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Columnas / AD LIBITUM

Estamos arruinados

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Estamos arruinados, y de lo que debe tratarse es de salir de la ruina. No de tener razón y humillar al adversario

Día 13/07/2011

NO conviene deprimirse con la que se nos viene encima. Según demuestra la experiencia, en la mayoría de las ocasiones adversas es preciso hundirse hasta el fondo para que broten las soluciones más sabias, las capaces de conseguir que los grandes males encuentren grandísimos remedios. Dicho en el lenguaje de la calle, en el que hablan entre sí Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, el que no quieren utilizar Elena Salgado ni su equivalente italiano, Giulio Tremonti, estamos arruinados. De hecho, lo estábamos ya hace años, cuando señalábamos con el dedo a Grecia, Irlanda y Portugal; pero ahora, al alimón con Italia, ya se nos nota. No pasa nada. Como, con poco éxito, predicaban los sabios de Roma cuando formábamos parte de ella, la felicidad reside en el vivere parvo. Hay que vivir con lo que se tiene y se puede. No, como venimos haciendo en ejercicio de insensatez colectiva, jaleado por los gobiernos que se suceden desde hace tres décadas, tirando la casa por la ventana y confiando en el Estado con la fe con que los muy piadosos tienen en la Providencia.

Tampoco resulta conveniente, ni útil o satisfactorio, aprovechar la circunstancia para que el PP, en vísperas de poder, se deje atrapar por la tentación de alancear al PSOE, ya decaído, por su autoría de la calamidad presente. Las desgracias tienen más padres que los éxitos y sería injusto reservarle a José Luis Rodríguez Zapatero y su sucesiva caterva gubernamental la responsabilidad única de tan lamentable situación. Buena parte de ella les corresponde a los partidos políticos de ámbito nacional, vistos en su conjunto, por el entusiasmo autonómico que mostraron en el calor de la Transición y del que se derivó un Título VIII de la Constitución en el que se asienta un modelo de Estado que, bueno o malo, no nos podemos permitir. Escapa del vivere parvo al que, con alegría o tristeza, debemos someternos.

Como es costumbre, y más en las fechas vacacionales en las que estamos, unos y otros tratarán de echarle tierra al fuego y esperar a que llegue la vendimia. Nada habrá mejorado para entonces. Urgen soluciones drásticas, enérgicas y pactadas entre los pesos pesados de la partitocracia, que de la política no los tenemos. La ocasión no es para discursos brillantes ni señalamientos acusadores. Menos todavía para cerradas defensas de orgullo y dignidad militante. Estamos arruinados y de lo que debe tratarse prioritariamente es de salir de la ruina. No de tener razón y humillar al adversario. Hay cinco millones de españoles, crecientes en número, más arruinados que los demás. Sería tremendo que esos fueran los indignados.

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