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Los cristianos de Egipto acusan al Ejército de aliarse con los islamistas

La violenta represión de una manifestación de coptos y los enfrentamientos sectarios ponen la transición egipcia al borde del abismo

Día 11/10/2011

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Los enfrentamientos sectarios que el pasado domingo dejaron al menos 25 muertos y más de 300 heridos en El Cairo amenazan con romper el frágil equilibrio entre las comunidades religiosas egipcias, y suponen un peligroso giro del proceso de transición que plantea serias dudas sobre las intenciones de la junta militar. Ayer, mientras la comunidad copta lloraba a sus muertos, el Gobierno y el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas culpaban de los hechos a un cóctel de «intereses extranjeros» e «intentos de destruir el Estado», una cantinela al más puro estilo de los mensajes del antiguo régimen.

Nuevos enfrentamientos entre coptos y fuerzas de seguridad continuaron ayer a las puertas del Hospital Copto de El Cairo, donde yacían 17 de las víctimas, todas ellas cristianas. El ambiente, cargado de tensión y de animadversión hacia la junta militar y su jefe, el mariscal Mohamed Hussein Tantaui, se trasladó posteriormente a la catedral de la capital. Allí, el jefe de la Iglesia copta, el Papa Shenuda III, ofició un funeral conjunto, a pesar de que sólo estaban presentes cuatro féretros ya que el resto de víctimas iban a ser sometidas a una autopsia. «La policía militar ha intentado presionar al director del hospital para que falsifique los informes forenses», denunció a este diario el padre Butros Ambabola a las puertas de la clínica. Algunas asociaciones de coptos aseguran que los muertos podrían ser incluso más.

La mayor parte de las víctimas murieron bajo las ruedas de las tanquetas del Ejército que, como muestran algunos vídeos colgados en Internet, embistieron zigzagueando contra la manifestación. La protesta había comenzado a media tarde en el barrio de Shubra, donde vive una importante comunidad cristiana. Los coptos protestaban por la quema de una iglesia en Asuán, al sur del país, y por la prácticamente inexistente reacción de las autoridades, queja habitual entre los miembros de esta comunidad.

Según varios testigos, cuando la manifestación salía del barrio fue atacada desde un puente con piedras y palos por personas sin identificar. A su llegada a Maspero, el edificio que alberga la televisión estatal, los manifestantes fueron recibidos por el Ejército con disparos, presuntamente al aire. Poco después, dos tanquetas militares arremetían contra la multitud, que se enfrentó a los soldados. Tras este ataque, la comunidad copta acusa al Ejército de proteger y ser cómplice de los islamistas radicales.

«Grupos de “baltaguiya” (matones) llegaron posteriormente y continuaron pegando a la gente», añadió el padre Ambabola. La junta militar declaraba poco después un toque de queda de 2 a 7 de la madrugada para intentar controlar los enfrentamientos. La televisión estatal terminó de inflamar los ánimos al asegurar que los cristianos estaban matando a militares y pedir a los ciudadanos que salieran a las calles «a proteger a los soldados de los coptos», siguiendo una línea de propaganda y acusaciones muy parecida a la que los medios oficiales desplegaron durante los 18 días de la revolución.

«La gente en los cafés veía la televisión egipcia y se encendía. Algunos incluso pedían que el Ejército bombardeara a los coptos», relató a este diario Basma Abdelaziz, psiquiatra en el Centro Nadim de víctimas de la tortura. Para la doctora, no se trata sólo de un conflicto sectario, sino que «la junta militar también está aprovechando la ocasión para sembrar la discordia, crear tensión y caos y así justificar más mano dura y control militar».

El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas ha pedido la creación de una comisión que investigue los hechos. En los últimos enfrentamientos sectarios que tuvieron lugar en mayo, la junta militar también confirmó que se investigaría el caso sin que por ahora se haya conocido ningún resultado. «A pesar de los intentos que pretenden destruir los pilares del Estado y propagar el caos para impedir la transición», dijeron ayer los militares en un comunicado, la junta «seguirá asumiendo su responsabilidad nacional».

En un intento de aplacar la ira de los cristianos y de mitigar esa imagen de brazos cruzados ante los agravios a los coptos, las autoridades anunciaron ayer que Hamah Kamuni, el responsable de la matanza de Año Nuevo en Alejandría, que acabó con la vida de 21 coptos cuando salían de misa, había sido ahorcado ese mismo día. Un comunicado sorprendente, aseguraba la agencia AFP, ya que las fechas de las ejecuciones no se revelan nunca.

Poco antes de que se iniciara el toque de queda, Essam Sharaf, el primer ministro egipcio, se dirigía a la nación en un discurso televisado en el que aseguró que los enfrentamientos suponían un retroceso, y que el Gobierno no cree que los disturbios se traten de violencia sectaria sino que de «un complot contra el país».

Las palabras de Sharaf no consiguieron consolar ni tranquilizar a la comunidad copta que ayer que pidió a gritos en el funeral la caída del mariscal Tantaui. “El primer ministro es muy débil, y los militares han demostrado que ni pueden ni quieren protegernos”, aseguraba en la catedral, Mai Shoukoy, que acudió al funeral para apoyar a su comunidad.

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