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España, suspenso en patentes

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Por cada registro de una innovación en nuestro país; Alemania llega a 24, Francia a 8, Holanda a 7, e Italia a 4

Día 03/04/2012 - 08.49h
España, suspenso en patentes

España no saca partido a su Investigación y Desarrollo (I+D), que además se ha visto gravemente resentida por la crisis, sobre todo entre las empresas de pequeño y mediano tamaño. Los datos de los últimos años son poco alentadores: España dedica un esfuerzo presupuestario aceptable en investigación en el concierto internacional, pero otros países, con menos inversión, le sacan ventaja.

Además, el dinero dedicado a I+D se ha recortado de forma acentuada por la crisis económica, sobre todo entre las empresas de menos de 50 trabajadores, que son el grueso del tejido productivo nacional. Aunque hay que tener en cuenta que más del 50 por ciento de la I+D está en manos del sector público, en universidades, institutos tecnológicos y organismos científicos diversos.

Rentabilizar el esfuerzo

Pero no solo hay que invertir en I+D; la prueba del algodón es cómo se rentabiliza ese esfuerzo. Y eso se plasma en patentes o figuras similares de protección como los modelos de utilidad. Pues bien, a falta de los datos que arroje el año que ahora acaba, en 2010 España registró 3.669 patentes, un 1,2% menos que en 2009. La cifra es muy escasa. Estados Unidos ronda las 190.000 patentes nuevas cada año, Japón en torno a 180.000, Alemania del orden de 88.000, Francia alrededor de 30.000, Italia se aproxima a las 20.000...

Y es que por cada patente que solicita España, Alemania llega a 24, Francia a 8, Holanda a 7 e Italia a 4. Por cada patente nacida en España, en Estados Unidos afloran 34, en Japón 22... ¿Es un problema de esfuerzo inversor? Solamente en parte, porque otros, con menos, lo rentabilizan mucho más.

El director general de la multinacional española líder en patentes y marcas, Clarke Modet & Co, Alejandro Klecker, pone al respecto un dato revelador: «España ronda actualmente una tasa del 1,37% del PIB nacional dedicado a I+D, mientras que Brasil debe andar por el 0,7%; sin embargo, Brasil hace el doble de patentes que España con la mitad de esfuerzo presupuestario».

Investigación-patente

En la raíz del problema hay varios motivos. Uno de ellos, el déficit que todavía se da en el binomio investigación-patente, porque no siempre el resultado de la investigación se materializa en un activo tangible.

Otro, que a veces no se hace un trabajo previo para analizar en detalle qué se va a investigar y conocer cómo se debe hacer para no repetir algo que ya existe. Ese trabajo previo es la «vigilancia e inteligencia tecnológica», y en esto también se falla en España, aunque no somos los únicos.

«Anualmente se pierden casi 32.000 millones de euros en la Unión Europea en investigaciones redundantes, en algo que ya existe en el seno de la Unión o en países terceros. De ahí la importancia que tiene la inteligencia tecnológica para saber, previamente, qué hay en el mercado, quiénes son los titulares de las patentes y poder determinar cómo puedo mejorar la mía respecto a otra ya existente», explica Klecker.

Hay que tener en cuenta que una patente es un activo, una parte del valor de una empresa. Tan es así que son títulos de propiedad que pueden servir para obtener un crédito bancario.

En España hay actualmente unas 11.000 empresas innovadoras, empresas que deducen gastos de I+D en su impuesto de sociedades o que colaboran en programas de investigación. Pero, de media, ni siquiera una de cada cuatro es capaz de hacer una patente al año. Eso afecta también a la balanza comercial, porque España cada vez compra más tecnología de otros países y paga derechos por ello.

Sin embargo, las innovaciones que logramos no se rentabilizan lo suficiente, bien porque no se ha protegido —y eso conduce a ser copiados—, bien porque no se saca la patente al exterior, ya que la legislación establece que debe quedar registrada en cada país para ser explotada en su respectivo mercado.

Por falta de recursos, a una empresa le puede resultar difícil llevar la patente a otros países, pero una fórmula intermedia, menos costosa, es licenciar esa patente para que se pueda vender en otros mercados, y esto tampoco se hace en exceso desde España.

La variable vegetal

En agroalimentación hay otro ejemplo de todo esto. Para el campo existe una figura de protección, la «variedad vegetal», que es similar a la patente. Pues bien, de todos los países de la UE, España realiza entre el 30 y el 40% de la exportación de frutas y hortalizas, pero escasamente tiene el 1% de las variedades vegetales registradas en esos productos.

«En algo tan primario como el sector de la alimentación -advierte Klecker-, corremos el riesgo de que otros países de cualquier parte del mundo vayan haciendo sus variedades vegetales aprovechando lo que nosotros producimos y vendemos, y al final irnos sacando de nuestros mercados tradicionales de exportación».

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