Internacional

Internacional / RUTA QUETZAL

«El peruano trabaja de todo»

Los expedicionarios de la Quetzal han vivido un día de actividades ancestrales en la falda de uno de los museos más importantes del mundo e icono de Perú: las Tumbas Reales del Señor de Sipán. Han aprendido los trabajos que, diez siglos atrás, desarrollaban los habitantes de la zona

Día 24/06/2011 - 07.26h
«El peruano trabaja de todo»
ABC
Los ruteros visitaron el Museo Sipan

La Ruta Quetzal no es un viaje de estudios. Tampoco es un campamento de verano ni una escuela de aprendizaje acelerado. Puede ser todo eso junto y mucho más. Como hoy, un día que amanece “tranquilo” en el campamento asentado en el municipio de Chiclayo, capital del departamento de Lambayeque.

Esta región cobra su nombre de la cultura que pobló este lugar antes de la llegada prehispánica, que alcanzó su máximo esplendor entre los años 900 y 1.100 d.C. El lugar donde ha llegado hoy la marea azul de tiendas de campaña de los monitores y 224 expedicionarios es privilegiado, a los pies mismos de uno de los diez museos más importantes y mejores que se han levantado en los últimos años. El Museo de las Tumbas Reales del Señor de Sipán es majestuoso: se dibuja como una pirámide de adobe, rojo, con la rampa de acceso como las antiguas construcciones mochicas y que recrea las construcciones separadas por una plaza hundida y asociadas otras estructuras menores originales de la cultura “sican” o “Lambayeque”.

En pocas horas, los chavales tendrán ocasión de vislumbrar las maravillas que albergan estos complejos piramidales de la mano de su arqueólogo descubridor, Walter Alva, que las halló con su equipo en 1987 y que dirige este museo icono de Perú desde el año 2002. Este prestigioso arqueólogo peruano ya conoció anoche a los quetzales al formarles un pequeño comité de conferencia, en medio de una temperatura que casi cortaba el habla.

Los chavales cavan, tejen y excavan

Pero antes de la visita al Museo, es el turno de saber cómo vivían esos lambayeques y mochicas que poblaron la tierra que tienen bajo sus pies. Y convertirse en uno de ellos por un día. Por eso, en la novena jornada los ruteros madrugan y se ponen manos a la obra. “Ora et labora” la tierra, bajo la conducción del ingeniero agrónomo Rómulo Castro, que adiestra a los muchachos sobre la forma en que deben tratar el suelo para que dé los frutos indígenas: el maíz morado, el pallar, el maíz blanco, el frejol, la zarandaja, el chilo... Les muestra cómo limpiar y acondicionar una zona de labranza (los niños se ponen perdidos de tierra mientras cogen los fardos de aligustres), les ilustra sobre las semillas del cultivo escogido (los chicos se entretienen con un alacrán con el que se topan en el tajo) y, por último, se ponen ajada en mano a cavar para que la tierra procree (si algún padre pudiera verlos en este momento, no se lo creerían).

Encontramos mucho más avezados a los muchachos en el taller de cerámica donde es el alfarero de Cajamarca y trabajador del Museo de Túcume, Agustín Moro, el que hace las delicias de los jóvenes al demostrarles cómo de un bloque de arcilla, una esponja y un cuenco de agua, con un molde de yeso que contiene iconografía variada de los lambayeque, salen auténticas obras de arte. Ceniceros, vasijas, figuras variopintas... en esta “tienda” no falta de nada.

“Los jóvenes están haciendo máscaras de la cultura lambayeque con una técnica ancestral que se mantuvo con los moches, los chimús, lambayeques e incas. Máscaras como ésta –muestra- que es del hombre cangrejero, otra de las figuras que se encuentran dentro del Museo de Sipán. Mi interés es el de formar a nuevos ceramistas para que sean los nuevos forjadores de la cultura lambayecana”, dice con una sonrisa pedagógica este peruano. Ante la atenta mirada de los quetzales, sacude el molde con la arcilla ajustada a la figura y extrae una fantástica réplica del hombre cangrejero, con cabeza de humano y extremidades de cangrejo, que representaba para los lambayeques la divinidad del mar. Esta criatura sobrenatural siempre aparecía en combates épicos para honrar a la deidad Ai-apaec.

Sin distinción de sexos, salvo en los talleres

Para gesto heroico, el de Sandra. Recibe la ovación de sus compañeras del grupo 1 del campamento en el taller inmediatamente contiguo. “Qué bonito –le dicen a la vasija que, muy al estilo Ghost, esta adolescente ha modulado y dado forma gracias a las indicaciones de otro nativo peruano-. Es un buen regalo el día de tu cumpleaños”, le dicen. Otras han sido menos afortunadas que la mañosa joven, pues cuando una de ellas toca la arcilla en el torno se convierte en un símbolo fálico que provoca más de una carcajada y el sonrojo de la protagonista inesperada del taller.

Entre las muchachas si hay otro de estos cursos intensivos de manualidades que triunfa es en aquel en el que una diestra tejedora les enseña a trazar la paja de palma macora y el algodón nativo para lograr hacer collares, pulseras, monederos y bolsos. Serán los regalos más artesanales de estos adolescentes a la vuelta a sus lugares de origen.

Mientras, los chicos prefieren las lecciones para ser un arqueólogo de primera, aunque solo sea por un día. El profesor enseña el dibujo en papel cuadriculado que deben hacer, donde acaban representados gráficamente todos los hallazgos de los yacimientos a escala de 1 x 20. “Es un taller para aprender a realizar los planos en papel numerado y milimetrado, orientado siempre al norte como todas las construcciones encontradas de la cultura lambayeque”, señala el docente.

Posteriormente, se lanzan, pico y pala, a excavar para dar con alguno de los incalculables restos arqueológicos descubiertos, incluso, bajo sus pies. Lo hacen con destreza. Quién sabe si de aquí saldrá un nuevo Alva. Desde luego, voluntad no les falta.

La cerámica y ornamentación, paso a paso

El biólogo Luigui Saavedra nos da la frase clave. Se dedica hace solo dos años a la limpieza preventiva de la cerámica y orfebrería encontrada antes de su pertinente tratamiento en el laboratorio. “Es que el peruano trabaja de todo”, se satisface. Con un pincel y cepillos de dientes, los ruteros sacan brillo a la cerámica sin ser conscientes del incalculable valor histórico que tienen entre sus manos. “Los arqueólogos necesitan hacer una diferenciación antes de llevar la valiosa pieza al laboratorio. Por eso, se hace esta limpieza y se van armando también los fragmentos de las piezas que aparecen rotas. También las rotulan y les dan un código”, agrega Luigui.

Es todo un proceso. De la limpieza y la rotulación, al inventariado puro y duro. En el taller de análisis de la cerámica, la profesora del Museo de Tumbas Reales del Señor de Sipán María Medina mide el diámetro de cada vasija, su altura, su procedencia y filiación cultural, una compleja labor que plasma en el registro de fichas de material arqueológico. Solo queda un paso -el dibujo al detalle de las ornamentaciones de los modelos- para completar la catalogación que deja la vasija lista para entrar en el museo arqueológico.

Los jóvenes, satisfechos, han sido peruanos lambayecanos por un día, aunque no se olvidan de la raíz bajo su dermis. En un aparte del intenso trabajo, un joven intercambia roles con el periodista que cubre la Ruta Quetzal 2011 y le pregunta sobre qué está pasando en España estos días. “Es que vosotros tenéis internet y nosotros no. Quiero saber a quién ha fichado el Madrid”, se lamenta. Salto repentino de diez siglos.

Compartir

  • Compartir

publicidad
Consulta toda la programación de TV programacion de TV La Guía TV

Comentarios:

Sigue ABC.es en...

Álvaro Ybarra Zavala Magazine
Dombass, crónicas desde el frente

Dombass, crónicas desde el frente

Una pequeña habitación con una vieja mesa de reuniones y un escritorio es el centro de operaciones del comandante Alexis en Shakhtars'k

Más historias en AYZ Magazine

Ver el reverso

Fotografías antiguas de ABC
El pueblo de Madrid despide al insigne político español
comprar
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.