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Cataluña / AJUSTE DE IDEAS

Oposición para salir del paso

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De momento, el PSC ensaya una nueva y desconcertante estrategia de oposición pensada para salir del paso cuando no se tiene nada que decir

Día 20/07/2011 - 09.50h

Cuando en 2003 CiU fue desalojada del poder por el primer tripartito se llegó a decir que el republicano Josep Lluís Carod-Rovira sería recordado como el hombre que hizo posible la alternancia democrática en Cataluña después de 23 años de gobiernos nacionalistas y, sobre todo, como el líder que arrebató al nacionalismo la patente de exclusividad sobre Cataluña. Según se subrayaba entonces, con aquél pacto de gobierno ERC dejaba definitivamente atrás la adolescencia y el socialismo catalán adquiría una deuda de gratitud eterna con el dirigente independentista que tendió la mano al PSC para convertirlo en un partido «tan catalán» como ERC o la propia Convergència i Unió.

Pero como no hay tarea tan simple que no pueda hacerse mal, ni la alternancia en el poder resultó saludable, ni Esquerra es políticamente adulta, ni el socialismo catalán ha puesto rumbo a nuevos horizontes... Y ni qué decir tiene que Carod-Rovira no será recordado por su contribución a la gobernabilidad y al buen hacer de los dos tripartitos de izquierdas. En aquél invento, todo lo que podía salir mal, salió aún peor, de modo que flaco favor hizo Carod a Cataluña, a ERC y al PSC.

Ocho años después, socialistas y republicanos intentarán arreglar en sus respectivos congresos lo que desarreglaron a fuerza de contradicciones y frivolidades mientras gestionaban la crisis y administraban el dinero de los catalanes. Es de suponer —porque entender no se les entiende prácticamente nada— que el objetivo de ambas formaciones es volver a conectar con sus bases para, a partir de ahí, reconciliarse con los ciudadanos. De momento, el PSC —que como en sus años mozos se debate entre la confrontación radical y la crítica constructiva al Govern— ensaya una nueva y desconcertante estrategia de oposición pensada para salir del paso cuando no se tiene nada que decir: el clásico ni sí, ni no, sino todo lo contrario. «Sí» a la investidura, «no» a los presupuestos para 2011; «sí» a la ley ómnibus, «no» (se aceptan apuestas) a los presupuestos para 2012... Una forma bastante marrullera de ganar tiempo, justo cuando lo que no hay es tiempo.

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