Economía

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El dilema de Angela Merkel

La canciller está viviendo una rebelión dentro de su propio partido, la CDU democristiana, por parte de los que se oponen a una mayor implicación de Alemania en el rescate de los países endeudados

Día 11/08/2011

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En los vacíos pasillos de la Comisión Europea los expertos y funcionarios que no están de vacaciones siguen muy de cerca un debate del que depende probablemente el futuro del euro. No se trata de anticipar el pensamiento de los anónimos operadores de los mercados financieros ni de tratar de prever la evolución de las cotizaciones. Una vez más, el futuro de Europa se define en Alemania, en una lucha terrible entre los que creen que no se puede poner en riesgo su modelo económico por intentar salvar de la bancarrota —hasta ahora sin éxito— a los países endeudados, y los que piensan que la economía alemana no sobrevivirá de todos modos si el euro sucumbiera. Como muchas otras veces, el presidente Barroso prefiere mantener un papel de perfil bajo porque cree que sus intervenciones pueden ser utilizadas como munición por sus enemigos para atacar a la canciller Angela Merkel.

En realidad, Merkel está viviendo una rebelión dentro de su propio partido, la CDU democristiana, por parte de los que se oponen a una mayor implicación de Alemania en el rescate de los países endeudados. En medio de la euforia por el descenso del diferencial de las deudas de Italia y España, se pasó por alto que los representantes del Bundesbank en el consejo del Banco Central Europeo (BCE) votaron en contra de la decisión de comprar bonos de estos países. El dogma para los principales economistas alemanes consiste en que si Alemania aceptó sumarse al euro fue porque se aseguraron de que el BCE mantendría los mismos criterios de independencia que los que gobernaron su antiguo banco emisor y que su objetivo primordial sería luchar contra la inflación. Ahora consideran que esta decisión «ha causado graves daños a su reputación y no la podemos aceptar nunca más», en palabras de Manfred Neuman, uno de los asesores del presidente del Bundesbank, Jens Weidman.

En la cumbre del eurogrupo del pasado 21 de julio, Merkel se vió obligada a declarar abiertamente que «para Alemania, la UE y el euro son las bases de la prosperidad y la paz y la mayor inversión para el bienestar de nuestro país», pero en este momento no está claro que todos los miembros del grupo parlamentario que le apoya piensen lo mismo. Philipp Missfelder, jefe de las juventudes democristianas e influyente en el estratégico Land de Hesse, ha amenazado con pedir una conferencia extraordinaria del partido en la próxima reunión de la ejecutiva el 25 de agosto si se ha producido alguna nueva decisión para apoyar a Italia. En las filas del aliado minoritario, el Partido Liberal (FDP), las cosas no están mejor para Merkel. En su último congreso, un tercio de los delegados rechazaron el acuerdo de la cumbre del eurogrupo para sustituir el actual mecanismo de estabilidad financiera EFSF (para asistir a Grecia) por el sistema permanente europeo previsto para 2014.

Desde toda Europa se insiste en que la única solución para salir de la crisis es una mayor integración fiscal en el seno de la UE, y en este sentido hay que interpretar las propuestas del ministro alemán de Economía, el liberal Philipp Rosler, de exigir a toda costa que los demás países europeos introduzcan cuanto antes enmiendas constitucionales para evitar el déficit público y se sometan a «pruebas de estrés» antes de pedir ayuda.

En este ambiente, la canciller Merkel se encuentra atrapada y, según la mayoría de los expertos, piensa mantenerse en una posición de equilibrista en la que intentará contener tanto las presiones de Bruselas para que acepte otorgar un mandato al Fondo Permanente de Estabilidad que le permita comprar deuda en el mercado secundario (como pide el BCE para no tener que volver a intervenir), como la ofensiva rebelde de los miembros de su partido que le piden volver atrás en su participación en el rescate de Grecia. Desde fuera, muchos se preguntan para qué le serviría a Alemania vivir rodeado de lo que el ex presidente francés Valery Giscard d'Estaing ha definido como «un campo de ruinas monetarias» en que se habría convertido Europa sin el euro.

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