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Celso Albelo: «No sueño con metas, me preparo para alcanzarlas»

Día 25/06/2011 - 19.03h
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El tenor canario, que debutará próximamente en los Proms y en el Covent Garden, participará el miércoles en una gala en el teatro de La Zarzuela

Celso Albelo: «No sueño con metas, me preparo para alcanzarlas»
ISABEL PERMUY
Celso Albelo, durante la entrevista en el Círculo de Bellas Artes

A Celso Albelo no le gustan las fotos, al menos cuando está a pie de calle y no sobre un escenario. Sin embargo, es algo a lo que deberá acostumbrarse pues está llamado a convertirse en uno de los grandes tenores españoles. Nacido en Tenerife hace 35 años, llegó a la música por casualidad. La tuna universitaria fue su iniciación.

De ahí pasó al conservatorio y después a la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid, donde recibió lecciones de Tom Krause y Manuel Cid, con el que sigue trabajando. Un curso, a las órdenes de Carlo Bergonzi, en la Academia de Busseto le abrió el camino hacia los grandes escenarios de la lírica, como la Scala de Milán y la Fenice de Venecia —donde tuvo que ofrecer un «bis» de «L’elisir d’amore»—.

Participó en el «Rigoletto» que ofreció la pasada temporada el Real, donde Leo Nucci —persona fundamental en su trayectoria— hizo historia al interpretar un «bis» en el teatro madrileño. Le esperan otras citas importantes, como el Covent Garden, donde debutará el próximo otoño con «La Sonambula», la Ópera de Munich y Berlín, pero antes, en julio, participará en los Proms londinenes con «Guillermo Tell», ópera que le ha procurado extraordinarios momentos en su carrera.

Ganador, entre otros, del premio al Cantante Revelación que otorga la Fundación Teatro Campoamor de Oviedo, por «Puritani», el día 29 estará en el Teatro de la Zarzuela, junto a otros 22 cantantes españoles —Rey, Montiel, Moreno, Machado, Orfila, Corujo...—, en una gala lírica a beneficio de la Asociación San Juan de Adeje.

—De la tuna al Covent Garden, ¿me lo puede explicar?

—Empecé estudiando Historia del Arte, y en una de las clases apareció la tuna y me pareció interesante. Allí me di cuenta que me gustaba y me apunte a clases particulares de canto, pero como hobby. Mi profesora, Pilar Castro, fue quien me animó a ir al conservatorio porque decía que tenía talento.

—Tres años en el Conservatorio y da el salto a la Península, a la Escuela Reina Sofía, y más tarde a Italia...

—Sí quería salir de la isla. Tras la Reina Sofía empecé a hacer audiciones y no tuve mucha suerte, y me fui a hacer un curso con Bergonzi. Allí me escuchó Leo Nucci.

—Que cambió su vida...

—La gente conoce al artista, pero yo tengo el honor de encontrarme entre sus amigos, lo que me permite aprender fuera y dentro del escenario. Di un concierto allí, en Busseto, y me preguntó con quién trabajaba, y le dije que no estaba trabajando, y él pensó que estaba siento humilde pero era la verdad (se ríe). Entonces me pidió los datos y tres días después me llamó su agente, y hasta el día de hoy.

—De ahí a la Ópera de Zurich, para interpretar «Don Pasquale»: la Scala, la Fenice, el Liceo. ¿Alguna vez se imagino que cantaría en estos escenarios?

—Ni de cerca. Muchas gente me pregunta sobre mi sueño a realizar, y siempre digo que ya lo cumplí y fue poder hacer lo que me gusta y cobrar por ello, todo lo que venga de más es un regalo.

—¿Con qué sueña Celso Albelo?

—No sueño con cantar, si no con otras cosas. Soy una persona muy familiar, y sueño con cosas normales. Al menos dormido. Y despierto, no es que sueñe con alcanzar metas, si no que me preparo para ellas.

—Se ha hablado mucho del «bis» de Nucci en el Real, y de los que ofreció Juan Diego Flórez en la Scala y en el Met, pero usted también ha probado esa sensación en la Fenice...

—Eso fue emocionante. La gente que participaba en aquella ópera era estupenda. Soy de los que piensan que el espectáculo no es cuestión de egos, y sí de remar todos en la misma dirección. Así todo sale mejor. Llegó el momento de «Una furtiva lágrima» y pasó lo que pasó... (se ríe). Unas veces las cosas salen bien y otras no tan bien, pero lo importante es mantener la regularidad. Ni en mis mejores sueños lo hubiera imaginado.

—Su procedencia canaria le habrá valido muchas comparaciones con Alfredo Kraus, ¿le pesan?

—Para mí es un honor, pero tengo muy claro qué representa Kraus para la música y la cultura de este país. Es un referente absoluto, y si me acerco un poco a él será porque no lo estoy haciendo mal del todo. Pero él tenía su personalidad y yo estoy formando la mía.

—Otro canario que ha comenzado a tener mayor repercusión, tras la sustitución de Marcelo Álvarez en «Andrea Chenier» en el Teatro Real, es Jorge de León...

—A Jorge le llegó la oportunidad y estaba preparado para ella. Somos muy amigos, pues nacimos en la misma ciudad. Me llamó para decirme que tenía que salir en el Real, y pasó lo que tenía que pasar... Lleva muchos años trabajando para ello.

—Usted debutará en julio en los Proms, y más tarde en el Covent Garden, donde cantará «La sonambula».

—Es la cuarta vez que trabajo con Pappano, con él hice el «Guillermo Tell» en Roma, y ahora ha querido contar conmigo otra vez en los Proms, y lo vamos a grabar con EMI. Es una especie de presentación oficial. A propósito de las comparaciones, alguien me recordó que voy a debutar en el Covent Garden con un año menos que el maestro Alfredo (bromea).

—Su repetorio se centra en el bel canto...

—Tengo muy claro cuál es y de dónde no me puedo salir. En el bel canto puedo moverme bien en casi todo, y lo más dramático que abordo es «Rigoletto», quizá la obra que más he cantado. La carrera hay que hacerla en base a las limitaciones de uno. Ir en contra de ellas es una tontería.

—¿Y cómo se lleva con los directores de escena?

—Nunca he tenido grandes problemas con ellos. Mientras seran respetuosos y las ideas que aporten sean acordes con las que tenía el compositor, no hay problema.

—¿Ha rechazado alguna propuesta por considerar que no era el momento?

—Sí, muchas veces. Actualmente existe la manía de empezar la casa por el tejado. Yo no tengo prisa, pero la gente dice que si llego a tenerla...(risas).

—Debutó con 30 años y en cinco años ha pisado casi todos los grandes escenarios...

—Sí, los que no he hecho los tengo firmados excepto Estados Unidos. Hay conversaciones, pero nada más.

—¿Y en el Real tiene proyectos? ¿Ha hablado con Mortier?

—El tiene una idea clara de lo que quiere hacer, y tal vez mis características no coinciden con sus planes. Si el quiere contar conmigo ya me llamará.

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NATIVIDAD PULIDO Es uno de los artistas más singulares del Renacimiento español. Se dedicó exclusivamente a la pintura religiosa, pero fue tremendamente original

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