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Cataluña / ajuste de ideas

Carod... y van tres

De los cinco políticos catalanes que vivieron desde primera línea de fuego el proceso estatutario, tres han devuelto su carné de militancia y de un cuarto (Joan Saura) apenas se sabe gran cosa.

Día 08/06/2011 - 09.35h

De los cinco políticos catalanes que vivieron desde primera línea de fuego el proceso estatutario, tres han devuelto su carné de militancia y de un cuarto (Joan Saura) apenas se sabe gran cosa. El ex líder de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira, ha sido el último en renegar de su formación política. Se ha ido de Esquerra echando pestes y, aunque no le falta razón cuando se queja de las mil perrerías personales y políticas que ha soportado durante los últimos cuatro años, ha decidido ignorar que es tan responsable como el que más de la escabechina electoral de la formación independentista. Lo es porque pudiéndose haber retirado dignamente cuando supo que resultaba un estorbo para el segundo tripartito, quiso quedarse sólo para tocar la moral a la tropa de Puigcercós. Su intención nunca fue mirar por el dinero de los catalanes —da la risa sólo de imaginar la expresión de Carod intentando cuadrar un presupuesto—; su propósito era fastidiar. El resto, ya lo saben: cerró la boca a cambio de una vicepresidencia de lujo creada ex profeso, desde donde se permitió requisar con fines solidarios un dinero que empezaba a escasear para donarlo a asociaciones amigas, tribus indígenas y escuelas francesas.

El caso es que hace sólo seis años años Pasqual Maragall, Josep Piqué y Carod-Rovira —junto con Artur Mas y Joan Saura— pasaban por ser el núcleo duro del establishment político catalán. El tiempo ha demostrado que nada más lejos de la realidad. Sólo eran líderes electorales, piezas sueltas, incómodas pero circunstancialmente útiles, en manos de las estructuras que —éstas sí— durante décadas y desde la sombra han controlado el poder: los aparatos de los partidos. Maragall fue sacrificado porque el «aparato» del PSC-PSOE no le perdonó su incursión en terreno nacionalista; Piqué fue sacrificado porque, entre otras cosas, el «aparato» del PP no detectó demasiada pasión en su oposición al texto estatutario, y Carod quedó definitivamente arrinconado por defender el «sí» al Estatut frente a un «aparato» que a última hora decidió tragar con el «no» impuesto por las bases.

De una u otra manera, el Estatut acabó con ellos del mismo modo que acabó con la paciencia de los catalanes. Así empezó todo, aunque lo fácil siga siendo echar las culpas al Estado y al Tribunal Constitucional.

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