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Nace la mochila antirrobos

Un matrimonio catalán ha inventado el Bay-watch, una mochila de playa que se clava en la arena y permite dejar las pertenencias cerradas con una llave para poder gozar del baño

Día 10/08/2011 - 01.24h
INES BAUCELLS

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Un matrimonio catalán ha inventado el Bay-watch, una mochila de playa que se clava en la arena y permite dejar las pertenencias cerradas con una llave para poder gozar del baño y evitar los robos que tanto temen los bañistas.

El invento, ideado y patentado por el publicista Rafael Gallego y su mujer, Anna Bosch, nació un día de verano cuando, tomando una cerveza en un chiringuito de playa, vieron como un ladrón robaba "sin ningún tipo de problema" unas gafas de sol de uno de los bañistas.

Fue a partir de ese momento cuando la pareja decidió ponerse manos a la obra yempezar a diseñar un esbozo "en una servilleta de papel" de como podría ser una bolsa que eliminara del imaginario de los bañistas los siempre recurrentes turnos para vigilar las pertenencias y evitar que alguien las robe.

La mochila está hecha de un material de plástico rígido, resistente al calor e impermeable que incluye una pieza en forma de pala que permite clavar la mochila en la arena, lo que, según sus inventores provoca que el ladrón deba realizar una fuerza de unos 20 kilogramos para sustraerla.

En la parte frontal, el Bay-watch tiene un compartimiento suficientemente grande para guardar la toalla, la crema solar y las gafas de sol y cerrarlas con una llave resistente al agua.

Además, su forma ovalada permite que la mochila pueda hacer la función de cojín pasando parcialmente desapercibida debajo de la toalla.

"La mochila se puede desenterrar, lo que pasa es que el ladrón necesita hacer un movimiento que puede llamar la atención a la gente que esté alrededor", señala el coinventor del Bay-watch Rafael Gallego, que reconoce que la idea del producto es "ponérselo más complicado" al ladrón.

Después de diseñar el Bay-watch a través de unos esbozos "muy básicos", Anna y Rafael trasladaron sus dibujos a unos diseñadores industriales que se encargaron de desarrollar la idea de una manera "más técnica y profesional".

De momento el producto, que cuenta con tan sólo diez prototipos, no ha encontrado salida comercial, por lo que su inventor está buscando inversores que ayuden a catapultar esta idea familiar para el gran consumo.

Pese a ello, sus inventores calculan que, si el Bay-watch se fabricara en España, su precio podría rondar los 50 euros.

Mientras Rafael y Anna esperan que algún socio potencial se fije en su idea para comercializarla, el Museo de Ideas e Inventos de Barcelona (MIBA) expone en su espacio Sociedad Limitada éste y más objetos ideados por inventores independientes, empresas o centros tecnológicos.

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