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Los premios Rey Jaime I

«He de reconocer el orgullo que nos produce en la fundación conseguir que unos veinte premios Nobel, cada año, acudan a nuestras reuniones, lo que creo no ocurre en ningún sitio. Lo curioso es que los más conscientes del valor de reunir a tantas eminencias fueron los jurados»

Día 25/06/2011

EL pasado 31 de mayo, durante el anuncio de la celebración de la XXIII reunión de los jurados de los premios Rey Jaime I, en el Casino de Madrid, diversas personalidades que nos acompañaban en el evento y de cuya amistad me enorgullezco, como Isabel Tocino, el presidente de la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados, Rafael Aznar, y el conseller de Educación, Alejandro Font de Mora, me felicitaron por los premios, y me pidieron detalles sobre lo que representaban y cómo se crearon.

Todos ellos me atribuían la idea original de la creación de los premios. Por ello, y ante su insistencia y el amable ofrecimiento de mi querido amigo Santiago Castelo, que también participó de esta presentación, me he animado a escribir esta Tercera de ABC.

Poco después de mi regreso de los Estados Unidos, hace 33 años, en una época en la que en España las fundaciones eran raras, un par de jóvenes y muy activos empresarios, Vicente Iborra y su amigo íntimo, Ramón Rodrigo, me embarcaron en la creación de la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados.

Me hice muy amigo de Ramón Rodrigo, que hablaba con entusiasmo de la creación de la fundación. Desgraciadamente, Ramón murió poco después; pero su viuda, Mari Carmen Casañ, deseosa de ver realizada aquella idea que tanto había ilusionado a su esposo y para la que este, según ella nos indicó, había dejado reservados unos fondos en su testamento, los donó para su creación. Vicente Iborra, que conocía a otros empresarios valencianos, los convenció para que integraran el patronato de la Fundación, y juntos viajamos hasta el Ministerio de Educación, en Madrid, donde en aquella época era necesario realizar el registro de las fundaciones.

Allí recibimos una grata sorpresa: cuando ya nos marchábamos del despacho correspondiente, la persona que nos atendió nos preguntó si estaríamos interesados en recibir unos fondos procedentes de una donación. Nos quedamos perplejos, pero inmediatamente aceptamos encantados el dinero donado por la hija de don José Pastor Fuertes, que, siguiendo las indicaciones de su legado, había sido ofrecido en su momento a varias entidades universitarias en Valencia, aunque al parecer no les había interesado. El entonces presidente de la Fundación, don Silvino Navarro, fue nombrado albacea e hizo un espléndido trabajo. La donación del señor Pastor Fuertes incluía un gran número de entidades, además de la cantidad que debía ser destinada a una fundación y que nosotros recibimos.

Una vez constituida la fundación, se incorporaron al patronato diversas empresas, entre las que figuraba don Juan de Herrera, Marqués de Viesca de la Sierra, a la sazón presidente de Petromed. Durante una de las reuniones del patronato de la fundación, don Juan sugirió la idea de crear un premio científico de importante cuantía económica porque le preocupaba el desarrollo de la ciencia en España. Don Juan era muy amigo de S. M. el Rey D. Juan Carlos, al que acompañaba en algunas ocasiones, y propuso realizar una visita al monarca para presentarle nuestro proyecto, solicitarle su ayuda y ofrecerle la presidencia del premio. El Rey nos recibió con su simpatía habitual, y cuando don Juan de Herrera le explicó que había pensado en darle el nombre de premios Rey Jaime I, don Juan Carlos se mostró muy complacido, ya que nos dijo, con su cordialidad y su campechanía entrañables, que su nombre ya lo habían utilizado muchas veces. Su Majestad nos indicó, como así ha sido desde entonces, la ayuda de la Casa Real.

Quisiera destacar las características principales de estos premios, que creo los hacen únicos. La primera es promover la ciencia en España. Como muestra de su implicación en el problema, el Rey no solo aceptó la Presidencia de Honor de los premios, sino que se decidió que anualmente la Casa Real presidiría, representada por alguno de sus miembros, el solemne acto de entrega de los galardones. Así pues, la primera ceremonia de entrega fue presidida por S. A. R. el Príncipe de Asturias. Por ello, desde estas páginas, aprovecho la ocasión para agradecer de todo corazón la constante y generosa ayuda que de forma ininterrumpida nos han aportado todos los miembros de la Familia Real, la cual ha sido coordinada y organizada con la nunca suficientemente reconocida colaboración de los Jefes de la Casa Real.

La segunda característica es la calidad excepcional de los jurados, especialmente jurados extranjeros y personalidades de reconocido prestigio mundial. Naturalmente, contamos con la ayuda inicial del profesor Severo Ochoa, y poco a poco con la de un número de importantes personalidades, entre ellas muchos premios Nobel. Ello tiene como función, en primer lugar, dar a conocer a los grandes representantes de la ciencia internacional a los científicos españoles, que con el momento de crecimiento exponencial de la ciencia hace difícil conocer en detalle la labor de muchos científicos españoles, ya que es imprescindible que los candidatos hayan efectuado la mayor parte de su labor profesional en España. Así, anualmente los miembros del jurado, con un mes de anticipación a la reunión en Valencia para las deliberaciones finales, reciben la documentación aportada por los candidatos.

He de reconocer el orgullo que nos produce en la fundación conseguir que unos veinte premios Nobel, cada año, acudan a nuestras reuniones, lo que creo no ocurre en ningún sitio. Lo curioso es que los más conscientes del valor de reunir a tantas eminencias fueron los jurados. Hace tiempo, en la fundación pensamos que, a fin de tener una mayor presencia en la sociedad durante el año, sería conveniente reunir a los jurados de cada una de las diferentes categorías en un mes distinto al de los premios Nobel que nos acompañan. No les gustó la idea en modo alguno, y nos encanta reunirlos simultáneamente.

La tercera característica única es que durante la reunión de los jurados, y desde sus primeras ediciones, se invita a un grupo de estudiantes universitarios y licenciados a conocer personalmente a los miembros del jurado. Así, en la comida de trabajo del primer día de deliberaciones, estos estudiantes comparten mesa con el jurado. Ahora forma parte de las actividades del Campus de Excelencia de las Universidades de Valencia y la Politécnica de Valencia como elemento distintivo. Por experiencia propia sé que el conocer a premios Nobel es una vivencia que no se olvida.

Y finalmente, la última característica es que se concretó conceder a cada galardonado una cuantiosa cantidad, un diploma y una gran Medalla de Oro, similar a la que se concede a los premios Nobel, para que la conserven siempre y constituya un motivo de orgullo para sus familias y las instituciones en que desarrollan su labor de investigación.

En 1998 se creó el Alto Consejo Consultivo en I+D+i de la Presidencia de la Generalitat, del que forman parte los galardonados con los premios que así lo desean. Los miembros del mismo celebran encuentros por comisiones, que corresponden a las diferentes modalidades del premio varias veces al año, una de ellas en Pleno, con lo cual los diferentes premiados con profesiones y conocimientos distintos se conocen entre sí, y yo siempre aprendo algo. Ello ha creado un grupo que puede ser de una importancia capital para asesorar por sus conocimientos científicos y conexiones internacionales, con independencia de las tendencias políticas o geográficas.

Espero que los lectores coincidirán con nosotros, nuestros generosos patrocinadores y nuestros patronos, sin cuyo apoyo los premios se extinguirían. Que yo sepa, no hay premios con las características indicadas, lo que me alegra porque, sin falsa humildad, pueden y deben ser continuados por el bien de España y de la ciencia.

SANTIAGO GRISOLÍA ES PRESIDENTE EJECUTIVO DE LOS PREMIOS REY JAIME I

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