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«El Cubo», un infierno de cuatro metros de lado

Raquel Sánchez Silva presentará el concurso, que se emite de lunes a jueves, a las 21.30 horas, con un premio máximo de 150.000 euros

Día 08/02/2012

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Que la presentación tuviera lugar ayer en Pinto, el mismo día que Alberto Alberto Contador proclamaba su inocencia, puede ser un síntoma del infierno que espera a los concursantes de «El Cubo», de lunes a jueves, en las noches de Cuatro (21.30 horas). De poco les valdrá que Raquel Sánchez Silva ejerza de cómplice, además de presentadora. «No me dejan entrar porque podría aprender demasiado y luego se me escaparía alguna ayuda», asegura embutida en un vestido que parece un síntoma de la crisis, sin un centímetro de tela malgastado.

El enemigo a batir, más que unos retos en apariencia sencillos, es el propio escenario, un cubo gigante y de paredes transparentes cuyas aristas miden cuatro metros de largo. «Las pruebas parecen inocentes; la mayor dificultad viene por la tensión y por el cubo, porque estar dentro impone», confirma Carlo Boserman, director general de Europroducciones, empresa que adquirió un formato avalado por su éxito en varios países de Europa y en Estados Unidos y galardonado con el Bafta al Mejor Programa de Entretenimiento en 2011.

Desde casa o en las gradas, el espectador puede compartir con los familiares y amigos de los participantes una gran frustración. Dentro, los sentidos parecen alterarse. Sánchez Silva lo comparaba al hotel de «El resplandor». La tensión queda registrada por 90 cámaras capaces de producir un «efecto Matrix». Cualquier acción puede verse desde infinidad de ángulos, a cámara lenta, ampliando la sensación de éxito o de fracaso. «Como hicieron los hermanos Wachowski en el cine, “El Cubo” puede cambiar los concursos para siempre», pronostica su presentadora.

Mecánica

Cada día, los participantes se enfrentan dentro del diabólico espacio acristalado a siete pruebas de creciente dificultad. Para superarlas hace falta buena memoria, retentiva visual, habilidad, equilibrio, concentración, estrategia... y un sistema nervioso bien templado. Cada concursante dispone de nueve vidas y dos comodines, y puede plantarse en cualquier momento. Una vez aceptado un reto, sin embargo, no hay vuelta atrás; solo podrá superarlo o quemar sus vidas. En la meta, un premio de 150.000 euros, más que apetecibles en estos tiempos. Contaba Raquel Sánchez Silva, que se emociona como una hooligancon los éxitos y fracasos de los concursantes, que es «realmente duro ver fallar a desempleados y personas que realmente necesitan el dinero».

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