Economía

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Señores premios Nobel de Economía: ¿cómo salimos de la crisis?

¿Qué pasaría si reunimos a los más sabios de economía y los encerramos cuatro días para que encuentren soluciones a la crisis? Dicho y hecho.

Día 06/11/2011 - 19.09h

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¿Cómo salimos de esta? La pregunta es cada vez más angustiosa. Con una nueva recesión en el horizonte, el futuro del euro en entredicho y la Unión Europea paralizada por sus contradicciones, nos vendría de perlas una «hoja de ruta» que nos oriente entre tanta confusión.

Esto es lo que pensaron los organizadores del Nobel Laureates Meetings de Lindau (Alemania). ¿Qué pasaría si reunimos a los más sabios y los encerramos cuatro días a orillas del lago Constanza para que piensen soluciones a la crisis? El encuentro fue histórico. Una «tormenta perfecta» de ideas en la que la mayoría de los premios Nobel de Economía vivos compartieron lápiz, papel e imaginación con 370 jóvenes economistas, los más talentosos de 65 países. Diez de los laureados muestran sus propuestas.

La advertencia final de este cónclave urge a la acción: «Si los políticos no la controlan pronto, la crisis de la deuda cambiará las reglas del juego de todo el sistema económico occidental; Estados Unidos y Europa se enfrentarán a años de estancamiento y declive, y la fragmentación de la eurozona es un peligro grave». Y exigen a los gobernantes «valentía y liderazgo» para recuperar la credibilidad ante los ojos de los consumidores, los empresarios y los mercados.

Sin embargo, no han faltado voces que han puesto en la picota la propia credibilidad de los Nobel. Algunas tan prestigiosas como la de Nassim Nicholas Taleb, el teórico de los sucesos catastróficos muy improbables («cisnes negros») que trastocan cualquier predicción. Al fin y al cabo, son los teóricos que han proporcionado las herramientas para las prácticas de Wall Street que quedaron en evidencia con la crisis. Sus ecuaciones son las que utilizan los mercados; sus teorías se enseñan en los libros de texto (una curiosidad: McGraw Hill, la editora de los manuales canónicos de economía, es propietaria de la agencia de calificación Standard&Poor's); sus opiniones son la biblia en las más prestigiosas escuelas de negocios y cada nueva promoción las recita de memoria...

¿No son ellos, en cierto modo, los tipos que nos han conducido a la situación actual?, se pregunta Taleb. E incluso dice estar dispuesto a querellarse contra el Banco Central de Suecia, la entidad que otorga los Nobel de Economía, por haberles dado legitimidad. «A algunos nadie los hubiera tomado en serio sin el sello del Nobel». Con humildad, Joseph Stiglitz –uno de los galardonados– reconoce que la crisis «fue un fallo masivo de los cerebros de la economía; había una fiesta y el regulador, que pensaba igual que los juerguistas, no quiso convertirse en aguafiestas».

La receta de los premios Nobel

SIR JAMES A. MIRLESS

«Ya es hora de cobrar el IVA a las transacciones financieras»

Escocés, 75 años. Matemático, se pasó a la economía «para acabar con la pobreza». Vive en Hong Kong.

Estaba dando clase cuando le dijeron que había ganado el Nobel. Creyó que era una novatada y exigió pruebas. El Nobel se lo dieron por hallar una fórmula para que los impuestos sean justos. Ahora no entiende por qué comerciantes y consumidores deben pagar el IVA en las compraventas y, sin embargo, los grandes fondos pueden hacer inversiones millonarias sin tributar. «Es hora de cobrarles una tasa». Es muy crítico: «No basta con vigilar a los bancos. Lo importante es que todas estas estúpidas derivadas han dado beneficios millonarios a unos individuos que no han aportado riqueza a la sociedad. ¡El sistema premia a los que se arriesgan porque no pagan las consecuencias!».

REINHARD SELTEN

«El riesgo de las acciones debe avisarse con etiquetas como las de los alimentos»

Alemán, 81 años. Centró sus estudios en el póquer y el ajedrez y los aplicó a las estrategias económicas de conflicto y cooperación.

Propone que se establezcan reglas sencillas y que no puedan ser eludidas. Pero, para él, el diablo está en los detalles: «Las acciones deberían estar señalizadas con etiquetas que indiquen su índice de riesgo, como en el caso de los alimentos. Es evidente que el mercado no evalúa correctamente los títulos complejos y novedosos. Por tanto, es necesario establecer reglas para la admisión de nuevos valores». Y exige que «bajo ningún concepto se permita que los bancos deslocalicen los negocios altamente especulativos, utilizando sociedades ubicadas en países sometidos a reglas menos estrictas».

Lee el resto de propuestas en XL Semanal

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