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JAVIER MOLINERPolítica sin gresca

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«Si los políticos suponemos el tercer problema es porque no sabemos solucionar los dos primeros». El presidente de la Diputación de Castellón se propone revertir esa tendencia

Día 10/07/2011

CASTELLÓN

La Diputación de Castellón vivió el pasado lunes un momento histórico por desacostumbrado: su primer pleno en muchos años sin gresca. La corporación aprobó, con unos oponentes políticos abonados caballerosamente a la abstención, la iniciativa del nuevo presidente de la institución de establecer un recorte económico del 30 por ciento. El vetusto salón del Palacio Provincial parecía una cámara envasada al vacío: ni una palabra más alta que otra, sin reporteros de «El intermedio» pululando micrófono en ristre por los pasillos, sin alusiones hirientes a episodios ajenos al orden del día. Ese lunes, la Diputación de Castellón abrió una etapa en la que habrá que reinventar muchas cosas, pero cuya prioridad, fijada desde el minuto uno por Javier Moliner (Castellón, 1975), es recuperar el crédito de la clase dirigente ante los ciudadanos.

La mayoría no puede estar equivocada: si los políticos constituyen la tercera preocupación de los españoles, según el barómetro del CIS, alguna razón habrá. Moliner no tiene inconveniente en reunirse con la oposición —en público o en privado— las veces que sea preciso para sacar adelante iniciativas que considera de interés común; fue una práctica habitual en sus años como vicealcalde de Castellón, y lo va a seguir siendo ahora. ¿Eso se llama marcar distancias con su predecesor, Carlos Fabra? No exactamente; más bien imprimir un estilo diferente. «Tenemos la obligación de interpretar con exactitud el mensaje que los electores nos enviaron el 22 de mayo. Es verdad que con respecto a Fabra hay un salto generacional de treinta años, pero en esencia compartimos los objetivos. Ahora de lo que se trata es de transformar ese mensaje que nos han trasladado en una línea estratégica que nos permita dar respuesta a lo que nos demandan los ciudadanos: que nos ocupemos de lo que a ellos les preocupa, no de otra cosa».

Lo importante y lo accesorio

Debe de ser por eso por lo que relativiza la importancia de que la provincia haya situado un solo representante —la consellera de Infraestructuras, Isabel Bonig— en el nuevo gabinete de Francisco Camps; o que acoja como algo tan deseado como inevitable el proceso integral de renovación enfilado por el PPCV de la mano de su presidente y del que él mismo es, naturalmente, un claro exponente.

Otro espíritu reivindicativo

Alberto Núñez Feijóo, María Dolores de Cospedal, José Ramón Bauzá... Moliner relaciona esa «nueva» hornada de dirigentes del PP con la sacudida que el presidente de la Generalitat ha dado tanto al Gobierno autonómico como a las siglas que lo sustentan. De hecho, apunta, Camps fue el que abrió camino. «Todo se está haciendo con lealtad y cordialidad, y esa renovación de líderes ha potenciado un partido de centro que, sin complejos, se sitúa en ese espacio de sensatez en el que se acaba logrando conectar con la sociedad».

Pero Moliner tiene vocación de político de Castellón, algo que invariablemente lleva ligada la «obligación» de exhibir ardor reivindicativo de vez en cuando. «Exigiremos todo aquello que sea justo para la provincia y no me temblará la voz en pedirlo. Pero entiendo que se debe reivindicar desde la lealtad institucional y con voluntad de colaboración. Exigir de otra forma no tiene mucho sentido en los tiempos que corren».

Un nuevo estilo ajustado a eso, a los tiempos. Es lo quiere representar Moliner con la esperanza de que los políticos sean «solucionadores de problemas y no sus generadores: si somos el tercer problema es porque no hemos sido capaces de resolver el primero y el segundo». Va a por ello.

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