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Cuatro meses en el limbo del terror

España despliega una compleja operación de ingeniería diplomática para que se libere a los cooperantes retenidos en algún lugar de Somalia y del norte de Malí

Día 12/02/2012 - 20.24h
Cuatro meses en el limbo del terror
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Un hombre es trasladado por varios terroristas hasta los confines del desierto saheliano, donde tienen secuestrados desde hace semanas a un grupo de tres cooperantes españoles. El visitante aparece en el lugar con los ojos vendados. Es un mauritano de nacionalidad pero con pasaporte de Burkina Fasso. Un políglota que sabe moverse bien por esos pedregales inmundos. Le obligan a llegar al lugar a ciegas para tratar de evitar que reconozca el enclave exacto del norte de Malí en el que Al Qaida del Magreb Islámico (AQMI) retiene a Alicia Gámez, Roque Pascual y Albert Vilalta, a los que entrega algunas medicinas y efectos personales. Al rato se retira llevando de vuelta a las autoridades españolas una prueba de vida para que los contactos con los «yihadistas» puedan seguir adelante.

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No es la primera vez que Mustafa Uld Limam Chafi es elegido por la franquicia de Bin Laden como negociador para hacer caja con la vida de ciudadanos occidentales. España, en contra del criterio de otros países como Estados Unidos o Gran Bretaña, acepta las reglas del macabro juego y afronta de esta forma por vez primera el secuestro de tres de sus ciudadanos por Al Qaida en África. Tras ese primer viaje al infierno del cautiverio, Chafi se ve cara a cara varias veces con el jefe de la célula terrorista, Mojtar Belmojtar. El negociador es un malo necesario, según los espías del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) que se dedicaron al asunto sobre el terreno. Para los tres cooperantes, Chafi es el que les abrió la puerta a una segunda vida.

Canje por el secuestrador

Gámez, Vilalta y Pascual fueron capturados el 29 de noviembre de 2009 cuando viajaban por Mauritania en una caravana solidaria de la ONG Barcelona Acció Solidària. Ella fue liberada en marzo de 2010. Ellos estuvieron en manos de los terroristas hasta bien avanzado agosto. Casi nueve meses en total. De la cantidad pagada nada se sabe a nivel oficial. Sí se conoce que, además del dinero, el hombre que los capturó y que los transfirió a Al Qaida, un traficante llamado Omar Saharaui, fue liberado tras una pantomima disfrazada de juicio en Nuakchot y llegó a coincidir con Pascual y Vilalta el día que los soltaron.

Todas las previsiones se han cumplido y los secuestros han seguido teniendo como escenario esa misma región donde las fronteras no son mucho más que líneas trazadas en los mapas. España sabía que por muchas precauciones que tomara podría volver a tener que diseñar una célula de crisis similar a la de los tres catalanes. Y así fue. El pasado 13 de octubre eran secuestradas Blanca Thiebaut y Montserrat Serra, dos trabajadoras de Médicos Sin Fronteras (MSF). Ocurrió en el campo de Ifo, en Dadaab (Kenia), la mayor concentración de refugiados del mundo con casi millón y medio de personas acogidas. Pocos días después, en la noche del 22 de octubre, eran secuestrados a tiros de su residencia en un edificio del Frente Polisario en Tinduf (Argelia) los cooperantes españoles Enric Gonyalons, de la ONG vasca Mundubat, y Ainhoa Fernández del Rincón, de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Extremadura, junto a la también trabajadora humanitaria italiana Rossella Urru.

Ninguno de los dos secuestros ha sido cometido por AQMI, que suele reivindicar sus acciones. Los captores, y en esto sí que han actuado como AQMI, enviaron un vídeo (imagen de arriba) en forma de prueba de vida en el que aparecen los tres rehenes de Tinduf. España aplica sin embargo un plan similar al desplegado con los catalanes. Para ello se ha abierto la vía de la investigación y la negociación, en la que, de manera más o menos directa, participan también autoridades italianas, saharauis y de otros países de la región como Argelia, Malí o Mauritania. El nuevo Gobierno del PP ha heredado la máxima discreción adoptada por su predecesor. Lo hacen para que, como reconocen las propias autoridades españolas, los captores no eleven sus exigencias al olor de la desesperación popular. Cuanto menos se hable, mejor, dicen fuentes próximas a las negociaciones.

La experiencia del Alakrana

Atrás quedó la gestión del secuestro del pesquero Alakrana en 2009 por una banda de piratas. El suceso contó con una nutrida presencia de los secuestrados y sus familias en la esfera pública. De eso huye el Gobierno español, que mantiene informadas de las gestiones a las familias de los cuatro rehenes y los visitan periódicamente. El hastío por el paso de los meses sin resultados positivos les hace caer a veces en la desesperación, pero en ningún momento han desobedecido las órdenes de tratar de mantener su dolor de puertas para adentro. La incertidumbre de estos familiares es mayor especialmente en fechas señaladas como las pasadas Navidades.

Las dos cooperantes de MSF están en Somalia, según la propia organización humanitaria, un país donde en estos momentos podría haber hasta 600 rehenes. «MSF continúa trabajando como el primer día por la liberación de Montserrat Serra y Blanca Thiebaut, secuestradas el 13 de octubre de 2011 cuando prestaban asistencia humanitaria a refugiados somalíes en Dadaab (Kenia)», afirma un portavoz de la ONG mientras lanza un llamamiento para que sean puestas en libertad. No es la primera vez que MSF, desplegada en las zonas más peligrosas del planeta, hace frente a esta situación. «Pedimos a todos los somalíes, a la diáspora, a los líderes comunitarios, y especialmente a las autoridades que controlan la zona de Somalia donde están cautivas, que hagan cuanto esté en sus manos para facilitar su puesta en libertad».

Los capturados en Tinduf están, muy probablemente, en el norte de Malí, otro santuario «yihadista» donde hay secuestrados en estos momentos una docena de ciudadanos occidentales. Los campos de refugiados saharauis al sur de Argelia, que se encuentran bajo mando del Polisario, nunca habían sido escenario de secuestros a pesar de la espiral de inseguridad en la región. El Gobierno de Estados Unidos expresó sus temores de que algo podría ocurrir a pesar de que el Gobierno independentista saharui pone los medios para tratar de impedirlo. «Extremistas de la región han lanzado amenazas contra los occidentales residentes en los campamentos, algo de los que los extremistas han advertido al propio Polisario», dice un cable fechado en diciembre de 2009 en su Embajada de Argel y hecho público con las filtraciones de Wikileaks. «Consideran que los saharauis están próximos a Occidente y no son lo suficientemente piadosos», añade el texto. «Algunos saharauis a título individual han estado involucrados en actividades de contrabando, pero el Gobierno del Polisario los castiga de manera severa», dice el cable. «El Polisario restringe además el acceso en los campamentos a las páginas webs de contenido extremista».

Las autoridades del Frente Polisario se suman a la teoría de que no es AQMI quien atacó la localidad de Rabuni, en Tinduf, para secuestrar a los tres cooperantes. «Esto no tiene nada que ver con Al Qaida, como quiere Marruecos», opina Bucharaya Beyún, delegado en Madrid del Polisario. «El autor intelectual es alguien que quiere atacarnos y atacar la cooperación en los campamentos». «Yo no puedo acusar a Marruecos», responde sin embargo al ser preguntado si piensa que Rabat podría haber inspirado a los autores. «Estamos llevando a cabo un esfuerzo gigante con los países de la región para liberarlos». Todo apunta a que se encuentran en manos de una banda de traficantes y delincuentes o de una célula terrorista de un grupo desconocido hasta ahora.

Detenidos en Tinduf

El Frente Polisario anunció a mediados de diciembre la detención de una docena de personas relacionadas con el secuestro de los cooperantes. Entre ellos hay saharauis y extranjeros. «Sabemos con precisión qué grupo está detrás de este acto terrorista», dijo el presidente Mohamed Abdelaziz hace una semana en Sevilla, sin querer añadir más datos. También Mauritania llevó a cabo algunas detenciones.

La situación en los campamentos ha cambiado y ahora el despliegue militar y de seguridad es mayor, algo a lo que los cooperantes tienen que acostumbrarse, señalan fuentes oficiales saharauis. Nada impide, a pesar de todo, como explica Bucharaya Beyún, que los proyectos humanitarios y de cooperación se mantengan y los saharauis sigan organizando diversas actividades para tratar de atraer la atención internacional hacia su causa. La celebración del Sahara Maratón dentro de dos semanas es un ejemplo.

Argelia, Mauritania, Níger y Malí preparan una fuerza conjunta para hacer frente al terrorismo y la delincuencia. Cuentan con un mando único que está empezando a echar a andar en Tamanrasset (Argelia). Marruecos, que sigue enfrentado a Argelia por el conflicto del Sahara Occidental, apenas participa en los acuerdos regionales sobre seguridad. Este es un argumento para pensar que la falta de cooperación regional seguirá posibilitando secuestros como el de Blanca, Montserrat, Ainhoa y Enric.

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