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Una vida dedicada a descifrar el cáncer

El Patronato de la Fundación del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) decide mañana si releva a su director, Mariano Barbacid

Día 15/05/2011

Era julio de 1982. Los medios españoles recogían una noticia científica de portada en el mundo, el aislamiento de un oncogén humano, es decir un gen modificado de tal forma que activa el desarrollo de un tumor canceroso. Seleccionado por ingeniería genética a partir de un carcinoma de vejiga, el oncogén reproducía en células de ratón la transformación tumoral. Se abría una etapa nueva y apasionante en los estudios sobre cáncer, que entraban definitivamente en el campo de la genética molecular.

El investigador responsable de uno de los tres grupos que realizaron el hallazgo en EE.UU. era el madrileño Mariano Barbacid, a la sazón en el Instituto del Cáncer de los National Institute of Health (NIH). El primer firmante de la publicación —el que lleva a cabo la experimentación— era Eugenio Santos, un salmantino que se formaba como investigador posdoctoral. Poco después, Barbacid demostraba que el oncogén, perteneciente a la subfamilia H-Ras (proteínas con actividad GTPasa), se activaba como consecuencia de una mutación que modificaba la proteína en un sólo aminoácido. Desde entonces numerosos españoles son noticia por destacar en la investigación oncológica.

Diversas responsabilidades

Barbacid se graduó en Ciencias Químicas en 1971, carrera que fue puerta de entrada para muchos a las Ciencias de la Vida y la Biomedicina, empezando por el químico Pasteur, fundador de la Microbiología. La carrera de Química fue de las mejor estructuradas en España, con un número reducido de asignaturas, muchas horas de laboratorio y una apertura a la emergente Bioquímica, que daba fundamento al triunfo de la Biología experimental. Ya químico, Barbacid se doctoró con David Vázquez, investigador de proyección universal en los sesenta y setenta, cuya prematura muerte en 1986 truncó una brillante carrera.

Atraído por los estudios experimentales sobre cáncer, Barbacid se trasladó al NIH, al laboratorio dirigido por Aaronson, en donde desarrolló una amplia labor sobre diversos tipos de virus tumorales de animales. No fue fácil, pero, convencido de que la tecnología hacía posible abordar los oncogenes de tumores humanos, pudo imponer esta estrategia, lograr el aislamiento del oncogén y asumir la máxima responsabilidad del trabajo, en un laboratorio del que era titular otro investigador más senior.

Desde 1982, el nombre de Barbacid se asocia a avances en el conocimiento fundamental del cáncer, a través de los oncogenes. De especial importancia son sus hallazgos sobre la familia Trk, relacionados con los receptores de factores neurotróficos. Su dominio de los fenómenos de transformación tumoral le ha permitido desarrollar modelos de ratones transgénicos en los que se reproduce la historia natural del cáncer, de gran utilidad para entender la multiplicación alterada de la célula cancerosa.

Tras diversas responsabilidades en centros públicos y en la industria farmacéutica, en EE.UU., llegó para Barbacid el momento clave, el de quemar la naves para regresar a España y crear el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) a finales del pasado siglo. La inversión de recursos y medios en este centro carecía de precedentes en centros de esta naturaleza en España. No hubiera sido posible sin la tenacidad y la visión del director del Instituto Carlos III, Gutiérrez Fuentes, capaz de movilizar todo el apoyo del entonces presidente Aznar y su entorno. Tampoco hubiera existido sin el compromiso del investigador que, a diferencia de otros destacados científicos, se trasladó a España desde el primer momento para el diseño y la puesta en marcha.

Tras más de diez años, con cientos de investigadores, el CNIO es un centro de élite no exento de polémicas, en especial cuando se le reclama una mayor vinculación con el entorno clínico. Sea como sea, las obras importantes son las que van más allá de quien las promovió, como estoy seguro que es el deseo del creador del CNIO.

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