacer creer a su madre que nada ha cambiado. Lo que ella no sabía es que parte de lo que fue bautizado como telón de acero estaba a algo más de 2.000 kilómetros: en Madrid.

Fue el Parque de Berlín quien adoptó a un muro huérfano de padre y madre –la Alemania Oriental y la Occidental– un año después de su caída. Desde el año 90, tres fragmentos rodeados, paradójicamente, por una barrera acuática sobreviven al paso del tiempo, aunque no siempre al de la memoria. Muchas de las personas que pasean cada día por el parque han olvidado la mayoría de datos que rodean la historia del muro. Es el caso de Vicente e Isabel, que acuden al berlinés lugar junto a su nieto. Isabel es la primera en aceptar someterse al cuestionario:

– ¿Sabe cuándo cayó el muro?

– En el año 60, más o menos

Y Vicente acude a socorrer a su esposa:

– Si da igual cuándo cayó, mira cómo lo tienen, to «pintao»; los gamberros se han metido hasta en la fuente para pintarlo

Vicente no es el único que desconoce que son pintadas «históricas», las expresiones originarias de aquellos que estaban a un lado y a otro del muro. Un empleado municipal se empeñó en aquel año 90 en limpiar las pintadas calificándolas de «guarrerías» antes de que José María Álvarez del Manzano, el alcalde de Madrid, llegara para inaugurar el monumento. Por suerte, no consiguió su propósito, aunque muchos sí han «limpiado» su memoria.

Antes de la llegada del Muro, el parque ya existía. Fue inaugurado en 1967 por Willy Brandt, periodista, político y alcalde de Berlín hasta hacía un año. Su nombre real era Herbert Karl Frahm, aunque adoptó Willy Brandt como nombre de guerra tras ser víctima de la persecución del régimen nazi. Aunque formó parte de las Juventudes Socialistas y del Partido de Trabajadores Socialistas de Alemania, su ideología viró y se hizo más «centrista».

El parque cuenta con cinco hectáreas y está amurallado por las calles San Ernesto, Marcenado, avenida de Ramón y Cajal y Doctor Marco Corera, todas ellas pertenecientes al Barrio Ciudad Jardín, del distrito Chamartín. Sin embargo, hay otros iconos de la cultura alemana. Uno de ellos es el busto dedicado a Beethoven. Los viandantes rodean y observan la cabeza del compositor, pero muchos son incapaces de nombrar dos obras compuestas por el alemán. Agustín pertenece a este grupo. Es policía y pasea en coche por el parque vigilando, sobre todo, «los restos del Muro de Berlín». «Cite dos obras», le digo. Él duda, y finalmente responde: «La Novena Sinfonía y el Himno de la Alegría». Lo que este policía desconoce es que ambas composiciones son la misma sólo que con distinto nombre.

Patricia es de Paraguay, tiene 36 años y llegó a España hace unos meses. Es lo que alega cuando le pregunto por la ex barrera berlinesa. Desconoce de qué se trata. Pruebo suerte con Beethoven:

– ¿Y Beethoven? ¿Qué sabe de él?

– No lo conozco

– Su nombre completo es Ludwig van Beethoven, era alemán… ¿A qué te suena?

– ¿Nazi?

Otro de los monumentos que muchos peatones desconocen es el de Álvaro Iglesias. Algunos piensan que fue poeta, músico o político. Pero de 15 encuestados, nadie acierta a adivinar quién es. Nadie excepto Don Emilio. Me pide que le llame así, y contesta a la pregunta con la que ganará el quesito:

– Era un chico que murió en un incendio salvando gente en el año 82.

Y así fue. Con 20 años, Álvaro salvó a tres personas en el número 7 de la calle Carranza. Murió intentando salvar a la cuarta. Los años y la falta de una placa explicativa han provocado que casi nadie recuerde la hazaña. Otros, como un tal H. Alonso, han dejado su adolescente marca en el busto bajo la fórmula «H+N+H= Best friends».

El recorrido del parque a través de los monumentos acaba en un oso que representa Berlín. Está situado frente a la fuente que contiene el relicario comunista, y muchos lo confunden con el oso madrileño. Y es que tanto en el escudo berlinés como en el madrileño aparece un oso erguido.

Aunque se desconocen las causas, el hermanamiento animal de las dos ciudades queda descartado teniendo en cuenta que quien inauguró el parque en aquella segunda etapa del franquismo, Willy Brandt, fue alcalde del Berlín Occidental y anticomunista y dos años más tarde, Canciller de una Alemania todavía dividida. Dividida y esparcida. Como si de los 155 kilómetros de tensión física y Guerra Fría sólo quedasen escombros que han recogido diferentes ciudades del mundo. Una de ellas, Madrid.

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