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Ya somos 7.000 millones

El mundo alcanzará el lunes un nuevo hito demográfico. ¿Pero qué ha sido del niño bosnio elegido por la ONU como el humano número 6.000 millones?

Día 26/10/2011

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Adnan Mevic vino al mundo en Sarajevo el 12 de octubre de 1999. Pesó tres kilos y medio y nació sano. En las fotos de aquel día se puede ver la sonrisa radiante de su madre, Fátima, mientras sujeta en brazos a la criatura. Lo raro del caso es que también hay otras fotos de su llegada, y no hace falta buscarlas en el álbum de la familia Mevic porque están guardadas en las hemerotecas de todo el mundo: en ellas, el paquetito ha cambiado de manos. Lo sostiene con bastante presteza un señor encorbatado procedente de tierras lejanas, Kofi Annan, en ese momento secretario general de Naciones Unidas: la organización había calculado que aquel 12 de octubre el mundo iba a superar los seis mil millones de personas, un acontecimiento que decidió personalizar en un solo bebé escogido más o menos a dedo.

La población planetaria crece a un ritmo medio de 227.000 seres humanos cada 24 horas. En el caso de partir de un censo de inverosímil precisión, resultaría imposible saber exactamente en qué momento alcanzamos uno de esos bonitos números redondos. Pero los expertos de la ONU trabajan con ese tipo de estimaciones y han anunciado que el lunes que viene, 31 de octubre de 2011, se alcanzará un nuevo hito demográfico: siete mil millones. Ocasión propicia para comprobar qué ha sido de Adnan Mevic.

Ya somos 7.000 millones
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Adnan Mevic

Con 12 años, es un chaval estupendo que no ha traicionado aquella sonrisa con la que le recibió su madre. «Estoy en séptimo de Primaria y saco sobresalientes... Bueno, acabé sexto con una media de notable, pero ahora —admite desde su casa en Visoko, a unos treinta kilómetros de Sarajevo— vuelvo a tener sobresalientes. De mayor quiero ser piloto. Me encantaría viajar a España y visitar Madrid, porque ahí está el Bernabéu. Mi jugador favorito es Cristiano Ronaldo».

La vida de los Mevic no es fácil. Fátima perdió su empleo en una fábrica textil tras la guerra, a mediados de los noventa, y Jasminko, el padre, que era operario de calderas, ha tenido que dejar de trabajar porque sufre cáncer de colon. Adnan, hijo único, comparte con sus padres el único dormitorio del apartamento de Visoko. La familia va tirando con 500 marcos convertibles bosnios al mes, algo menos de 250 euros: 300 marcos proceden de la pensión de invalidez que cobra Jasminko y el resto, que sirve para los gastos del colegio de Adnan, los aporta la ciudad de Sarajevo a modo de detalle para un nativo tan ilustre. ¿La ONU no contribuye con alguna pequeña ayuda? «La ONU se ha olvidado de Adnan —responde Fátima, desengañada con esta historia—. Ojalá no le hubiesen nombrado nunca el habitante seis mil millones. Jamás han preguntado por él y ni siquiera le han felicitado por su cumpleaños. Ni una carta, ni una postal. Podrían haberle regalado al menos una chocolatina, pero ni eso».

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