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La resaca

Pasó el tiempo del chantaje de los pequeños, una de las causas de la calamitosa situación en que nos encontramos

Día 25/05/2011

SIEMPRE es mejor la resaca de una victoria que la de una derrota, pero hay que tener cuidado con las victorias pues se suben a la cabeza más que el alcohol y es tras ellas cuando se hacen las mayores tonterías. Más, cuando el vencedor se encuentra con un país aturdido, unas arcas vacías y unos mercados al acecho, como va a encontrarse un PP «gubernamental» pero aún sin gobierno. ¿Qué debe hacer en estas circunstancias? Pues muy sencillo: lo contrario que hizo Zapatero. Presume éste de «saber perder como supo ganar». Otra de sus mentiras: ni supo perder, al atribuir su derrota a la crisis olvidando sus culpas —la primera, negarla— y supo aún menos ganar, al concentrar sus esfuerzos en desterrar al principal partido de la oposición, mientras negociaba con quienes no se sienten españoles, Eta incluida. Por eso digo que, a falta de un pacto de Estado con el PSOE —algo imposible con Zapatero, que no tiene idea de Estado ni de nación—, el PP tiene que hacer lo contrario que él: advertir a los españoles de que la crisis es mucho más grave de lo que se nos ha venido diciendo, tomar las medidas oportunas frente a ella y pensar en España como un todo, no como una serie de territorios de intereses enfrentados. No están los tiempos para pensar en las próximas elecciones ni en las pequeñas intrigas. Si queremos salvarnos, esto es, unirnos a los países que están saliendo de la crisis en vez de a los que se hunden con ella, el próximo gobierno tendrá que pensar en grande, en duro y en serio, después de una etapa de pequeñeces, autocomplacencias y frivolidades. El PP de Rajoy no debe nada a nadie ni tiene que venderse barato, como sería el plato de lentejas de una alcaldía o la presidencia de una comunidad. Debe de mostrarse dispuesto a colaborar con todos en la tarea de sacar España del foso en que se encuentra, sin concesiones en lo fundamental. Si los demás quieren colaborar, bien. Si no, que se entiendan entre ellos, y los votantes les pasarán factura en las próximas

elecciones, como se la han pasado al PSOE de Zapatero.

Mucho cuidado, pues, con los pactos que van a ofrecerle y con las ambiciones personales. No puede haber pactos con aquéllos que buscan sólo el beneficio de una parte de España a costa del todo y menos, con los que ni siquiera se sienten españoles. Pasó el tiempo del chantaje de los pequeños, una de las principales causas de la calamitosa situación en que nos encontramos. Su «bluff» ha quedado al descubierto: regionalistas y nacionalistas, cántabros, asturianos, canarios, aragoneses, navarros, vascos, catalanes necesitan a España más que España les necesita a ellos por ser parte de ella. Este PP «presidenciable» está en condiciones de demostrárselo, como ha demostrado al PSOE que Zapatero le llevaría a la ruina.

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