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Columnas / CAMBIO DE GUARDIA

Ejecución sin juicio

Los viejos gestores del GAL retornan. Lo peor de la historia reciente de España

Día 30/05/2011

IMÁGENES de Carmen Chacón, náufraga en el estupor de quien no sabe de dónde le vino el golpe. Traen a la memoria del ratón de biblioteca que soy pasajes relampagueantes del tratado en el cual Gabriel Naudé fija las reglas del juego de cadáveres que es la política. Es un recuerdo grato: leí las Considerations Politiques sur les Coups d'Estaten el sosiego de la vieja Biblioteca Nacional Francesa de la calle Richelieu en su primera edición del año 1667. El rostro de Chacón podría ilustrar una nueva edición española. Naudé, que fue bibliotecario del cardenal Mazarino, cifra axiomáticamente la fuerza de esa máquina que nace con el siglo del barroco, el Estado moderno: potestad de fulminar sin levantar sospechas. A quien convenga. «Ejecución que precede a la sentencia».

Cuando Chacón da lectura a su comunicado público, está ya muerta. Y quien le haya escrito esos folios lo sabe. La pobre lee su guión, entre el destemple del sollozo y la ausente lejanía del zombi. Quien lo redactara sabe que es acta de su defunción. El efecto emotivo que el texto busca, se juega en la reiteración de una salmodia triste: «Yo quería…». Que es retórica constancia de una ausencia: la del «yo quiero». Quien lea aquel engarce de pretéritos, constatará la ausencia de presente de la que habla. Puede que ella no lo supiese. Puede que sí. El sollozo nada dice con certeza. Salvo que era un juguete roto. Al mando aún del Ejército. Pero roto.

Secuencia turbadora. El martes, la ministra de la guerra (pero no de los Servicios de Inteligencia) se decía candidata. El jueves renunciaba. En medio —¡colmo de las desdichas!—, alguien roba su coche. Dos días después, el ministro del Interior se erige en candidato único y pasa como un blindado sobre el despojo de su concurrente. No debió resultar tarea difícil para el hombre que pasó sobre el despojo de Zapatero tras la crisis de la primavera pasada, haciendo del presidente una triste marioneta. El golpe —eso a lo cual Naudé llama un «golpe»— se consumó entonces. Nadie ha vuelto a ver a Zapatero en funciones ejecutivas, desde que se avino a aceptar las imposiciones que le dictó la UE. Cada acto decisivo, cada confrontación delicada, cada cuerpo a cuerpo fueron ejercidos por un vicepresidente que, salvo en los breves días de su tregua médica, ha sido el único vértice del Gobierno. Zapatero fue dejado en su puesto para que cargue él sólo —si es posible— con el peso mayor de la factura electoral que a alguien habrá que pasarle por una ruina que no es la de la crisis, sino la de la pésima gestión de la crisis. No es mal cálculo.

Los viejos gestores del GAL retornan. Lo peor de la historia reciente de España: los hombres que, bajo la presidencia de Felipe González, dieron cobertura a crímenes de Estado que nadie podía imaginar posibles en la vieja Europa. Ellos impusieron a Rubalcaba en las zahúrdas del gobierno de un incompetente al cual despreciaban. Ellos ejecutaron a Zapatero. Hace casi un año. Nos apercibimos ahora. Cuando la sangre se nos hiela ante el hoy hombre fuerte socialista. Y en mi memoria sigue resonando la definición que da Naudé del golpe de Estado: «Rayo que fulmina antes de que el estruendo del trueno se escuche entre las nubes».

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