Cultura

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Última tarde con la Fiesta

Fue un día entre la resistencia, la resignación, la expectación y el desasosiego

Día 26/09/2011

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Tarde a pleno sol para despedir la Fiesta de los toros en Cataluña. Concierto de silbatos de la policía que media entre el tráfico de fin de semana, los del Comité de Salud Pública con su «brindis fúnebre» por el final de lo que llaman «vergüenza nacional» y aficionados en demanda de libertad. En los aledaños de la Monumental, cada metro cuadrado constituye un espacio improvisado para la resistencia, la resignación, la expectación o el desasosiego. Van llegando representantes de la sociedad civil y del mundo empresarial, como Leopoldo Rodés, Carmen Mur, el director de la Revista del Notariado, José Aristónico Gómez o el mecenas y coleccionista Antoni Vila Casas.

El presidente de la Fundación que lleva su nombre sabe un rato de arte y la prohibición de los toros, a los que asistía desde que era niño, le parece la «enredada» de un Tripartito instrumentalizado por Iniciativa y Esquerra. La Iniciativa Legislativa Popular de 2008 «no debió pasar a votación», nos comenta. Descendiente de familia del textil y catalanista, Vila Casas no alberga dudas sobre la sustancia cultural de la tauromaquia. Su museo de Can Framis en Barcelona cuenta con una sala taurina: «De pequeño vi torear a Lalanda y Ortega… Más tarde asistí a la rivalidad entre Manolete y Arruza. Disfruté en esta misma Monumental con las faenas de Dominguín, Chamaco, Diego Puerta, Paco Camino...» Cuando la Fiesta parecía languidecer y empezó el acoso, José Tomás le hizo volver a los tendidos. «El cartel de los seis toros lo pintó Agustí Puig, uno de los artistas de mi Fundación. Si esto se consuma habrá que ir a Francia con su treintena de plazas: estuve en Nimes viendo a Tomás. Es una pena que una fiesta de tradición secular en Cataluña haya sido pasto de la politización».

Políticos en primera línea

Hablando de políticos, los del Partido Popular se sientan en primera línea de la grada: Alicia Sánchez Camacho, Alberto Fernández Díaz, Rafael Luna, Pío García Escudero… También se ve a la exministra Carmen Calvo y el embajador de Francia, Bruno Delaye, gran aficionado, tomando nota de la futura clientela de las plazas del país vecino, donde los toros, sí que son bien cultural. No faltó la catedrática Araceli Guillaume. Pasa ante nosotros el violoncelista Lluís Claret y vemos también a la actriz Rosa Novell y la cantante Maite Martín. Los líderes de la resistencia taurina en Cataluña, Fernando del Arco, Salvador Balil y Lluís M. Gibert, contemplan cómo la plaza se va llenando. También medita ante el albero el cirujano de la Monumental, Enrique Sierra. El mundo del toro al pleno, entre la resistencia, la resignación, la expectación y el desasosiego: los ganaderos Juan José Rueda, Jaime Sebastián de Erice, Juan Pedro Domecq y el torero César Rincón. Quiso la casualidad que, oficialmente, el fin de los toros coincida con el último día de las fiestas de la Virgen de la Merced. La orden mercedaria se encargaba de rescatar a los cautivos de los piratas berberiscos. No sabemos qué valeroso misionero será capaz de rescatar la fiesta para Cataluña, en un momento político en que abundan más los mercenarios que los mercedarios.

Nuestros mercedarios fueron seis: el sábado, Morante, el Juli y Manzanares; el domingo, Juan Mora, José Tomás y Serafín Marín. Un cartel para guardar ilustrado por Miquel Barceló. Gritos de «¡Libertad, libertad, libertad!». «¡Viva la fiesta de los toros!», «¡Visca Catalunya espanyola!» «Visca Montcada, nano!» (dirigido a Serafín Marín, natural de esa localidad barcelonesa). Gritos contra un locutor de Canal Sur que emite en voz alta: «¡Esto en Sevilla no te lo dejarían hacer! ¡Para una radio ya nos quedábamos en casa!».

«Juzgando por el entusiasmo que he visto por los toros bajo la República, la fiesta moderna continuará en España…» Lo escribió Hemingway en 1931 para su libro-reportaje «Muerte en la tarde», un clásico del toreo inspirado en Goya. La prohibición con argumentos animalistas, proseguía, es un atentado contra el toro bravo al que se dice proteger: «Son producto de numerosas generaciones y de selecciones cuidadosas, como los caballos de carreras, y cuando se envía una casta al matadero, esa casta se acaba». Los «animalistas», concluía, «son capaces de mayor crueldad con los seres humanos que quienes no se identifican espontáneamente con los animales».

Entre la resistencia, la resignación, la expectación y el desasosiego, José Tomáspuso de pie al respetable. «¡Música maestro!», pide la grada. La música —nos parece oír el pasodoble a Manolete— no puede competir con el silencio que concita el maestro: durante un instante eterno, sólo se oye la voz del diestro. Pide toro como Messi pide balón y cuando lo tiene en su dominio… hace arte. Le da un par de pases al morlaco, toreo de dibujos animados, y lo deja pasmao como un defensa sin cintura. Escudriña al animal por ambos flancos hasta dar la estocada. Pañolada: la plaza es una inmensa tempestad de algodón.

Indignación taurina

Hubo de todo en la última tarde de la Fiesta. Conjunción entre trajes de luces y los flashes del tendido. Momentos luminosos y fases depresivas de domingo crepuscular, cuando parece que ya nada importa. Serafín Marín exhibía capote psicodélico, obra de María Franco, con la palabra «libertad». ¿Convertirán la Monumental en un circo o en el enésimo templo comercial como las Arenas? La indignación taurina no es la de los repetidores de eslóganes de Hessel; va contra una torpe maniobra política que dice responder a los anhelos de una población que habrá de pagar de su bolsillo la indemnización a la empresa Balañá. La indignación taurina que deja caer lágrimas en la arena convoca una memoria histórica que nada tiene que ver con la que patrocina el poder. Es la del abuelo que incomoda al recordar que en lo años treinta podía encontrarse al presidente Companys en la plaza.

Es el momento de decidir con qué palabra nos quedamos para definir lo que pasará con los toros en Cataluña: ¿Resistencia? ¿Resignación? ¿Expectación? ¿Desasosiego? El último toro de ayer llevaba por nombre «Duda alegre». ¿Dudarán los que prohíben o los aficionados catalanes deberán repasar la lengua francesa para cuando lo grana empiece en los Pirineos?

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