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«Operación Matrioska» de rescate bancario, menos cajas y más FROB

Las entidades de crédito quieren limpiar de sus balances el suelo improductivo con ayudas que estiman en torno a los 30.000 millones de euros

Día 17/10/2011 - 10.05h

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¡Será por dinero! La Autoridad Bancaria Europea, la popular EBA por su sigla en inglés, ha comprendido que aparte de test de estrés y otras milongas la única manera de reactivar el motor económico pasa por enchufar la manguera a todo meter en el sector bancario. La operación de socorro y salvamento, todavía en la antesala de esos rumores donde solo algunos deseos se confuden con las realidades, ha puesto los dientes largos a muchas entidades españolas que suspiran por un nuevo chute de ayudas públicas. A cambio, las más necesitadas están ofreciendo a Mariano Rajoy un segundo programa de fusiones para que el líder popular acceda al Gobierno por la puerta grande de una verdadera reforma del sistema financiero.

En el PP nadie se atreve a colocar en negro sobre blanco las cifras y letras de un plan que el PSOE podría utilizar a la desesperada como arma arrojadiza. Elena Salgado se ha encargado de minar el terreno decretando el cierre del grifo para las entidades de crédito. La vicepresidenta económica ha ordenado la preparación artillera que necesita su amigo Rubalcaba y ahora el que venga atrás que arree porque la tensión electoral que se vive en España complica sobremanera la aplicación de ese nuevo FROB en la tercera fase que se antoja indispensable para terminar de pagar los platos rotos de bancos y cajas de ahorros.

La percepción socialista de una idea peregrina y propia de una derecha ansiosa de poder se advierte como una necesidad ineludible en un país que depende en exceso de la financiación bancaria. El agujero negro del Estado se puede tapar con un ajuste fiscal de caballo pero la parálisis económica sólo puede paliarse con una reconversión que permita recuperar el crédito financiero como esencia del negocio bancario.

La hoja de ruta que perfila el equipo de Cristóbal Montoro con Rodrigo Rato como interesado testigo de excepción reside en las contrapartidas que están dispuestos a garantizar los grandes bancos sistémicos. Lo primero es determinar el destino de esas entidades que acaban de ser nacionalizadas y cuyo saneamiento no parece factible si no es mediante su integración en grupos con estómagos agradecidos y a prueba de bombas. La fagocitosis de las cajas se estructura en una quiniela de fusiones por absorciones que implica tres matrimonios claros de conveniencia. Salvo mejor opinión de Emilio Botín el objetivo es que la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) pase a la órbita de Banesto, en tanto que CatalunyaCaixa sería bocado apetecible para el BBVA de Francisco González. A Isidro Fainé se le pedirá en última instancia un esfuerzo adicional para que La Caixa verdadera sea todavía más grande con la compra del grupo Unnim formado por sus homólogas de Sabadell, Tarrasa y Manlleu.

La «operación matrioska» se ha puesto en marcha con la compra del Banco Pastor por el Popular tras una negociación exprés en la que José María Arias ha demostrado sus dotes de resignado negociador en la misma medida en que Ángel Ron hacía gala de una cierta generosidad. Había ofertas económicas mejores por el banco gallego pero en cualquier caso Miguel Ángel Fernández Ordóñez se ha apuntado el mejor tanto en el peor momento de su controvertida gestión, cuando unos le dan por finiquitado y otros están deseando que pliegue velas en el Banco de España. El gobernador dispone ahora de un buen ejemplo para pregonar ante esos banqueros que llevan tiempo escurriendo el bulto convencidos de que la crisis es un fantasma que solo se aparece a los demás.

Los grandes prebostes del sector se han llenado la boca denunciando las arbitrariedades de las cajas de ahorros pero ahora toca empujar del carro. La prueba del nueve es la venta de la CAM, que, además de un esquema de protección de activos por contingencias, necesita para empezar a hablar un fondo de liquidez bien niquelado porque la entidad está canina y tiene contraídas deudas con el Banco Central Europeo de 7.000 millones de euros, equivalentes al 10% de todo su balance. La caja levantina es un caso crítico y su rescate representa un desafío para comprobar el corporativismo que realmente existe dentro de la industria financiera española.

A partir de ahí será más sencillo que el futuro Gobierno pueda justificar políticamente un tercer plan de recapitalización mediante ese anhelado «banco malo» dispuesto a partir del FROB como mano de santo para absorber la mayor parte del suelo improductivo que las entidades financieras no consiguen sacarse de encima ni con agua caliente. La estimación de las ayudas se cuantifica en 30.000 millones de euros, teniendo en cuenta que un tercio del agujero está provisionado y que ni los más optimistas confían en recuperar siquiera la mitad del valor en libros que reflejan estos activos inmobiliarios. En suma, un favor que con favor se paga y que Rajoy presentará envuelto con el lazo de regalo que ofrecen Merkel y Sarkozy. Si Europa capitaliza finalmente sus bancos, España no tiene por qué ser menos.

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