Córdoba

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Nieto cambia la historia

Conquista una mayoría absoluta sufrida pero holgada frente a la gran sorpresa de Sandokán, segunda fuerza con 5 ediles, y el hundimiento de IU, que pierde 7

Día 23/05/2011 - 09.46h

Nieto cambió anoche la historia más reciente de Córdoba. Aunque cumplió las expectativas de una mayoría absoluta holgada (16 concejales sobre 29 ediles en total), acabó con el «Califato rojo» y su mala copia rosada de tres décadas mantenido con el oxígeno del PSOE, sorteó el astifino pitón del efecto Sandokán, que hirió de muerte a Izquierda Unida (que perdió siete concejales y tocó el abismo) para los restos y ridiculizó a un PSOE convertido en cuarta fuerza política de la ciudad con su peor dato en votos de la historia reciente; y dejó la gran interrogante para analizar en los próximos años: cómo una sociedad como la cordobesa puede apoyar con casi 25.000 votos a un personaje con las aristas del empresario de Cañero —que se cobró su factura con Ocaña y Aguilar—, tras haber prometido lo que ha prometido con su hoja de servicio.

Y Nieto logró también lo esperado pese a que en las últimas semanas la preocupación se desbordó en las filas populares por el obús de Rafael Gómez y la incógnita del 15-M y los «indignados», convertidos en quinta fuerza de la ciudad, con casi 4.114 sufragios de voto en blanco. Y, además, José Antonio Nieto se quedó a 172 votos de la mayoría aplastante de Julio Anguita en 1983, cuando con 79.665 votos alcanzó los 17 ediles de 27 con que entonces contaba la Corporación local y marcó el sino de la ciudad.

«Córdoba tiene que ser lo que queremos, lo que nos merecemos..., esta ciudad es muy grande», gritó desde la azotea del hotel Hesperia un Nieto eufórico con la estampa nocturna de la ciudad que gobernará desde el 11 de junio como telón de fondo. La ciudad impasible, silenciosa, capaz de lo mejor y de lo peor, como anoche volvió a demostrar, en una misma sesión. «Nos queda poner a Córdoba en su sitio», agregó, y para ello señaló el camino con el primer hito crucial: 2016. Con unas camisetas alusivas a la Capitalidad Cultural, el nuevo alcalde de Córdoba apuntó el primer gran reto que puede traer aire fresco y oxígeno a una ciudad a punto de hacerse añicos y que ha vivido un año terrorífico.Cuenta para ello con el respaldo de 79.493 cordobeses que ayer le votaron de forma mayoritaria, aunque el inicio del recuento sembró las dudas más cruentas.

La llegada de las primeras mesas de la periferia lanzaba un cuadro inesperado: el PP 13 ediles y Gómez 7. El cogobierno se hundía. El recuento acabó por los barrios tradicionales de voto popular que remontó a 16 ediles consolidando a Unión Cordobesa con 5 concejales y como segunda fuerza de la ciudad. Hasta el propio Gómez se felicitó por sus resultados y los de las elecciones en general, aunque luego terminó poniéndole deberes de empleo a Nieto y tendiéndole la mano. El PP rubricó la noche mágica con otra mayoría absoluta en la Diputación de Córdoba (14 de 27 diputados), gesta aún más difícil si cabe que da la puntilla a IU y PSOE. A nivel provincial, el PP gana las elecciones con 41.000 votos de diferencia y diez puntos porcentuales, aunque los socialistas logran más concejales.

La tercera gran lectura que dejó el 22-M mira a Izquierda Unida, hundida en unos resultados que le enseñan casi el final de su hegemonía como emblema de la izquierda en la ciudad, si bien, un PSOE tan mediocre como el que han dejado los resultados de anoche lo tiene aún más fácil, curiosamente, ya que Andrés Ocaña, con lágrimas en los ojos, y después de volcar la responsabilidad del desastre en sus propios electores tradicionales y él mismo (siguió defendiendo su gestión), anunció su retirada con dignidad y caballerosidad frente a Nieto, al que saludó con una sensata frase: «Al menos, habrá un gobierno estable con un partido formal, lo otro hubiera sido un disparate». Ocaña deja el camino expedito al núcleo radical de la coalición, dominado por el PCE y que ya está libre de ataduras para hacer el discurso que acostumbra IU en el resto de España.

El mismo monstruoque criaron y alimentaron Rosa Aguilar y Andrés Ocaña, hecho cuerpo en unas naves de Colecor que para el todavía regidor estaban muy «manidas», los ha deborado en el capítulo final de la tragicomedia. La derrota de ayer es de Andrés Ocaña e Izquierda Unida, con un claro trasvase de voto hacia Unión Cordobesa, probablemente en los feudos electorales clásicos de la izquierda, a los que el candidato de la coalición culpó de «soñar lo imposible», «lo ilegal». Menuda paradoja. Pero también es de Aguilar, por mucho que se pusiera la venda al mostrar la papeleta socialista a la cámara por la mañana cuando acudía a votar. Mucho después de haber saltado en 2009 del barco que ya se hundía. Córdoba decidió cambiar anoche.

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