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Butan, la otra boda real del año

El rey de Bután, un exótico y misterioso país perdido en las cumbres del Himalaya, se casa con una bella plebeya por la que ha renunciado a la poligamia

Día 14/10/2011 - 18.17h

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Tras el enlace del príncipe Guillermo de Inglaterra y Catalina Middleton en Londres a finales del pasado mes de abril, este jueves se ha celebrado la otra boda real del año. Ha tenido lugar en Bután, un diminuto país budista perdido entre las cumbres del Himalaya, y, al contrario que las nupcias del heredero al trono británico, no ha contado con invitados de la nobleza internacional ni se ha televisado en directo al planeta, pero sí ha consistido en una colorista ceremonia propia de cuento de hadas.

A sus 31 años, el quinto Rey Dragón de Bután, Jigme Khesar Namgyal Wangchuck, ha contraído matrimonio con la plebeya Jetsun Pema en un monasterio de la antigua capital, Ponakha, a las 8.20 de la mañana. La hora no resulta casual porque los propios astrólogos de palacio eligieron este momento del alba al considerarlo idóneo para la pareja.

Ataviado con el fajín real amarillo sobre una túnica dorada con flores rojas y botas de colores, el monarca descendió del trono bajo una estatua gigante de Buda y coronó a su esposa, que vestía la tradicional falda enrollada butanesa y una chaqueta dorada con puños rojos.

Entre cantos guturales de los monjes budistas al son de sus tambores y “dhungchen”, las alargadas trompetas tibetanas, la pareja siguió un rito de purificación ante un enorme tapiz del siglo XVII con la figura del fundador de Bután, el rey Zhadbrung. Después, recibieron una serie de ofrendas por parte del padre del soberano y de la máxima autoridad religiosa del país, Je Khenpo, como bufandas de colores para simbolizar las bendiciones del más allá y un espejo, hierba y una concha para desearles longevidad, inteligencia y pureza.

Ante las cámaras de televisión, que retransmitieron el evento para los 700.000 habitantes del país, la bella Jestun Pema bebió de un cáliz dorado con el elixir de la vida eterna y se convirtió en la nueva reina de Bután. Como si fuera la protagonista de una novela romántica, ese el destino que le aguarda a esta joven de 21 años hija de un piloto de líneas aéreas.

Modernización y democratización

Desde que su esposo heredera el trono tras la abdicación de su padre en 2008, el monarca butanés ha seguido promoviendo la modernización y democratización de su exótico y misterioso país, que permaneció cerrado al resto del mundo hasta los años 60 y donde solo se autorizó la entrada de turistas y periodistas a partir de 1974. A un prohibitivo precio de 200 dólares al día para impedir la llegada masiva de visitantes, solo 20.000 extranjeros recalan cada año en Bután, donde la televisión llegó en 1999 y la riqueza se mide no por su crecimiento económico, sino por su índice de Felicidad Nacional Bruta.

Educado en Oxford, el joven soberano goza del cariño popular por continuar la senda de reformas constitucionales marcada por su padre, quien en 1988 protagonizó la última boda real de Bután al casarse con cuatro hermanas porque la poligamia está permitida por la ley. El nuevo monarca ya ha anunciado que será monógamo como símbolo de la modernización del país alumbrada por su progenitor, quien abdicó para dar paso a la democracia pero fue responsable de la represión y expulsión de 100.000 hinduistas de etnia nepalí que manchó en los años 90 la idílica imagen de este reino budista del Himalaya.

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