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El vuelco

Se celebran de inmediato elecciones generales o los dos grandes partidos llegan a un pacto de Estado

Día 23/05/2011

HA sido un referéndum, que ha perdido Zapatero. Lo proclamó él mismo en sus mítines al no pedir el voto para el o la candidata socialista. Lo pedía para el PSOE, único capaz de «detener a la derecha de la derecha europea». Pero resulta que los españoles han preferido a esa «derecha de la derecha europea» incluso en fortines socialistas. El 14 de abril de 1931, «España se acostó monárquica y se levantó republicana», según el entonces presidente de Gobierno, almirante Aznar (nada que ver con quien ocuparía el cargo 66 años después); esta vez, se acostó popular y se levantó popular. También aquéllas fueron unas elecciones municipales, aunque la izquierda triunfó sólo en las grandes ciudades, mientras en el resto se impuso la derecha. Ahora, la derecha se ha impuesto por doquier. Con otra importante diferencia: el Rey lo tomó como una derrota personal y dejó el trono para «no enfrentar a los españoles». Una actitud que Zapatero no parece dispuesto a adoptar.

Eso coloca al PP en condiciones de ensueño: con el poder municipal y regional, mientras el PSOE sigue desgastándose en el Gobierno. Tácticamente le conviene mantener esta situación hasta las próximas elecciones, a las que Zapatero y el PSOE llegarán hechos trizas. Lo malo es que también España llegará hecha trizas. No podemos permitirnos el lujo de seguir con un gobierno provisional que acumula error tras error, porque en marzo de 2012 estaremos donde están hoy Grecia, Irlanda y Portugal.

Se ha acabado el tiempo de hablar mucho y no hacer nada, de echar la culpa al adversario sin asumir las propias, de pensar sólo en las próximas elecciones e ignorar los verdaderos problemas del país. Aparte de que la calle no lo permitiría. Hasta ahora, la protesta se dirige contra los políticos, con buenas razones, pues han venido dedicándose a perpetuar sus privilegios en vez de a procurar el bien general. Pero si esa protesta pasa de los políticos a la política, y de la política a la democracia, cosa que puede ocurrir en un país de tan escasa experiencia democrática como el nuestro, nos habremos metidos en una vía de radicalismo y demagogia que nos alejará del camino europeo que habíamos emprendido. Justo lo que nos faltaba cuando ya nos estamos alejando económicamente. Y encima, con la sombra de Eta más amplia que nunca planeando sobre el País Vasco.

O se celebran de inmediato elecciones generales o los dos grandes partidos llegan a un pacto de Estado para afrontar los problemas pendientes. Lo que no podemos es seguir con gobierno y oposición echándose mutuamente las culpas mientras se instala una democracia de plaza pública. Las juntas ciudadanas y los consejos populares nunca han hecho una democracia. La democracia nace en las urnas, se hace en las instituciones y la garantiza la justicia. Pero aunque nos falta todavía bastante para llegar a ella, al menos las urnas han hablado con claridad. Sólo falta que las escuchemos.

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