Columnas

Opinión

Columnas

TRIBUNA ABIERTA

Día 31/05/2011

Mencionar a Jiménez de Gregorio es hacer referencia a un fiel testigo de nuestro tiempo, especialmente comprometido con la historia local inserta en la gran historia, a la que ha dado vida con sus crónicas y artículos de prensa. No en vano lo han agradecido los pueblos, que lo han nombrado «cronista oficial», «hijo adoptivo» y han hecho cuanto ha estado a su alcance para expresar sus sentimientos más hondos de amistad. También las instituciones de la amplia historia lo han elegido miembro de sus Reales Academias, regidas por el Instituto de España, y han acordado concederle la Encomienda y placa de plata de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio entre otras condecoraciones. A todos ha correspondido don Fernando con la afabilidad, sencillez y bondad de los sabios. Quien esté familiarizado con los Anales del Instituto de Estudios Madrileños sentirá la tentación de leer detenidamente las «Notas geográfico-históricas de los pueblos de la actual provincia de Madrid en el siglo XVIII» ofrecidas por don Fernando en trece de sus tomos. Podría hacerse una buena tesis doctoral sobre la historia de estos pueblos madrileños teniendo como guía la copiosa documentación, exhumada y trabajada por Jiménez de Gregorio en estas notas y en las fichas que conserva en su archivo. Cualquiera que revise los diarios Ya de Toledo y La Voz del Tajo podrá localizar, entre los años 1983 y 1986, unos treinta y siete artículos, al menos, del profesor Jiménez de Gregorio sobre geografía, historia y costumbres del Alto Valle del Tiétar, comarca que ha rotulado expositores y frontales de típicos establecimientos madrileños con la calidad de sus productos y prestigio. Considero que tales artículos deberían estar presentes en la reedición de la Bibliografía general sobre El Valle del Tiétar, publicada hace unos años, por su rigor, valor documental, e incluso por la personalidad de su autor que ha dado nombre al Instituto de Estudios Históricos, con sede en el Castillo Grande de San José de

Valderas de Alcorcón. Son muy valiosas las aportaciones que ofrecen sobre un espacio singular donde se hermanan Ávila, Madrid y Toledo.

El historiador e investigador Jiménez de Gregorio introduce bajo el epígrafe «Por el alto valle del Tiétar» títulos evocadores: «La antigua villa de Candeleda de los Ferreros», «La escasa extensión municipal de Poyales del Hoyo», «La población, las mantas de Pedro Bernardo y el ilustre físico Duperier», «De Poyales del Hoyo a las Cuevas del Águila», «Primero fue Nava de la Solana, luego Pedro Bernardo», «Las célebres sandías de Lanzahita», «Nueva fisonomía de Piedralaves», «Población y economía de Casasviejas», «Valoración del núcleo de Casillas», Ésta es parte de la abundante colección de escritos sobre el histórico Valle de cacerías medievales y es una prueba que confirma la estima, la valoración y la admiración que suscita esta tierra abulense en el visitante inquieto y observador como lo es el profesor Jiménez de Gregorio. Fernando Jiménez de Gregorio todavía muestra en sus artículos de prensa una seria y precisa investigación sobre el Alto Valle del Tiétar, visitado hoy por la mayoría de los madrileños, que lo han conocido gracias a la docencia de este profesor insigne y centenario, miembro del Instituto de Estudios Madrileños, que vio la primera luz en Belbís de la Jara, cursó el Bachillerato en el colegio de los Escolapios de Getafe y los estudios superiores en la Facultad de Geografía e Historia y Derecho de la Universidad Central, en la madrileña calle Ancha de San Bernardo, donde se doctoró con Premio Extraordinario. Todos sus relatos ofrecen la palabra serena del educador y del maestro, que vive más allá de los mezquinos intereses y abre nuevos caminos a sus discípulos con la condición suprema de la sabiduría, que es la bondad.

JULIO ESCRIBANO HERNÁNDEZ

Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.