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PARTIDO POPULAR, UN VOTO NECESARIO

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ABC asume como un deber hacia sus lectores ofrecer su criterio editorial y explicar por qué considera necesaria la victoria, mañana, del Partido Popular

Día 19/11/2011

EN un día de reflexión previo a las elecciones más importantes de los últimos tiempos en España, ABC asume como un deber hacia sus lectores ofrecer su criterio editorial y explicar por qué considera necesaria la victoria, mañana, del Partido Popular. España necesita hacer una crisis política para superar su crisis económica. La continuidad del socialismo al frente del Gobierno de España perpetuaría los motivos por los que Europa desconfía de nuestro país y premiaría a quienes han dirigido con notoria torpeza la política económica. Es cierto que el origen de la crisis no fue responsabilidad directa de Rodríguez Zapatero, pero su empecinamiento en negarla, así como el dispendio de gasto público para enmascararla, agravaron sus efectos hasta plasmarse en una insufrible tasa de paro superior al 21,5 por ciento, con cinco millones de parados. Nada de esto sucede en otros países de la Unión Europea.

Si la victoria del PP es necesaria para zanjar los errores y negligencias del PSOE en estos años de mal gobierno, también es conveniente por el conjunto de principios que propone a los electores. Los programas electorales deben ser, ante todo, escaparates de modelos de gobierno y propuestas de líneas de actuación política. La letra pequeña es muy valorada por los electores, sin duda, pero antes hay que saber cuál es el modelo de Estado, de nación, de sociedad o de educación que tiene cada partido en su ideología.

En economía, el PP tiene el respaldo de su propia gestión entre 1996 y 2004, probablemente la más exitosa que ha conocido Europa en ese tiempo y muy alejada de la versión sesgada que aplica el PSOE al reducirla al sector inmobiliario. Rajoy no garantiza «pócimas milagrosas», pero sí el fin de las improvisaciones y, sobre todo, del falseamiento de la realidad. Las políticas sociales ya no son patrimonio exclusivo de la izquierda. Es más, el PSOE lleva encima la marca de su voto a favor de la congelación de las pensiones, el recorte a los funcionarios, la supresión de ayudas a las madres y un discurso falaz sobre la ley de Dependencia, que tanto defienden, pero poco o nada financiaron.

El PP garantiza —de palabra y de hecho— una política de claridad y firmeza frente a ETA, sin apresuramientos ni falsas expectativas. La defensa de la «doctrina Parot», contenida en su programa, resume muy gráficamente qué se puede esperar del Gobierno de Mariano Rajoy, para tranquilidad de las víctimas y dignidad del Estado. El sistema educativo debe tener un modelo estable, alejado del sectarismo auspiciado por el PSOE con la asignatura de Educación para la Ciudadanía, y basado, como propone el PP, en criterios de excelencia y mérito del alumno, autoridad del profesorado y potenciación de la formación profesional. Son bases sensatas para corregir un modelo socialista que dura casi tres décadas. Reforma educativa que debe extenderse a un sistema universitario mortecino y sin dinero. La cohesión nacional, la relación con los nacionalismos y la revisión de la organización autonómica son aspectos de una política de Estado que están mejor definidos por el PP que por el PSOE. El alineamiento del socialismo con algunas formaciones nacionalistas ha adulterado la condición del PSOE como partido nacional. Como reverso de esta política, la sentencia sobre el recurso de inconstitucionalidad que presentó el PP contra el Estatuto catalán clarificó los límites de las aspiraciones nacionalistas y fijó unas reglas para el Estado autonómico.

La estructura administrativa del Estado deberá ser revisada porque consume desproporcionadamente recursos financieros y abona la corrupción, el amiguismo y el nepotismo de los partidos. El compromiso de Rajoy de que su primera ley será la que desarrolle el límite constitucional de gasto público encierra un mensaje político de gran profundidad. Ahora bien, esa ley precisará que se armonicen competencias y que las Comunidades Autónomas se sumen al interés general de España. La Justicia, por su parte, espera esa reforma que garantice realmente la independencia de los jueces, mejore su funcionamiento interno y gane la confianza ciudadana.

El atlantismo del PP es la mejor opción para la política exterior, junto con una vuelta a la relación con Iberoamérica, principalmente con sus democracias, y con una mayor ambición en la presencia de España en Europa. Y, en definitiva, frente al intervencionismo socialista en la sociedad española, el sentido de la libertad individual y de los valores, como el derecho a la vida, que defiende el PP es más coherente con una sociedad moderna y desarrollada como la española.

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