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Un relevo sensato

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El nuevo Gobierno solo tiene de progresista la adscripción de Camacho a la Unión Progresista de Fiscales

Día 12/07/2011

CON buen sentido, con el que le faltó en ocasiones anteriores, José Luis Rodríguez Zapatero ha recompuesto su Gobierno con prudencia, sin mayores gestos ni gastos. Se ha limitado a redistribuir las funciones del saliente Alfredo Pérez Rubalcaba entre tres veteranos de su equipo. Debe de ser que, como reza el título de la comedia de Manuel Bretón de los Herreros, liberal de pura cepa, A la vejez viruelas. Hasta Zapatero es capaz de aprender con la experiencia. Amortizar una vicepresidencia es, aunque solo se trate de un gesto, algo plausible y, como nos enseñaron los indios en las películas del Oeste, no resulta prudente cambiar de cabalgadura cuando se vadea un río. Elena Salgado ya trata de tú a sus equivalentes europeas y, aunque su talla política no sea grande, resulta gigantesca frente a la mayoría de sus compañeros de equipo, Manuel Chaves incluido. Antonio Camacho pasa, en términos hosteleros, de la cocina a la sala, pero sin dejar de sostener la sartén por el mango. Significa la continuidad y la certeza en Interior, algo deseable, y su pátina progresista está en la estética, más que en el fondo, del deseo presidencial. Con José Blanco en las funciones de Portavoz todos salimos ganando: Zapatero en confort y cercanía, el PSOE en concordancia y los demás, incluidos nosotros, los ciudadanos, en verosimilitud. El ahora candidato Rubalcaba parece sentirse obligado a demostrar su astucia de modo permanente y ello nos obliga a los cautos a someter a cuarentena las cosas que dice; pero el también titular de Fomento practica la elegancia de la sencillez y resulta, por elemental y llano, creíble.

Si, como predicaba Miguel de Unamuno, cuando se apuntó a la Unión Socialista de Bilbao, «el progreso consiste en la renovación», el nuevo Gobierno solo tiene de progresista la adscripción de Camacho, su nuevo titular de Interior, a la Unión Progresista de Fiscales. Tampoco le hace falta ir más allá por el camino doctrinal. La tarea que de él se espera es la de culminar y poner en funcionamiento las reformas del sistema financiero y del mercado de trabajo que, además del sentido común, nos vienen demandando Bruselas, el FMI y cuantas superestructuras operan en el delicado mundo de la economía y el delicadísimo del euro. Cabe suponer que es un Gobierno de cercanías, para llegar entero a unas elecciones anticipadas; pero, dadas las restricciones presupuestarias que neutralizan la actividad de sus abundantes miembros de menor enjundia y más escaso rango político e intelectual, puede también llegar a ese final de trayecto de la legislatura en el que le gustaría apearse al de León.

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