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Batalla campal ante Interior

Los antidisturbios responden con contundencia a los «indignados» que intentaron tomar el Ministerio. Detenido un periodista de lainformacion.com que contaba en directo la protesta

Día 05/08/2011 - 10.38h
VÍCTOR LERENA
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Se acabaron las contemplaciones. Tras casi tres meses de revueltas, la Policía Nacional cargó la noche del jueves con contundencia contra un grupo de unas 300 personas del movimiento 15-M. Ocurrió en pleno paseo de la Castellana, después de que los manifestantes cortaran el tráfico de las principales avenidas del centro y acorralaran a un guardia civil que custodiaba el Ministerio del Interior. La revuelta callejera se prolongó por la Castellana hasta la altura del Hotel Villa Magna. El grueso de los alborotadores comenzó entonces a dispersarse, algunos hacia Colón y otros por el vecino barrio de Salamanca.

A las once menos cuarto de la noche, varios centenares de personas llegaban al número 5 del paseo de la Castellana, donde está Interior. Cercaron uno de los costados del edificio, custodiado por un guardia civil de uniforme que mantenía el tipo. Hasta que el gentío le rodeó contra uno de los portones de la finca y un joven colocó sobre la placa del Ministerio una pancarta con el lema «Islandia es el camino». El agente no se lo pensó dos veces y rápidamente quitó el cartel. Entonces, numerosas personas comenzaron a colgar sus pancartas en el enrejado de la puerta. Todo estaba siendo grabado por las cámaras de videovigilancia de la institución y por el helicóptero de la Policía Nacional.

La tensión iba creciendo por décimas de segundo. Uno de los alborotadores, de estética «okupa», le quitó de un manotazo la gorra al guardia civil y la lanzó hacia la muchedumbre. Este mal gesto fue afeado por la mayoría de los «indignados», que le devolvieron la gorra al funcionario policial. Pero el estallido ya había llegado. Segundos después, los cinco primeros furgones de «antidisturbios» hacían acto de presencia y comenzaba la batalla campal. Los policías fueron recibidos con gritos y lanzamientos de botellas y latas de bebidas. Los agentes respondieron muy contundentemente.

El primer detenido

Golpearon a quienes les agredían y se resistían a alejarse del edificio, en un intento de llevar al grueso de la algarada hacia el bulevar del paseo. La primera carga apenas duró cinco minutos, pero se saldó con un primer detenido, algún policía mareado y bastantes manifestantes contusionados. Aunque el tráfico estaba cortado, sí había personas en las terrazas de los bares más cercanos, que miraban atónitos las escenas de violencia.

Los «indignados» hicieron amago de alejarse del Ministerio y enfilaron Castellana hacia el norte. Pero los más envalentonados se resistían y no paraban de insultar a la Policía. Los «antidisturbios» se replegaron en grupos pequeños, formando una especie de barricada, mientras llegaban desde Colón más y más «lecheras», que cortaron el paso.

La estrategia policial era clara: arrinconar a los alborotadores hacia el otro lado, encerrarlos y conseguir que se fueran dispersando. Pero pasadas las once de la noche se produjo una segunda carga, con la misma contundencia que la anterior. Esta vez, la mayoría de los golpes se propinaron en los laterales de la avenida, junto a los carriles que llevan hacia el norte de la ciudad. Allí pudo verse a gente con la cabeza abierta.

Mientras algunos manifestantes pedían a la Policía que avisaran a más médicos (cosa que hicieron), el grueso enfiló Castellana arriba, seguidos por los «antidisturbios», que sumaron alrededor de un centenar en el despliegue. Una vez llegaron al cruce con la calle de José Ortega y Gasset, muchos decidieron seguir hacia la calle de Serrano. Otros, «achuchados» por los agentes , bajaron hacia Colón, donde el caos de tráfico era ya más que evidente. La Policía Municipal se las veía y se las deseaba para reorganizar el tránsito de vehículos, tanto los que venían desde Cibeles como los que llegaban desde Goya, que sólo tenían la posibilidad de subir por Génova.

Regreso a Sol

Poco antes de la medianoche, unas 150 personas realizaron una improvisada asamblea en la plaza de Cibeles. Decidieron ir de nuevo a la Puerta del Sol, que continuaba custodiada por la Policía y cerrada a cal y canto.

El Samur atendió a 13 manifestantes por contusiones de distinta consideración, aunque ninguna de gravedad. Algunas fueron trasladadas a centros hospitalarios para que les practicaran puntos de sutura, informaron fuentes de Emergencias Madrid. Además, siete policías nacionales también tuvieron que ser atendidos por los médicos. En cuanto al número de detenidos, a las doce y media de la madrugada de hoy eran cuatro, incluido un periodista de lainformacion.com que cubría las protestas en directo y que fue llevado de madrugada a la Comisaría de Moratalaz.

Atrás quedaban doce horas de «paseos» por el centro de Madrid. A última hora de la tarde, unas 500 personas intentaban pasar por los diez accesos a la Puerta del Sol. Luego, cortaron la Gran Vía, Alcalá, Cibeles y Recoletos-Castellana.

Este viernes han convocado otra marcha a las 20.00 horas desde Atocha hasta el ministerio del Interior y, posteriormente, se trasladarán hasta la Puerta del Sol.

Rubalcaba da oxígeno al 15-M

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