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Fabian Picardo: «A Madrid y Londres no les corresponde hablar de soberanía»

El nuevo ministro principal de Gibraltar rechaza un diálogo cuatripartito de cooperación

Día 05/02/2012 - 10.14h

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El nuevo ministro principal de Gibraltar, el laborista Fabian Picardo, a quien aquí, con pronunciación inglesa, dicen «Feibian», es un abogado educado en Oxford, a punto de cumplir los 40, y con una gran simpatía personal. Picardo responde de manera viva a las preguntas de ABC, sintiéndose respaldado por el Gobierno británico en su relación con España.

—¿Esperaba que la cuestión de Gibraltar se suscitase tan pronto por parte del Gobierno español?

—El PP lo llevaba en su programa. No me ha cogido de sorpresa que hayan adoptado esa posición y que la hayan tomado tan pronto. Nosotros mantenemos una posición de amistad, cooperación, entendimiento y búsqueda de diálogo tripartito, que fue tan positivo cuando empezó, pero que hace más de un año que no ha tenido actividad.

—¿Cree que las cosas no han empezado muy bien? ¿Se pueden reconducir?

—Confío en que sí. Yo le perdono, sin dificultad, al señor García-Margallo todo lo que ha dicho hasta hoy.

—¿Esperaba que fuera menos duro?

—Lo que no me esperaba es que conociera tan poco la realidad de Gibraltar. Sugerir que tiene que haber diálogo cuatripartito para que vengan la Mancomunidad del Campo, los alcaldes y la Junta de Andalucía a mí me parece que es desconocer la estructura del tripartito, porque todos pueden venir perfectamente como parte de la delegación española.

—Pero parece que el Foro Tripartito España lo da por enterrado…

—Es una pena.

—Entonces, ¿ustedes no aceptan un foro cuatripartito?

—Para nada. Porque hay un foro tripartito, al cual nosotros no decimos adiós. Y además, en ese cuatripartito no se plantean voces iguales desde nuestro punto de vista. Nosotros tenemos que tener la voz cantante en cualquier diálogo que haya en relación con Gibraltar. Nosotros somos una parte; el Reino Unido, otra, y España, otra. Estaremos encantados con que siga el Tripartito, en el que está, ante todo, Gibraltar; el Reino Unido, como poder administrador de Gibraltar, y España, como vecina.

—¿Aceptaría un diálogo bilateral entre Gibraltar y el Campo de Gibraltar?

—No hay que establecer eso. Ya existe. Habitualmente, lo mantenemos a nivel institucional, humano y personal. No hace falta buscar una fórmula institucional, porque en el momento en que lo hagamos nos lo cargamos.

—¿Por qué ni siquiera aceptan que España y el Reino Unido hablen de la soberanía de Gibraltar?

—Porque no les corresponde.

—Sin embargo, en la Declaración de Bruselas los dos gobiernos se comprometen a abordar conjuntamente las cuestiones de soberanía….

—Pero el Reino Unido ya ha enterrado la Declaración de Bruselas.

—¿Usted cree realmente que es así?

—Debe de serlo, porque así lo ha confirmado el secretario de Estado David Lidington; el propio primer ministro, David Cameron, lo ha hecho al hablar de nuestro derecho de autodeterminación, que la Declaración de Bruselas niega; y el ministro William Hague ha dicho que no entrarán en un proceso de discutir, negociar o mencionar soberanía si el pueblo de Gibraltar no da su consentimiento. Dado que el pueblo de Gibraltar es unánime en decir que no vamos a tomar parte en el Proceso de Bruselas, ni permitimos que tome parte el Reino Unido, eso quiere decir que Londres está aceptando la muerte del Proceso de Bruselas.

—¿Qué ocurrirá si el Reino Unido, a pesar de las promesas, decide abrir contactos con España sobre la soberanía?

—Sería inaceptable para mi pueblo. La política moderna no es decir que no te queda otro remedio, sino cumplir las obligaciones. Y nuestra Carta Magna es una ley del Reino Unido. Creo que si intentaran hacer eso se les echaría encima el 90 por ciento de la Cámara de los Comunes.

—¿Piensa que pueden volver, por parte de España, los tiempos de una política de más controles y restricciones en la Verja?

—Si vamos a la política de «te vamos a castigar si no se discute sobre la soberanía», es que estamos en el siglo XIX o en 1969, cuando se cerró la frontera. Entonces, no hablamos de la Europa en la que yo creo ni de la España que yo respeto. Si es un partido para ver quién es el más fuerte, es que no es una política moderna, sino una política de navío.

—Entonces, ¿no espera que haya ese tipo de reacción?

—La presión económica a Gibraltar es un modelo de Franco, que decía que caería así la fruta madura. Pero que sigan esa idea en democracia duele. Así no deben hacerse las cosas. Gibraltar ya ha demostrado, y espero que no tenga que volver a hacerlo, que sometidos a presión nos ponemos más duros. Creo que el Gobierno español, que es un gobierno democrático, se portará como tal.

—¿Qué salida le ve usted entonces al contencioso?

—Salida hay. Es un asunto muy simple. Que España nos siga al siglo XXI, que se olvide de su reclamación y nos trate como a un buen vecino.

—La fórmula de la cosoberanía que negociaron en 2002 Josep Piqué y Jack Straw ¿podría ser aceptable por ustedes, con alguna modificación, en algún momento?

—Yo no estoy dispuesto a considerar un estatus como el de Andorra ni ningún otro estatus que diluya que la Corona británica sea cien por cien soberana sobre Gibraltar y en nombre del pueblo de Gibraltar. El señor Lidington me ha confirmado que ninguna propuesta de cosoberanía será revivida y que no se hará nada sin el beneplácito del pueblo de Gibraltar.

—Para usted, por tanto, ¿lo mejor es seguir en la situación en que están ahora?

—No, porque es una gran pena que nuestro vecino del norte no comprenda nuestra realidad, insista en una reclamación quijotesca y no nos concentremos en buscar el mejor método de cooperación en favor de los pueblos a los dos lados de la frontera.

—¿Qué tendría que hacer España para convencer a los gibraltareños de que acepten que el Peñón pase a formar parte de la Corona española?

—Es muy simple: convertirse en Inglaterra. Yo represento al Gobierno de Su Majestad que es la Reina de Gibraltar. No es cuestión de que si España fuera más rica que el Reino Unido aceptaríamos ser españoles; o que si España fuera más noble con nosotros, cambiaríamos de idea. Es que yo soy gibraltareño británico. ¿Qué tengo que hacer yo para convencerle a usted de que se convierta en gibraltareño?

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