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Pierre Bergé: «La moda cada vez influye menos»

El que fuera pareja y colaborador de Yves Saint Laurent habla sobre el creador francés y sobre la situación actual de la moda, con motivo de la exposición dedicada en Madrid al diseñador

Día 02/10/2011 - 04.07h

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«El señor Bergé está de buen humor», avisa el fotógrafo que le retrata incesantemente en el número 5 de la Avenue Marceau, sede de la fundación Pierre Bergé-Yves Saint Laurent. La luz del otoño parisino se desparrama por su despacho, acentuando la viveza de sus ojos y la fortaleza de su expresión gestual. Tiene 81 años y una larga trayectoria forjada principalmente como socio, mentor, amante y ahora «viudo» oficial de Saint Laurent, pero también como empresario, escritor, bibliófilo, defensor de los derechos de los homosexuales, luchador incansable contra el sida, confidente de Mitterrand, ex presidente de la Ópera de la Bastilla, miembro actual del consejo asesor artístico del Teatro Real de Madrid y protagonista hace dos años de la llamada «subasta del siglo». La inauguración en Madrid de una nueva muestra sobre Yves Saint Laurent, el próximo 6 de octubre, vuelve a concitar la atención sobre su persona.

—Se dice que la obra y la influencia de Saint Laurent van mucho más allá de su tiempo. Pero, siendo la moda efímera por naturaleza, cuesta creer que sean eternas.

—No creo en absoluto que su obra sea eterna. Pero esa no es la cuestión. Saint Laurent superó el examen del tiempo precisamente porque supo situarse al margen de la moda. Él no amaba la moda, sino el estilo. Y creó un estilo. Un estilo que pervive en las calles de muchas capitales. Las mujeres en pantalón son Saint Laurent. El smoking femenino es Saint Laurent. Y también la gabardina o la sahariana. Es un estilo. Él transformó la moda, creó una moda anti-moda.

—¿Por eso se decía que la moda no estaba a su altura creativa?

—Efectivamente. El no tendría por qué haber sido un modisto. No amaba la moda. Podría haber sido un artista en el sentido pleno del término, pero aterrizó en el mundo de la moda.

—Cuando usted erigió en su memoria un monumento en el Jardín Majorelle de Marrakech, dijo que le emocionaba ver la afluencia de visitantes. ¿Siente lo mismo cuando ve al público contemplando su obra en una exposición?

—Exactamente lo mismo. Incluso, más. Pronto se cumplirán 30 años de su primera exposición en el Metropolitan de Nueva York. Comprendí entonces que era esencial confrontar al público con la obra del modisto. A Saint Laurent no se le descubre del todo en una exposición, pero sí se llega a comprender por qué alcanzó un lugar tan predominante. Es lo que ocurió el año pasado en la retrospectiva del Petit Palais de París, que tuvo un éxito extraordinario. Era una muestra que se iniciaba en sus comienzos, en 1962, cuando trabajó en Dior. Los espectadores, sobre todo los jóvenes, comprendieron su importancia, los ámbitos que abordó y las múltiples facetas de su creación.

—¿Está usted de acuerdo con la tesis que explica el éxito de Saint Laurent por el rigor y la alta exigencia que se impuso?

—Por supuesto. Esas eran sus grandes cualidades. Fue una persona que nunca transigió con nada y que nunca se preocupó realmente de lo que pasaba en el mundo de la moda. No le preocupó en su momento ni la llegada de Courrèges, ni la presencia de Cardin ni la de Lacroix. Cuando se produjo la eclosión de los anteriores, se decía que Saint Laurent iba a hacer lo mismo. Pero no fue así. El siguió su camino. Hoy en día Lacroix está prácticamente desaparecido, Courrèges no cuenta y nadie habla de Cardin. En cambio, Saint Laurent permanece.

—¿Y cómo pudo mantener el rigor y la exigencia con una vida tan atormentada por las depresiones, la angustia, las drogas y el alcohol?

—No hay que confundir la obra con la vida. Él tuvo la vida que tuvo, pero su obra era una entidad aparte que nunca mezcló con su vida.

—Supongo que usted sentirá nostalgia al contemplar cada vestido o cada una de sus colecciones.

—Lo mismo que Saint Laurent, no mezclo las cosas. Una cosa es mi vida, otra mi relación con él y otra bien distinta su obra. Cuando en esta casa se habla de su obra, no tiene nada que ver con mi vida.

—¿No le parece que la actual masificación y simplificación en la industria de la moda está pervirtiendo la verdadera creación?

—Creo que la moda tiene cada vez menos influencia. Y tal vez Chanel y Saint Laurent fueran en parte responsables, al liberalizarla de sus viejos corsés. Yo he conocido una época en la que los modistos podían crear una tendencia. Pongamos el ejemplo de Courrèges. Cuando en el 63 y 64 acortó la falda por encima de las rodillas, muchas mujeres siguieron esa pauta. Eso ahora se ha acabado. Yo asisto de vez en cuando a los desfiles y me digo que todo eso está muy bien, pero también pienso que no interesa. Mejor dicho, puede que interese, pero no ejerce ya ninguna influencia sobre nadie.

—¿Significa eso que ahora el marketing logra que el consumidor valore más la marca que la creación intrínseca?

—Desde luego que sí. Vivimos en una época de marketing, donde se han invertido los valores. Antes, un modisto como Saint Laurent, Chanel, Dior o Balenciaga creaba un perfume y después el marketing lo lanzaba al mercado. Ahora es a la inversa. Es el marketing el que dicta primero. Hay una completa sumisión al marketing. Y eso es muy grave.

—¿Cuál es el futuro de la industria de la moda en esta época de crisis?

—Lo digo a menudo, y no porque tenga acciones de esa marca, que el futuro de la moda es Zara. Zara o H&M. Porque el futuro está en dos cosas complementarias: la capacidad de prever un aprovisionamiento rápido y continuado de una tienda o un almacén, y que la moda sea accesible a un precio razonable.

—Usted conoce muy bien el mundo de la cultura pública. ¿Qué se puede hacer para que los recortes en las subvenciones no acaben afectando a la calidad de la producción cultural?

—La vida cultural debe subsistir con independencia de la política y de las crisis. Es cierto que la cultura no es posible en Europa sin la ayuda del Estado. Recuerdo el periodo de la ocupación alemana en Francia. Fue muy duro. No había dinero ni para comer. No había coches, ni tampoco gasolina. Pero la vida cultural fue importante. Creo que la creación cultural es siempre más importante en situaciones de dificultad.

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NATIVIDAD PULIDO Es uno de los artistas más singulares del Renacimiento español. Se dedicó exclusivamente a la pintura religiosa, pero fue tremendamente original

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