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C. Valenciana / VERLAS VENIR

Ni muerto, ni en el mar

Día 05/05/2011 - 10.34h

ME empieza a preocupar la posibilidad de encontrarme este verano el cadáver de Osama Bin Laden flotando en las aguas de Cullera, después de que el ejército americano lo haya arrojado al mar tras su ajusticiamiento en Pakistán. La verdad es que no creo que haya muchas posibilidades porque, realmente, pienso que Bin está vivo. Poco, pero vivo.

Y es que la cantidad de imprecisiones y versiones sobre lo sucedido esta semana en Pakistán me llevan a pensar que, en el fondo, como siempre, nos están engañando.

Primero, que estaba armado y opuso resistencia. Después que se parapetó tras una mujer. Más tarde que no estaba armado pero plantó cara a los cuerpos de elite de Estados Unidos.

¿Pero qué resistencia va a oponer este tío tísico ante un soldado de supermegaelite americano capaz de matarte no ya con una bomba de mano o un tiro certero, sino que incluso con un eructo?

Pues eso, que no me creo nada. Ni la declaración de su hermana de que le capturaron vivo y luego lo mataron. ¿Para qué lo iban a capturar vivo si lo querían muerto? Todo mentiras filtradas a los medios o contadas a quien se encarga de filtrarlas para ocultarnos la auténtica verdad, que debe ser que Osama ha sido capturado vivo y van a interrogarlo hasta sacarle la última gota de sangre para ver qué más se puede hacer para acabar con el terrorismo internacional al que él representa. En fin, que el enemigo público número uno no está, supongo, ni muerto ni en el mar.

Pero hay otra cuestión vinculada con esta importante noticia que me ha dejado de piedra. Y es una suerte de doble moral por la que los políticos políticamente correctos han celebrado la muerte del terrorista. Digo muerte por no decir otra cosa más fastidiosa. Ha habido algunos que en alarde de amor al prójimo han dicho que hubiera sido mejor que no lo mataran pero que si no se ha podido hacer otra cosa…. pues qué se le va a hacer…

Eso sí, en donde parece que estamos todos de acuerdo es en criticar que para localizar al cerebro del mayor atentado de la historia contra los EE.UU. se hayan utilizado técnicas de interrogatorio prohibidas. ¡Hombre, hasta ahí podíamos llegar! Que una cosa es que le hayamos descerrajado dos tiros y otra que hayamos amagado con ahogar a un presunto para que cante donde está Bin Laden.

Uno de los problemas que vivimos en la actualidad es que estamos sobreinformados sobre todo aquello que nos interesa e incluso sobre lo que no. Hay tal aluvión de información sobre el ajusticiamiento de Bin Laden, sea cierta o falsa, y sobre todo aquello que lo ha rodeado, que si juntamos las partes de la información con un poco de mala intención sacamos lo peor del género humano.

Y es que se mezcla el cinematográfico halo heroico que envuelve a los soldados que participaron en la acción, con la posible crítica de la tortura del cómplice y la comprensión del aparente ajusticiamiento del gran enemigo. En fin, que no sabe uno con que quedarse, con la heroicidad militar, con la crítica a la tortura o la comprensión del ajusticiamiento. Lo que parece difícil es quedarse con las tres cosas a la vez.

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