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«San Kanuto» convierte un año más la Autónoma en el campus de los porros

Día 20/01/2012 - 06.50h

La fiesta de la marihuana regresó un año más a Cantoblanco sin que las autoridades universitarias lo impidieran

JOSÉ ALFONSO
Un grupo de estudiantes bebe alcohol de un cubo de basura mientras fuman en una cachimba
JOSÉ ALFONSO
Vista general del campus de Cantoblanco durante la celebración de «San Kanuto»
JOSÉ ALFONSO
Ayer, algunos de los asistentes trataban de hacer negocio vendiendo productos
José ALFONSO
Varias pancartas pedían la despenalización del cannabis. En la imagen, «San Kanuto»
José ALFONSO
Varios jóvenes muestran orgullosos sus porros
JoSÉ ALFONSO
Paradójica pancarta colgada por organizadores de la fiesta de «San Kanuto»
JOSÉ ALFONSO
Control policial a la salida del parking del campus de Cantoblanco
José ALfonso
Restos del macrobotellón sobre el césped del campus de la Universidad Autónoma
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Con dos porros en la mano y una «china» de costo en la otra, Carlos y sus amigos muestran la hilarante risa del humo tóxico del cannabis. Llevan desde las once de la mañana celebrando «San Kanuto» en el campus de Cantoblanco de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) sin que nadie les diga nada. Junto con ellos cientos de estudiantes jóvenes, e incluso menores, se «divierten» en un «macrobotellón» que nada tiene que ver con una fiesta en honor al santo de Dinamarca que marcan los calendarios. La permisividad institucional es patente.

A las explanadas de la UAM llegaron ayer desde la estación de Cercanías de Cantoblanco cientos de personas, propias y ajenas al campus, con bolsas cargadas de cervezas, ron, refrescos, hielos y vasos de mini para hacer las mezclas. Algunos fueron más allá y ante la mirada cómplice de todo el que pasaba a su lado prepararon su «poción mágica» —una sangría bien cargada de vermouth y vino tinto— en un cubo negro de basura en el que caben 30 litros de alcohol.

No hay control. Esa es la esencia de «San Kanuto», una fiesta que, desgraciadamente para muchos, se ha convertido en una tradición. Sus participantes llegan de todos los puntos de la Comunidad e incluso desde algunas provincias cercanas como Toledo, Ávila o Guadalajara.

La única medida con la que la UAM ha tratado de frenar sin éxito esta fiesta fue pidiendo días antes a todos sus alumnos que llevaran encima el carnet de estudiante y una fotocopia de la matrícula de sus estudios. De ese modo pretendían impedir que las personas ajenas a la UAM entraran en sus facultades. Además recomendaban a sus alumnos no acudir al centro salvo que tuvieran exámenes. «Si no tenéis examen o la actividad a la que pensabais venir es aplazable, se aconseja no acudir ese día», pedían en un mail al que ha tenido acceso ABC desde los decanatos de las facultades.

Cervezas en las máquinas de refrescos

Dentro de las mismas, había más de lo mismo. Incluso las máquinas expendedoras en las que días atrás se vendían refrescos estaban repletas de latas de cerveza de medio litro a 1,35 euros. «Es lamentable, el nivel de connivencia que la UAM muestra con este tipo de acontecimientos. Esto no tiene nada que ver con la imagen de excelencia académica que vende nuestra universidad en sus folletos. Es francamente vergonzoso, además de peligroso», expresó a ABC un profesor de la Facultad de Filosofía y Letras que prefiere mantenerse en el anonimato.

Aunque la imagen más irónica la ofrecía una pancarta colgada entre dos árboles por las mismas organizaciones juveniles de extrema izquierda que reivindican la despenalización de la marihuana y que, a través de las redes sociales, invitan a sumarse a «San Kanuto» año tras año. En ella se podía leer: «El Estado te prefiere drogado a organizado. Por una juventud sana, consciente y revolucionaria». «No hay mejor imagen para definir la estulticia de los devotos de los porros», comentó dicho profesor en referencia a la pancarta.

Venta de droga en el campus

Pero a la Autónoma no sólo va gente a «divertirse» también están aquellos que, año tras año, se acercan para hacer negocio. Algunos lo hacían ayer jueves con cosas tan inofensivas con sándwiches de crema de chocolate, bocadillos de salchichón o bizcochos caseros –sin ninguna medida higiénica–. En otros puestos los minis de «calimocho» y las cervezas eran la fuente de ingresos —1 euro la lata y a 3 el mini—. Pero lo más llamativo sin duda, es el constante mercadeo con hachís y marihuana. Los que lo vendían no se escondían y hasta publicitaban su negocio a viva voz: «Porritos baratos y muy ricos», decían.

La organización de la fiesta era propia de un evento casi institucionalizado. Tres escenarios con grandes bafles y música «hardcore» a todo volumen —el mismo género que se reproduce en las fiestas «rave»—. Nadie se lo impide aunque las aulas de la facultad de Ciencias Económicas se estuvieran celebrando por la tarde exámenes. «Es increíble, estábamos en pleno examen y la música se oía de fondo. No hay derecho. Así no hay quien se concentre», explicó María después de hacer su prueba.

Otros sin embargo, de lo que se quejaban era del bajón matinal en el número de «devotos» de esta fiesta. «El plan Bolonia por fastidiar, está fastidiando hasta este fiestón que se celebraba antes de los exámenes de febrero y que ahora cae en plena semana de evaluación», decía Marcos, un estudiante de Historia del Arte.

Aún así «San Kanuto» congregó a cerca de mil personas, cuya única vigilancia era la de varias parejas de seguridad privada que caminaban por las aceras del campus. La Policía Municipal por su parte montó un dispositivo de control de alcoholemia a la salida del parking de la Autónoma ya que muchos de los presentes en la fiesta llegaron hasta la UAM en coche. «El desenfreno invita a muchos a coger el coche para volver a casa en condiciones peligrosas para seguridad vial», comento un agente.

Una estela de basura

Junto con el descontrol la otra seña de identidad es la basura. A su paso «San Kanuto» deja plagado de cascos de cristal, vasos usados, bolsas y colillas de tabaco las verdes praderas del campus de Cantoblanco. Los jardineros de la universidad lo saben bien: «Aunque todos los años colocamos una veintena de contenedores de basura para que los jóvenes echen los restos de la fiesta, la estela de basura que deja el botellón es enorme. Nosotros sólo tenemos orden de retirar durante la fiesta los objetos que puedan ser peligrosos como botellas vacías de cristal. Nada más. Hasta que no se vayan no podemos limpiar del todo», explica resignado uno de ellos.

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