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Intenta quemarse a lo bonzo e incendiar la oficina del consulado de Túnez

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Un tunecino, detenido por irrumpir en el edificio diplomático con líquido inflamable y mecheros. Encerró a los trabajadores y destrozó parte de la sala

Día 03/12/2011 - 04.46h

Cargado con una maza, una botella de disolvente, otra de alcohol de quemar y dos mecheros, Hammami T., un tunecino de 32 años, irrumpió el pasado lunes 27 en la oficina del consulado de Túnez en Madrid. Eran las 13.15 horas. Comenzó a golpear la estancia entre gritos e insultos en su idioma. Primero en la encimera del mostrador, después en el cristal de seguridad. Acto seguido cogió un radiador de la habitación y lo encajó entre un arco de seguridad y la puerta de salida de los trabajadores con la intención de encerrar a tres empleados. Se sirvió también del cable del aparato para tal propósito.

Los trabajadores se encontraban dentro de un departamento acristalado. Preparado el escenario les amenazó con quemar el lugar y prenderse fuego a sí mismo si no atendían a su reclamo. De hecho, esparció el disolvente por la sala. El pánico se adueñó de los presentes.

Nada que ver con la revulta árabe

Hammami solicitaba que trajeran a su supuesta hija, de año y medio de edad, de Estados Unidos, donde se la ha llevado su pareja, a quien agredió el pasado mes de junio estando de vacaciones en Túnez, informaron fuentes diplomáticas.

Las voces de este hombre se escuchaban en el despacho del cónsul, Kais Kabtani, ubicado en la planta primera de este edificio. El diplomático ya había tratado a Hammami en cuatro ocasiones más. Le bajó un vaso de agua para calmarle y tratar de despistarle, pero no surtió efecto, así que, Kabtani llamó a la Policía Nacional.

Hasta el lugar se desplazó un dispositivo de la Policía. Uno de los agentes, que iba de paisano, entró en el lugar para hacer desistir a Hammami de su objetivo. En cuanto el tunecino vio que el funcionario entraba en el recinto se roció con el líquido inflamable. El agente se abalanzó sobre él y lo intentó reducir llevándole hasta una esquina de la habitación. Hammami se repuso inútilmente, ya que entraron otros policías y lo inmovilizaron por completo. Fue trasladado a dependencias policiales acusado de detención ilegal y amenazas graves. El suceso duró se alargó casi una hora.

Amenazó con clavarse un cuchillo

Al día siguiente de lo ocurrido, los trabajadores aún estaban acongojados. «Está loco», manifestaba alguno. El olor a disolvente en la oficina del número 70 de Alfonso XIII no había desaparecido.

Kabtani conoció a Hammami en agosto. «Vino a inscribir a su supuesta hija como tunecina aquí en el consulado y sólo tenía un certificado de empadronamiento, no la partida de nacimiento con la que acreditase que era su hija», apunta el cónsul. Después de explicar a Hammami la documentación necesaria, se marchó. Pero volvió pasados unos días con el mismo reclamo. Aquella vez esgrimió una navaja frente al cónsul advirtiéndole de que si no le daba lo que quería se quitaría la vida.

Un sueño roto

Según narra Kabtani, Hammami entabló una relación con una mujer americana en Madrid. «Se había hecho ilusiones con conseguir otra nacionalidad y realizar sus sueños. En España nunca ha trabajado. De hecho estaba en paro». Supuestamente, nada lo acredita, tuvieron una hija que tiene año y medio de edad. Todo se truncó para Hammami cuando el pasado verano tuvo una discusión con su pareja y la agredió veraneando en Túnez.

La misma acudió a la embajada norteamericana y se refugió allí con su hija. Hammami hizo todo lo posible ante los tribunales de su país para deslegitimar la versión de ella y que no pudiera salir Túnez, pero el juez no lo aceptó porque no tenía documentos que acreditasen ningún vinculo familiar con ninguna de las dos. Ella partió hacia su país y se desató la locura de Hammami.

Solicitan tratamiento psiquiátrico

«El lunes entró gritando diciendo que le devolviéramos a su hija, que éramos unos mentirosos. Hasta le hemos invitado a que regrese a su país pagándole el avión para que allí vaya a los tribunales, que se haga una prueba de paternidad… todo lo ha rechazado. Está fuera de sí. Nosotros estamos dispuestos a ayudarle, pero no sin los documentos».

La embajada no ha presentado cargos contra este hombre, pero ha solicitado que sea tratado en un centro psiquiátrico. «Es un enfermo que necesita autocontrolarse. Los empleados aún están en estado de shock», apuntó Kabtani.

Hammami es inmigrante legal. Cuenta con la tarjeta de residencia permanente en España desde hace cuatro años. Contaba con antecedentes en nuestro país por resistencia, desobediencia, amenazas y desórdenes públicos, según fuentes policiales. También tenía un historial delictivo similar en Túnez.

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