Libros / libros de vino y rosas

«Maremágnum 44»

Día 26/01/2012 - 17.09h

David Benedicte. Editorial Isla Varia. 145 páginas. 12 euros

ABC
El poeta David Benedicte con su chica. Dice que no habla mucho, pero que baila de maravilla

Casi todos los domingos nos desayunamos con él. Bueno, para ser más exactos es él quien desayuna con gente del famoseo y la cultura en la antepenúltima página del suplemento XL Semanal de ABC.

La mayoría de los desayunos ni siquieran son copiosos y unos cuantos no incluyen cereales, ni frutas, sino grasas polisaturadas y otras menudencias indigestas que a la gente de tronío le da por meterse entre pecho y espalda los días de asueto. También puede uno encontrarse con este periodista, novelista y poeta por la madrileña calle de la Princesa, semiemboscado bajo una boina con rabillo, como si fuera no el Che Guevara icónico sino un paisano más entre el gentío o sosias de Gabriel Celaya, de Blas de Otero.

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Portada del libro

Este hombretón responde, al menos así firma, al nombre de David Benedicte, aunque tal vez si lo echamos a suertes se llame Gloria Fuertes, y escriba versos de los universos, como los que pueblan como duendecillos las páginas de «Maremágnum 44». El Magnum 44 es el de un tipo duro, Harry El Sucio, y la Mare es la playa donde Benedicte se solaza, se tumba a la bartola, se echa al coleto un tinto de verano mientras ve a sus larvas (y musas), Ada y Teo que hacen castillos de arena. Cuando el tinto de verano ya se le ha subido a la cabeza después de henchirle convenientemente el corazón, el tal Benedicte se aplica con más o menos denuedo a la poesía.

Pero no crean, lo suyo no son las sílfides, ni los efebos, ni la piedra, ni la ceniza, ni Florencia, ni los Médicis, aunque sí Flavio Briatore y la F-1. Y hasta Aznar y Agag, aunque sea de pasada. No, lo suyo es la chispa de la vida, como la coca-cola que vive como pez en el agua en el cubata. Lo de Benedicte y este «Maremágnum 44» que echa humo son los surfistas ahogados, los guiris que naufragan en sangría, las marejadas y las marejadillas, los socorristas, los mercadillos veraniegos, los bolsos de imitación, las personas de imitación, Janis Joplin resudando en pleno «Summertime», las moscas y su correspondiente media ración de Baygón, el camping, el cocodrilo de Lacoste que se come a los niños de papá, los rubicundos beach boys, el alioli chungo de un arroz con bogavante...

David Benedicte es uno de los poetas más sólidos de la quinta del 70, uno de los más sorprendentes (su anterior libro: «Biblia ilustrada para becarios» ya dejó buena constancia de ello), rompedores y originales. Pero siempre con los pies en el suelo y las manos en la masa de las apasionadas coordenadas del ser humano. Su verso es refrescante y seductor como un daiquiri, imprescindible como una tumbona, libertador como una sombrilla. La poesía vive y colea más que nunca con libros como éste, con versos como estos: «qué es una vida sino / la muerte arrepentida»; «sabes bien / nena / que andaluceando / voy / un día y otro / rumbo al sur / de tu cintura».

Bien, marinero en tierra Benedicte, sólo nos falta por decirte lo que decía Clint, Clint Eastwood: «¡Anda, alégrame el día!».

Presentación humeante

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