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La orquesta del «Titanic»

Cuatro integrantes de una banda de música de Málaga, que trabajaban en el Costa Concordia, salvaron a decenas de pasajeros durante el naufragio

Día 18/01/2012

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Es una de las escenas míticas de la película «Titanic». No la empalagosa versión de James Cameron con banda sonora de Celine Dion incluida, sino la cinta de 1943 en la que el borracho de la película trata de salvarse de la tragedia fabricando una balsa con hamacas. El pasaje, presa del pánico, se agarra a su instinto de supervivencia mientras la banda de música toca sus últimos acordes bajo la atenta mirada del capitán.

José Rodríguez y su esposa, Silvia Polente, honraron este momento. Componentes del grupo de música «Pasarela 4», estos dos malagueños, junto a dos compañeros, han sido protagonistas directos de la tragedia sufrida en costas italianas por el crucero Costa Concordia y fueron de los últimos en abandonar el barco después de ayudar a decenas de personas a ponerse a salvo. Tras días separados y sin saber si el otro estaba con vida, ayer regresaron a casa con la intención de embarcarse de nuevo con otra compañía el 15 de marzo.

José habla con extrema mesura a la hora de recordar lo acontecido y apenas entiende cómo pudo evitar caer presa del pánico en el momento en que la gravedad de la situación superó al negligente capitán. «Habíamos acabado de tocar y fuimos al bar que la tripulación tiene en la planta 0», recuerda. «Entonces sentimos un fuerte golpe y se cayeron algunos vasos y botellas. Pensamos que a lo mejor se había parado un motor».

Los músicos malagueños fueron a la sala donde guardaban sus instrumentos y observaron que estaban volcados al igual que otros enseres. Sus dudas se disiparon cuando el plan de emergencias se activó y el crucero se escoró de manera vertiginosa. José y Silvia habían realizado cursos sobre cómo actuar en estas situaciones y era el momento de aplicarlos.

«Cada uno tenía que ir con su grupo y orientarlo. Debatimos si separarnos y al final lo hicimos», explica el músico, quien se dirigió a su puesto en la proa y se quedó al cuidado de unas 80 personas. «Había ancianos y niños, y la desesperación era máxima cuando comprobabas que algunas personas de la lista no respondían cuando les llamabas».

José Rodríguez se quedó en el crucero hasta que su grupo se encontró a salvo, pero «el barco giró por completo y nos quedamos atrapados a unos 30 metros de altura. Estuvimos haciendo señales un buen rato hasta que un helicóptero nos divisó y fuimos rescatados». El malagueño fue de inmediato trasladado a una base aérea militar. Pasaron las horas y la desesperación fue apoderándose de él. No tenía ninguna noticia de su esposa ni de sus compañeros, y el peor de los escenarios comenzó a atormentarle la cabeza.

Pero Silvia había logrado llegar a la costa y fue transportada a una iglesia donde le atendieron. «La gente de la isla de Giglio se volcó con nosotros. Nos llevaron mantas y alimentos», añade.

Los músicos malagueños, con el cansancio en el rostro y ropa prestada, fueron ayer recibidos con pancartas como héroes. Pero no quieren más protagonismo del preciso: «Sólo queremos dejar claro que la tripulación se portó muy bien y evitó muchas muertes. Aquí hay un único culpable, el capitán».

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