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Renace la santa Rusia

Las colas de casi veinticuatro horas para besar una reliquia de la Virgen en Moscú ilustran la pujanza de la fe religiosa entre los rusos tras el comunismo

Día 25/11/2011

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Más de un millón de personas harán cola pacientemente ante la catedral moscovita de Cristo Salvador para besar el relicario que contiene uno de los tres fragmentos existentes del milagroso cinturón de la Virgen María. «No había visto antes nada parecido aquí en Moscú», reconoce Natalia, una mujer de unos cuarenta años que espera su turno cargada de fe y estoicismo.

A Natalia, que lleva ya seis horas en la fila con temperaturas inferiores a los seis grados bajo cero, le quedan todavía por delante no menos de quince horas de paciencia. Los tiempos de espera al raso eran al principio de unas seis horas, pero han ido aumentando hasta llegar a veinticuatro. Una jornada entera en la cola. Y eso que la catedral está abierta de forma ininterrumpida.

El archimandrita Tijon Shevnukov, abad del monasterio Srétenski (ubicado cerca del Kremlin, junto a la sede de los servicios secretos), subraya: «Esta es una demostración más de la enorme fuerza que tiene la fe en nuestro país». Shevnukov, considerado un ultraconservador dentro de la Iglesia Ortodoxa rusa, es el consejero espiritual del primer ministro, Vladímir Putin.

El ex jefe del Estado ruso y candidato a las presidenciales de marzo fue precisamente uno de los primeros que tuvieron la oportunidad de venerar el cinturón de la Virgen el pasado 20 de octubre, en San Petersburgo. La prenda —tejida por la propia madre de Jesús con lana de camello— ha llegado a Rusia desde el Monasterio Vatopedi, en el Monte Athos (Grecia), y ha recorrido ya, además de San Petersburgo y Moscú, las ciudades de Ekaterimburgo, Krasnoyarsk, Norilsk, Tiumén, Ussurisk y Vladivostok.

Lo cierto es que, desde hace años, Putin acude sin falta a las grandes solemnidades religiosas. Y le encanta que los reporteros le fotografíen poniendo velas a los santos. Últimamente, ha tomado además la costumbre de despedirse de los mítines deseando a los asistentes que «Dios les proteja»: frase por completo nueva en su vocabulario.

No se queda atrás en fervor religioso su protegido, el presidente Dimitri Medvédev, cuya esposa, Svetlana, mantiene una estrecha vinculación con Kiril, el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa rusa. Medvédev y Kiril participaron a comienzos de noviembre en un cónclave de la jerarquía eclesiástica convocado con motivo del vigésimo aniversario del renacer religioso en Rusia, que comenzó tras la desintegración de la Unión Soviética y la caída del comunismo ateo.

«Desde mi percepción como creyente ortodoxo, lo que ha ocurrido con la fe en Rusia en estos últimos veinte años solo puede ser calificado de milagro», declaró el jefe del Kremlin. «Jamás pude imaginar que se fuera a recuperar tan deprisa la religión ortodoxa en nuestro país», añadió Medvédev.

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