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Leonard Cohen, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011

El poeta y músico canadiense, de 76 años, es una de las piedras angulares de la canción popular del siglo XX

Día 01/06/2011 - 13.39h
EFE

La música popular vuelve a estar de enhorabuena. Si hace cuatro años era Bob Dylan, ahora lo ha sido Leonard Cohen, al que le ha sido concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011. Dylan obtuvo el de las Artes en 2007, y el matiz puede tener más sentido del que cabría imaginar. Porque si el artista norteamericano ha creado una obra literario-musical cuya influencia no deja de notarse generación tras generación, quizá en el canadiense Cohen este hecho no sea tan fácil de percibir. Porque Cohen (Dylan también, claro) es un género en sí mismo y de hecho fue escritor antes que músico.

Pero tampoco ha sido nunca un cantautor pesado de los de guitarra en bandolera. Quizá sí al principio de su carrera, pero también era lo que se llevaba. Sin embargo, a pesar del laconismo de su voz (parece que canta con una depre permanente), Leonard Cohen ha tenido un sexto sentido, un olfato y una inteligencia preclaros para incorporar diversos elementos musicales a su cancionero. Se atrevió a ser producido por Phil Spector (una relación contra natura, a priori) y luego ha sabido incorporar la tecnología en las dosis justas y necesarias, o sutiles arreglos de cuerda, o un puñado de influencias que van desde el folk norteamericano y canadiense, hasta la canción francesa, o algunos aires delicadamente europeos como en esa dulce melodía «Dance me to the end of love», que tanto parece una canción de un cabaret en entreguerras como una pieza trufada de aromas mediterráneos.

Lo profano y lo sagrado

Cohen nació en 1934 en una familia judía (la Torá y el resto de la Biblia no son ajenos a su universo literario) de la capital canadiense, Montreal. Hijo de comerciantes de origen lituano, su padre murió cuando el apenas tenía nueve años, pero eso no impidió que creciera en un ambiente amoroso y culto, que tiempo después le haría decir «fui querido como un mesías». Ya de adolescente empezó a tocar la guitarra y a fundar sus primeros grupos. A los 17 años, en 1951, ingresó en la universidad y cinco años después publicaba su primer libro de poesía «Comparemos mitologías». En 1961 llegó el segundo, «La caja de las especias de la tierra», con el que empezó a ser reconocido en los círculos poéticos de su país. Cruzó el Atlántico (un anhelo siempre latente en su corazón), se instaló en la isla griega de Hydra y editó tres nuevos libros. Uno de poesía, «Flores para Hitler», y dos novelas, «El juego favorito» y «Hermosos vencidos». Son dos novelas típicas de aprendizaje en las que se forja el escritor y en el que ya apuntan algunos de sus temas habituales, la mezcla de lo humano y lo divino, lo profano y lo sagrado y una destacable carga sexual en muchos de sus párrafos.

Regresó a América y se instaló en los Estados Unidos, al tiempo que empezaba a cantar en los típicos festivales folk de la época. Y «Suzanne» llamó a su puerta. «Suzanne», una de las canciones más famosas y versionadas de la historia de la música popular, de la que hasta se dice que llegó a cantarla Bruce Springsteen de chavalillo cuando estaba al frente de los Castiles. El exitazo de la pieza no llegó en la voz de Cohen, sino en la de la dulcísima Judy Collins. John Hammond, descubridor de Dylan (y de Bruce también) lo fichó para Columbia, y en 1967 salía a la venta su primer álbum, con el sencillo título de «Las canciones de Leonard Cohen».

Le seguirían «Songs from a Room» (1969), «Songs of Love and Hate» (1971), «New Skin for the Old Ceremony» (1974) y ya en 1977 «Death of a Ladies' Man», que lo produjo, como se ha comentado, Phil Spector que bien parece el polo opuesto de la sencilez musical de Cohen. Siguieron «Recent Songs», (1979) y «Various Positions» (en 1984) que albergaba otra de sus piezas inconfundibles, la célebre «Hallelujah», de la que llegaría a hacer una versión Enrique Morente que también grabó con Lagartija Nick «Primero tomaremos Manhattan». Después, 1988, llegaría la hora de los sintetizadors, y cierto humor negro con «I'm Your Man».

Seis años tardaría en volver al estudio para facturar una de sus obras maestras, «The Future». Tras él, la religiosidad de Cohen se hace patente e ingresa en un centro budista de meditación zen, en los alrededores de Los Ángeles. Dos años después es ordenado monje. Tras cinco años de estancia deja el templo y vuelve a la música. Artistas como Nick Cave, Rufus Wainwright, Jarvis Cocker, Ron Sexmith, Philip Glass lo tienen por maestro.

Desde entonces, ha seguido realizando giras, ha sufrido la quiebra, (su representante se fugó con todo su dinero), y en el pasado mes de septiembre publicaba el que es hasta ahora su último disco «Songs From The Road», un CD + DVD que recoge 12 temas grabados en diferentes actuaciones de la gira mundial que llevó a cabo entre 2008 y 2009. En paralelo, continuó la carrera literaria de Cohen con libros como «The Energy of Slaves», «Death of a Lady's Man», «Book of Mercy»

Les dejamos con su homenaje a Federico García Lorca con «Take this waltz», basado en el Pequeño vals vienés» del poeta granadino. Si la salud se lo permite, Cohen estará encantado de pisar la vieja Europa. Y por supuesto, Oviedo y España. No olviden que su hija se llama, precisamente, Lorca.

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NATIVIDAD PULIDO Es uno de los artistas más singulares del Renacimiento español. Se dedicó exclusivamente a la pintura religiosa, pero fue tremendamente original

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