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«Hay personajes de los que no hay nada que aprender»

Día 03/10/2011
«Hay personajes de los que no hay nada que aprender»
JAIME GARCÍA

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No habrá paz para los malvadosse ha coronado como la segunda película más vista en toda España el primer fin de semana de su estreno, solo superada por Con derecho a roce. Puro músculo, no hay un gramo de grasa en esta historia, de frase bíblica, dirigida por Enrique Urbizu y protagonizada por Jose Coronado. El actor hace un hueco en su agenda rueda entre Tarragona y Barcelona para recibir a ABC en su sanctasanctórum, en Madrid, un género literario donde Coronado ha tallado su escalofriante y magistral interpretación de Santos Trinidad, héroe de la villanía, en No habrá paz...Confiesa el actor que ya ha sacado de un plumazo de su vida a ese maligno encarnado en Trinidad, «Santos es un auténtico hijo de puta», dice. Algunas noches, durante los dos meses de rodaje, Coronado se dormía vestido, enfundado, con andrajos de la existencia hecha jirones de Santos: «Era parte de la dejadez del personaje, de su absoluto odio hacia sí mismo». Con Trinidad le ha llegado a Coronado el papel con el que soñaba, aunque espera que no sea el de su vida, «porque eso significará que hay otros. Es uno de los más complejos y que más satisfacciones me están dando, sin duda».

Olor a vicio

El Madrid de No habrá paz para los malvadoses el Madrid de los vertederos y de las alcantarillas, el Madrid de los bajos fondos donde se cuecen todas las maldades, donde reina el narcotráfico, y las células que empiezan a intentar montar sus maldades...

—Rodaron incluso en casas de lenocinio reales...

—Sí, entrábamos y se iban las prostitutas. Llegábamos a trabajar a las cuatro o cinco de la mañana y les preguntábamos qué tal les fue la noche; ellas acababan a esa hora, y a las cuatro de la tarde volvían a tomar el relevo. Y era curioso, porque olía. Hay una frase de la película que lo refleja. Helena Miquel juez Chacón cuando entra en uno de esos prostíbulos dice: «¡Qué mal huele aquí!». Y Juanjo Artero Leiva le contesta: «Señoría, así huele en estos sitios». Era olor a vicio. Pero todas aquellas chicas han sido encantadoras.

Santos Trinidad es un despojo humano, que habla más con las miradas y los silencios que con el verbo, lo retrata sin ego su alterficticio Jose Coronado. Santos Trinidad, cowboy en la medianoche madrileña, es una escombrera humana que se tambalea entre los tugurios y la inmundicia.

Dispara Jose Coronado: «Trinidad tiene que empezar la película borracho, cargándose a tres, y eso es bordear el filo de lo increíble, a nivel de interpretación, porque los borrachos no son fáciles, y más con lo que lleva interpretar a Trinidad. Este personaje estaba dentro de una historia maravillosa, y además quien me lo ofrecía era Enrique Urbizu, con el que había hecho ya otras dos películas. Me conoce muy bien, nos conocemos los dos y tuve la suerte de empezar desde cero hace cuatro años...».

Los acodados de la barra

«... Y así, cuatro años cargándome con el personaje. Cogí un poco de masa muscular, porque este Trinidad fue un buen policía, pero un buen día se dejó... Y yo, tres meses antes de rodar, empecé a dejarme ir, porque me liberé de otros trabajos y comencé a engordar siete u ocho kilos con hamburguesas y helados. Trabajé los andares de un tipo que se pasa la vida en un bar, porque Trinidad llega a una barra y según lo hace ya se acoda». La tribu urbana de los acodados en los garitos de la noche. Jose Coronado esculpió libra a libra todo el envoltorio de ese desecho humano, de ese residuo, de la basura, pero lo fundamental tenía que ir por dentro. Y lo borda Coronado: «El abandono, la dejadez de un tío como Santos Trinidad que se odia a sí mismo, que odia al mundo. Lo importante es esa dejadez mental que yo trabajé dos o tres meses antes. Y sí, es cierto que cuando comencé la película —y que a diferencia de otras en las que después de veinticinco años de carrera ya sabes colgar el traje del personaje— con Santos Trinidad era tan delicioso el personaje, tan extremo, tan al límite que no lo quería soltar». Coronado se incardinó a la piel de Trinidad «más que por trabajar con él, por disfrutar con el personaje. ¡A la mierda, a tomar por culo el mundo!... como diría Trinidad. Estuve muy imbuido en él. Y también es cierto que nada más acabar el rodaje lo saqué de un plumazo porque Santos Trinidad es el diablo». El mismísimo demonio, del que no había nada que aprender. «El privilegio del actor es poder enriquecerte de trabajos a la medida en la que tú quieras involucrarte, y eso te llena, pero de Trinidad no había de dónde sacar ni aprender. De Santos Trinidad no había nada que quedarse, era el diablo».

Siente Coronado que está viviendo un sueño del que a veces todavía cree que se va a despertar pensando «que es mentira. Nunca he sentido esta unanimidad de crítica y de público. Estoy feliz por el respeto de todo el público a la película, que reconoce que es una obra de una factura excepcional, donde no hay ni adornos ni alharacas». Cine negro puro y duro, sucinto y conciso, donde la acción palpita como un corazón en las tinieblas, entre la mirada de fuego del villano Trinidad: «Como en otras películas, Enrique Urbizu tiene un compromiso social muy importante. En La Caja 507, dos años antes de los malayas o de las recalificaciones de terrenos, nosotros ya estábamos contando esa corrupción. En No habrá paz para los malvadosse está poniendo de reflejo lo que es la sociedad occidental hoy en día, cómo tenemos que vivir con el miedo y la inseguridad desde comienzos de siglo. Desde el 11-S ha habido un cambio radical en Occidente». Elogia Coronado el ejercicio de respeto a la inteligencia del espectador que Urbizu proyecta: «Enrique no se lo da todo masticado, le invita a viajar con Trinidad, a convertirse en policía, a investigar, atar cabos, sacar sus conclusiones, que muchas quedan a la imaginación... Santos está casado, pero no se ve la mujer; fue un buen policía, pero no sabe por qué dejó de serlo... ¡Da igual!, lo que importa es un policía cazando a un testigo que se le quiere escapar y que, intentando salvar su culo, sin él comerlo ni beberlo tiene que salvar al mundo...».

Trescientos años de... cine

Coronado tenía el sueño de hacer un buen trabajo que se reconociese, y «que aportase algo a la industria de la que vivo y al país al que pertenezco. Tengo la satisfacción de haber participado en un trabajo bien hecho. Hombre, creo que he tenido unos cuantos papeles buenos, pero así, acogido tanto y tan bien, el de Santos Trinidad ha sido el más redondo».

El actor madrileño comenzó con el referente del toro salvaje Robert de Niro, «pero luego De Niro se abandonó, dejó de currar y trabajarse los papeles y fue ya más a “llevárselo”... Me encantan Edward Norton, Willem Dafoe, pero si tuviese que escoger a uno sería Al Pacino». Si le preguntamos por un libro, Jose Coronado escoge La muerte íntima, de Marie de Hennezel,que habla de la gente que ayuda a morir a las personas terminales. Fue a raíz de su obra Algo en común, sobre el Amor con mayúsculas, «de lo que es dar Amor con mayúsculas». Como el suyo al cine: «Tardé en encontrar mi vocación, porque llegué casi a los treinta años. El cine es la profesión que yo haría durante trescientos años... y no me aburriría».

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